
La
primera finalidad de la Química es averiguar cómo los materiales pueden
identificarse o distinguirse, no en lo que se refiere a cuerpos u objetos
representados por vocablos, como «vaso» o «llave», sino más bien por
las substancias de que están formados los objetos, expresadas por
palabras como «vidrio» o «hierro». La Química no está interesada en
las propiedades accidentales o atributos tales como el tamaño y la forma sino en las propiedades específicas de la clase de materia que pueden
reconocerse en cualquier cuerpo formado por ella. Así, por ejemplo, una
moneda de plata, una copa de plata y un electrodo de plata difieren en
tamaño, forma, utilidad e incluso aspecto estético, pero desde el punto
de vista químico son esencialmente lo mismo al estar formados por el
mismo metal, la plata.
Al
contemplar nuestro mundo material se observan incesantes cambios en los
que unos cuerpos desaparecen y se transforman en otros distintos. Estos
cambios o transformaciones se conocen como reacciones
químicas. Muchas veces no nos interesamos en las nuevas substancias
que se originan en las reacciones químicas sino en la energía producida
en las mismas. Así, quemamos carbón en el hogar, no para obtener las
cenizas que se forman y se van acumulando, ni para utilizar el dióxido de
carbono que escapa por la chimenea, sino para aprovechar el calor
desprendido en su combustión. El
estudio de las reacciones químicas, esto es, la posibilidad de su
realización, la extensión en que tienen lugar, la velocidad con que se
verifican y las relaciones cuantitativas entre las substancias que
intervienen en la transformación o entre ellas y la energía desprendida
o absorbida en la misma es la segunda finalidad de la Química.
El
mecanismo de las reacciones químicas depende de la estructura íntima de
las substancias y, en consecuencia, el objeto final de la Química es el
de la constitución de la materia, puesto que este conocimiento permite
identificar y diferenciar las substancias, comprender sus propiedades y
establecer su comportamiento frente a otras clases de substancias o bajo
la acción de cualquier forma de energía.
Por
último, la Química no se limita al estudio de las substancias que
componen los seres vivos e inanimados existentes sobre la tierra, así
como de las que constituyen las estrellas, sino que, más importante,
extiende incluso su finalidad al descubrir incesantemente nuevas
substancias que no se encuentran en la Naturaleza y cuyas propiedades y
aplicaciones las hacen en muchísimos casos de incalculable valor.