
El
querer distinguirse por un
exquisito registro en el uso de la lengua, es
causa también de numerosas incorrecciones e
impropiedades. Valgan de muestra estos "botones":
Formación
de plurales:
"Cuando voy a los cafeses y me
siento en los sofases, me molestan los
quinqueses con el humo de sus gas".
Superlativos:
Es sabido que no deben utilizarse dos
superlativos juntos; se dice "muy grande"
o "grandísimo", pero nunca muy
grandísimo. Cierta persona padecía una
obsesiva tendencia a enfatizar. No
contenta con aparear dos superlativos (muy
buenísimo), se atrevía con tres: muy
optimísimo.
| La
ultracorrección suele, además, ir
unida a demostraciones de escasez
cultural y de osadía; más claro: la
ignorancia es la madre del
atrevimiento. Otras veces no se
pretende utilizar un estilo
grandilocuente, sino suavizar
supuestas asperezas en las
expresiones. Léase: |
- Digo yo,
doctor, que lo que le pasa a mi marido, ¿no
será cosa de ovarios?
- Yo estudié
un curso de medecina. Todavía tengo
algunos libros. Tengo uno con unas fotos buenísimas
de las cosas de las mujeres: los ovarios y
todo eso: ¡el aparato locomotor de la
mujer!
Un profesor en clase:
- Si yo salgo por la puerta, o viceversa...
Hablando del vértigo.
- ¡Bah! ¡Eso depende de la percepción del
cerebro de cada persona!
- Bueno, o de...
- ¡Que sí, que sí! ¡Que es de unas gónadas
que tenemos en el cerebro!
(¡Hay que ver...! Al contrario que otros,
que tienen el cerebro en las gónadas).
A una señora le sonaba
mal cierto nombre de color, el caqui. Para
evitarlo, se expresó con estos términos:
- Le he comprado una camisa color mierdi.
La madre acude con su
hijo al médico. Ante todo pretende ser fina
en la expresión:
- Mire, doctor, que a mi niño le duele un
cojoncito.
Comentando los avatares
de la jornada de caza:
- Ese conejo no tenía salvación; le he dao
en la vista y en la mente.
En un campeonato de
tiro al pichón.
- ¿Cómo te has dejado marchar ese pájaro?
- ¿Pero no lo has visto? ¡Si me ha salido
como un redactor!
(Algunos redactores corren -¿escriben?- casi
a la velocidad que llevan los aviones a redacción).
Una funcionaria tenía
la costumbre de preguntar a los visitantes:
- ¿Cuánto tiempo permanecerán ustedes permanentemente
aquí?
- Si no me
hubiese cortado el pelo desde la primera vez
que me lo dejé crecer, habría batido el
record de los güines.
(¿Sabe usted qué record batieron los güines?
¿Conoce usted a los güines?).
Hace años, cuando se
cosechaba a mano, preguntaron al listillo de
un pueblo:
- ¿Cuántas fanegas calculas a ese montón
de trigo?
- Pues hombre... Ese montón, puede tener por
su alturidad y anchuridad...
Un técnico,
inspeccionando el escenario antes de la
actuación:
- ¿Habrán tenido ustedes en cuenta las
condiciones acuáticas de este
auditorio!
(Aunque no se oiga, ¡si no nos mojamos...!).
- ¿Cómo se escribe
Aarón?
- Con dos as.
- No seas bruto. No se dice as, se
dice ases.
- Se ha dado un golpe
en el codo, se le ha inflamado y le ha salido
un derrame cerebral.
(Es que piensa por los codos).
- Yo me quedé sin
dientes de chaval, porque comía mucho azúcar.
- No, no. Eso no es del azúcar. A ti te pasa
lo que a mí, que tienes pedorrea.
Una persona se jactaba
de hablar idiomas. En realidad sabía cuatro
palabras de francés, cinco de inglés y
pocas más de español. Se expresaba con
estos términos:
- Yo hablo varios idiomas. Soy polidiota.
- No sé de qué se
queja. Está todos los días dedicado a la bolche.
- No entiendo.
