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Presentación

No siempre resulta fácil dar con el nombre
exacto de las cosas; menos aún, crearlas de nuevo.
Lo más sencillo, a juzgar por lo que se oye, es
crear la palabra, aunque esa palabra no corresponda a
la cosa misma ni a la palabra misma de la cosa.
La palabra es algo serio, muy serio; sin
ella, hablada o escrita, mal desempeñaríamos
nuestras actividades de relación social. No debemos
tomarla a broma, a pesar de que a veces, cargando
nuestra conciencia, no nos quede otra opción.
Me refiero a esas palabras y construcciones
que, al oírlas, provocan en nosotros la sonrisa, la
risa o una estrepitosa carcajada, cuando el
interlocutor, sin ninguna piedad, las lanza a
nuestros oídos en el contexto más inadecuado.
Estas bombas hilarantes no proceden de forma
específica o sistemática de grupos sociales
concretos, aunque sí hay algunos más proclives a la
beligerancia que otros. Todos estamos expuestos a
convertirnos, en alguna ocasión, en artilleros de
los tímpanos de nuestros semejantes. Y con la
nobleza que debe caracterizar al soldado después del
combate, tanto si somos vencedores como vencidos,
debemos afrontar nuestros actos con valor y convertir
la metralla en risa.
El objetivo de este trabajo se traduce en
recoger y clasificar, en la medida de lo posible, el
material de guerra que ha quedado desparramado en los
campos de batalla, con la consciencia y la pena de
que esta labor no evitará, en absoluto, que se
produzcan más conflictos, constantes e innumerables.
Todos los dichos y sucesos de esta "antología"
son reales, presenciados por el autor, por familiares
o por amigos suyos. Estoy seguro de que algunos son
conocidos por los lectores, dado que algunas
incorrecciones y vulgarismos están muy
generalizados; otros les evocarán experiencias
similares y asociarán sus propias vivencias con gran
número de los casos que aquí se presentan, llegando
incluso a superarlos en cantidad y en calidad. Pero
no por ello dejaremos de compartir nuestras humildes
posesiones.
Se ha estructurado el contenido en tres
grandes bloques:
Lo
que hay que oír, referente
a la comunicación oral.
Lo
que hay que leer, que
recoge algunas "notables" intervenciones
que han quedado plasmadas sobre papel.
Lo
que hay que oír y leer,
que aborda de forma monográfica y caricaturesca los
usos sexistas de la lengua.
Se han seguido unos criterios de clasificación,
si bien es cierto, no con excesivo rigor, debido
fundamentalmente a dos razones: algunos de los
episodios que se narran podrían figurar en más de
uno de los apartados establecidos, pues presentan
factores comunes a varios de ellos; por otro lado, no
es nuestro interés entrar en análisis profundos,
sino hacer un compendio para que no caigan en el
olvido. En principio, esto fue el motivo del trabajo.
Su elaboración no tenía otro fin que constituir un
archivo estrictamente personal. Pero debido a la
envergadura que fue adquiriendo con el tiempo y,
sobre todo, a las sugerencias de amigos y
colaboradores, se pensó en la posibilidad de
divulgarlo. Lo que en estas páginas se puede leer es
una pequeña muestra del material que tengo
recopilado.
Una impropiedad que se repite a lo largo de
la narración reside en el empleo de la palabra autor, utilizada por comodidad, puesto que los
auténticos autores son todos aquellos que han
contribuido tanto involuntaria como voluntariamente a
esta recopilación. Involuntariamente lo hemos hecho
todos los que en alguna ocasión hemos apaleado
nuestro diccionario y nuestra gramática. Autores
voluntarios han sido los colaboradores, muchos, que
han estado a la caza de gazapos para después remitírmelos.
Vaya para éstos mi más profundo y sincero
agradecimiento.
Enero, 2003.
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