REGLAMENTO REGIMEN DISCIPLINAR MAÑAS VOCABULARIO
TEXTO
  LUCHA LEONESA

2001

 

El Honor de la Montaña (ROMANCE)

Por Jesús San José Hernández, del grupo leonés “LA BRAÑA”
Dedicado a D. Fidel González Largo y su familia

Basado en un relato de Angel Tejerina, S. J.:
La luche leonesa a imitación de Homero
Texto inédito. Salamanca, 1942

El relato fue publicado en el libro de Javier García Blanco:
La lucha leonesa: De tradición folklórica a deporte federado.
Diputación Provincial de León, 1977.

Este romance ha servido como base para componer uno de los temas del disco
de “LA BRAÑA” (Himno Oficial y Romancero de la Lucha Leonesa), dedicado al famosísimo campeón “Benitín, el de Las Salas”.




1ª Parte: Triunfo y caída de Agustinillo


En mi pueblo, siendo niño
esta historia me contaron;
no sé si fue realidad
o es un hecho legendario.
Un lugar de la Montaña,
a la sombra de un Santuario,
estaba de romería
a finales del verano.
Se preparaba el aluche,
mientras el Tío Santiago
iba organizando el corro
con su vara de avellano.
-”Abran el corro, señores,
o les doy con el vergajo,
hace rato que la lucha
debía haber empezado”.

* * *

En medio de la pradera
luchan dos mozos gallardos;
tendrán poco más o menos
quince o dieciséis años;
los dos se han criado juntos
y se quieren como hermanos.
Máximo es grande y fornido,
musculoso y bien plantado;
Agustín es más pequeño,
ágil, fibroso y delgado;
es del pueblo de Las Salas,
muy valiente y estimado;
le suelen llamar “Tinillo”
los parientes y allegados.

Están ambos en camisa
y tienen los pies descalzos,
hasta casi la rodilla
el pantalón remangado,
las manos bien agarradas
en el cinto del contrario.
Como son grandes artistas,
el combate va igualado,
cuando uno traba una maña
ya el otro la ha falseado.
Pasados varios minutos,
los mozos están sudando.
Agustín, en un arranque,
con la rapidez del rayo,
sorprendiendo a su rival,
la mediana le ha trabado.
Durante pocos segundos,
los cuerpos forcejearon,
y con esfuerzos supremos
se empinaban a lo alto.
Tinillo impulsa la pierna,
con los puños apretando,
y sacando todo el genio
al rival ha desplomado.
Muchas veces en la lucha
el más fuerte cae debajo;
el público, que lo ha visto,
aplaude con entusiasmo.
Agustín quedó en el corro
muy sonriente y ufano,
mientras que su compañero
se marcha casi llorando.
En aquel momento fue
cuando todos se enteraron
del terrible desafío
que la Ribera ha lanzado:
será el próximo domingo
en la villa de Riaño;
la Ribera y la Montaña
rivalizan desde antaño.
Aparece el Tío Ramón,
gran luchador veterano,
con una copa de plata
de valor muy destacado
que ganó en la capital
hace más de veinte años.
La ha ofrecido como premio
porque sirva de reclamo;
el reto que se avecina
se presenta extraordinario.

Agustín, que es hijo suyo,
en el corro está sentado
esperando otro enemigo
para proseguir luchando.
Entonces sale Carlitos,
un gigantón desgarbado;
es vecino de León,
pero está veraneando.
Con potente vozarrón
ha dicho, muy campechano,
que romperá las costillas
a ese zagal espigado.
Pero ya el Tío Ramón
a su hijo está animando,
si revuelca a aquel coloso
le comprará un potro blanco.
Al oír estas palabras,
Tinillo frota las manos
y sujeta con firmeza
el cinto de su adversario.
Era un desigual combate,
vencer parece un milagro,
pero el grandón no podía
acabar con el muchacho,
que los mozos montañeses
son duros como peñascos;
al cabo de poco tiempo,
Carlitos ya está cansado.


Atacándole Agustín,
la dedilla le ha asestado,
mas el otro se da cuenta
y evita ser derribado.
Le intenta dar la mediana,
pero es un intento vano,
pues no hay forma de moverlo
a causa de su tamaño.
Se le viene a la memoria
que su padre le ha contado
cómo con la media vuelta
en León había ganado
aquella famosa copa
en el gran campeonato.
Al ver a su contrincante
levemente descuidado,
con esta bonita maña
logró desequilibrarlo.
Carlitos perdía pie
y caía derrotado.

Gritos pegan las mujeres,
los hombres daban aplausos,
Tiníllo es cogido en hombros
dando dos vueltas al prado,
de dulces y caramelos
los bolsillos le han llenado.

Al recomponerse el corro
se presenta otro aldeano,
al que llaman Prudención,
mozo de un pueblo cercano;
También era muy forzudo,
voluminoso y pesado,
pero aunque grande de cuerpo,
de cerebro andaba escaso.
En cuanto forman el puente,
el ataque ha comenzado;
Prudención se esfuerza mucho
apretando y aflojando,
no le sale ni una maña
y ya está desesperado.
Agachando la cabeza,
resopla como un caballo;
rabioso y enfurecido,
se abalanza sin pensarlo.
Tinillo, que estaba atento
esquiva y le deja paso
viendo que se va a pegar
un tremendo batacazo.
Aquel mozo corpulento
quedó tendido a lo largo;
cuando cayó Prudención
el terreno ha retemblado.
El bueno de Agustinillo
recibe besos y abrazos;
ha tirado a tres gigantes
y está todo emocionado.
Algunos espectadores
de Prudención se han burlado,
pero su padre, ofendido,
no cejará hasta vengarlo.
-”Sal, Antoñito, hijo mío,
a defender a tu hermano,
que si Prudención es torpe
tú eres en la lucha el amo”.
Pronto Antonio se descalza
y en el medio se ha plantado;
es un bravo luchador,
el mejor de aquellos campos.
Al joven Agustinillo,
que va sintiendo el cansancio,
le volea siete veces
y le tira sin reparo.
Agustín sale del corro
y es de todos aclamado.
-”Este muchacho promete”,
piensan los aficionados.
-”Valiente como su padre,
noble como sus hermanos”.


* * *

AUTOR:JESUS SAN JOSE HERNANDEZ "SANJO" (LA BRAÑA)

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