- Sí, hombre, que sólo se dedica a la bolche
vita.
(¿Qué sería de él si volvieran los dolceviques?).

- ¿Te has enterado de
que se va a convocar un concurso para cubrir
esas plazas?
- Sí. Lo primero que te piden es el gurigurun
vite.
- ¿Tú sabes dónde
está ese pueblo?
- No, pero no te preocupes; luego te lo busco.
Cuando llegue a casa consulto el nomenclítoris.
(No me atrevo a hacer ningún comentario
sobre el clátor de su mujer).
- ¡Qué paliza nos
hemos dado! ¡Yo vengo totalmente exhaustivo!
(Sí, tienes cara de estar rotivo, muertivo...).
El corresponsal de una
emisora de radio en un pueblo:
- El día de la fiesta es cuando sacamos a la
Virgen "de paseo". ¡Perdón! ¡Que
me perdonen los que sean muy acólitos!
(Los monaguillos y los devotos te perdonan).
Un amigo ponía en tela
de juicio la hospitalidad de cierto pueblo de
la sierra abulense:
- Ésa es buena gente, hombre.
- Pues no te creas, que yo he ido mucho por
allí y a mí me han hecho más feos que agravios.
(Hay gente para todo. Todavía va).
Una madre vino a hablar
conmigo sobre el rendimiento escolar de su
hijo. Era un buen alumno, pero los últimos días
le notaba más inactivo de lo normal. El
chico estaba pluriempleado por las tardes:
iba al conservatorio, a judo y a no sé qué
más.
Expresé mi opinión:
- Creo que el chico está sometido a
demasiada presión.
- No, no -contestó la madre-. Somos muy beligerantes
con él.
(Todo aclarado).
Echando un vistazo al
periódico local, comentaba con un amigo
algunos detalles de un monumento que se había
inaugurado en un pueblo de la provincia.
Aparecía una foto de la estatua. Sobre ella
cambiábamos impresiones.
- ¿Has visto este monumento? -le pregunté.
- ¡Vaya estatua! ¡No se sabe lo que es! Ni
tiene forma ni na. ¡Es totálmente morfológica!
Varias señoras
comentaban los detalles de una fiesta que había
tenido lugar el día anterior.
- ¿Te fijaste cómo vino Fulanita?
- ¡Huy, sí! La verdad que le queda muy bien
el abrigo de pieles.
- ¡Sí, sí! -sentenció una tercera-. ¡Pero
es que los abrigos de pieles son para mujeres
que tienen el cuerpo muy esterilizado!
Mi hermana y una amiga
observaron que en una pequeña iglesia, a las
afueras, estaban realizando unas obras de
rehabilitación. Entraron a echar un vistazo
y entablaron conversación con el ama de
llaves, que muy amablemente les enseñó todo
el recinto. En un rincón había un pequeño
osario.
- ¿Esos huesos? -preguntaron.
- Es que aquí, antiguamente, hubo un
cementerio -explicó la señora.
- ¡Si son de niño!
- Algunos, pero no todos -aclaró la señora-.
También los hay de persona.
Un matrimonio mayor
visita al médico con motivo de una revisión
rutinaria del marido. La señora se explica:
- Mire, doctor, desde que le dio el infausto,
se me pone muy nervioso cuando concebimos,
y a mí me da mucho miedo.
- ¿Y eso cada cuánto tiempo es? -pregunta
el médico.
- Nosotros, todos los días.
(¿Entiende ahora lo de la fuga de cerebros?
¿Ingeniería genética? ¿Clonaciones?
Minucias. En España una mujer, y hasta su
marido, conciben todos los días y no dice
nada ni la hoja parroquial).
Un topógrafo fue a
medir una parcela. Un paisano que merodeaba
por allí se acercó con ánimo de entablar
conversación:
- Este aparato sirve para medir los ángulos
-refiriéndose al taquímetro.
- Sí, señor.
- Y los ángulos pueden ser rectos, agudos y
obtusos.
El topógrafo y sus acompañantes
entrecruzaron miradas de alerta. El paisano
continuó su labor didáctica:
- También funciona el aparato por líneas
paralelas; y las paralelas pueden ser convergentes
y divergentes.
Comentario de un
ilustrado acerca del final del milenio:
- Mira, tú no estás enterado. Yo he leído
mucho de estas cosas. Siempre que ha habido
cambio de siglo y, sobre todo, de milenio han
ocurrido cosas extraordinarias. Además, lo
que te digo está avalado por predicciones antigüísimas
que casi siempre aciertan. ¡Ahora nos van a
pasar cosas terribles, según dicen las
profecías de Nosladamus!
Una chica aparecía en
la discoteca con un compañero distinto cada
noche. Muy fino, un camarero hizo este
comentario:
- Hoy también ha venido. Está hecha una
play-boy.
- Más castellano -terció un cliente- es putón
verbenero.
| Hay
excelentes periodistas, informadores,
narradores, profesionales de los
medios de comunicación, de los que
debemos tomar buen ejemplo. Hay otros
cuyo ejemplo debería estar
penalizado. Todo profesional cuida
con esmero su herramienta de trabajo;
pero en todos lo sitios cuecen habas,
siempre hay alguien que ha de ser la
excepción para confirmar la regla.
Parece mentira el poco aprecio que
tienen algunos de estos operarios a
su herramienta, la palabra, por mucha
audiencia que tengan. |
El lenguaje
periodístico de algunos es fuente
inagotable de "gazapos" y
de construcciones erróneas, cuando
tendría que ser modelo de utilización
de la lengua. No es nuestro objetivo
analizar este asunto, que, por otra
parte, necesitaría mucha tinta.
Baste simplemente apuntar que muchas
de sus célebres intervenciones se
deben también a un afán de
ultracorrección, de distinción de
sus compañeros o al prurito de ser
los inventores de una palabra o los
agentes de su mutación; y -¿por
qué no?- de dar unas pinceladas artísticas,
transformando sus mensajes
informativos en auténticas joyas poéticas,
como esta transmisión de un locutor
argentino durante un partido de fútbol:
-
¡Avansa! ¡¡Avansa!! ¡¡¡Avansa...,
y da con el perillote en el verde
horisontal!!!
|
Su
poder, mucho más allá del cuarto,
es inimaginable. Amén de ser capaces
de cambiar el rumbo político de un
país, pueden hacer variar las leyes
de la física, de las matemáticas,
del espacio, del tiempo...
Y si no, léase este párrafo:
- El I.P.C.
del mes de Febrero se incrementó en
un -0'5 % sobre la previsión del
Gobierno. |
O este
otro, pronunciado por un conocido
comentarista:
- Son
las doce y diez minutos en la Península,
una hora y diez minutos menos en
Canarias.: |
| También
por ultracorrección, o por ganas de
fastidiar, se oyen denominaciones
eufemísticas y estrambóticas: |
Cronómetro analógico
digital: el reloj.
Bivolumen utilitario de los
sesenta: el Seiscientos.
Hacer progresar el esférico hasta
el fondo de la red: meter gol.
Ir en conducción deportiva:
ir como un loco.
Segmento de ocio: el recreo.
Ingeniero técnico pedagogo:
el maestro.
Analista de sistemas de automoción:
el mecánico.
Obispo técnico de grado medio:
el cura.
Técnico de infraestructuras hidráulicas
domésticas: el fontanero.
Pedo con guarnición: zurraspa.
Victoria moral: derrota,
paliza.
Daños colaterales: mala
puntería. |
Otros
eufemismos, cultismos y barbarismos
se arraigan en ámbitos laborales muy
concretos y son utilizados con tanto
ahínco por los empleados, que parece
que su puesto de trabajo pudiese
peligrar si se expresasen en términos
más normalitos.
Así se oye en el gremio de hostelería:
"Hoy
hemos recepcionado a muchos
clientes".
También me llama la atención esta
expresión del ambiente bancario:
"Ahora
mismo le aperturamos una
cuenta"
(¿Y cuando llegue a casa sin llaves,
también dirá: "María, apertúrame
la puerta"?).
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