Durante su época de música vanguardista, a finales de los setenta, Battiato conoció a un músico que le introduciría en el arte del violín: Giusto Pío. Después, ocurriría algo realmente extraño: en lugar de que Battiato acabara dedicado a la música clásica, fue Giusto Pío quien decidió embarcarse con él en la aventura pop. Así, en 1979, Franco publicó su primer disco de canciones: "L´era del cinghiale bianco".
Un año después, "Patriots" alcanzó un éxito algo mayor; pero fue en 1981, con "La voce del padrone", cuando logró un éxito sensacional, vendiendo más de un millón de copias y realizando una exitosísima gira por toda Italia. En concreto, el tema "Centro di gravità permanente" gozó de un notable éxito, que todavía conserva.

En 1982, un disco bastante difícil, pero cautivador: "L´arca di Noè", con "Voglio vederti danzare" como tema estrella. Al año siguiente, Franco regresó a los ambientes electrónicos y, prescindiendo de la presencia de instrumentos de cuerda, compuso y grabó "Orizzonti perduti", un disco que, entre otras bellas imágenes, contenía maravillosos recuerdos de infancia, como la inolvidable "La stagione dell´amore".
En 1984, no publicó ningún disco; comenzó a trabajar en su primera ópera, "Gènesi", que sería estrenada en mayo de 1987 con un éxito sensacional. En este mismo año, participó en Eurovisión cantando a dúo con Alice el precioso "I treni di Tozeur", logrando un quinto puesto que supo a poco.

Un año más tarde, se edita "Mondi Lontanissimi", un disco de belleza incalculable inspirado en el espacio exterior y su insondable misterio. En particular, destaca por su magia la canción "No time no space", con una maravillosa melodía en el estribillo. Puedes escuchar de fondo una versión midi de este tema.
Franco Battiato no volvería a editar en Italia hasta 1988, año en el que publica "Fisiognomica", un disco inspirado en su Sicilia natal, a la que regresó definitivamente después de tantos años. Para muchos, éste es el mejor álbum de Battiato; lo cierto es que hay una tremenda cantidad de sabiduría y belleza esparcida a lo largo de sus ocho canciones. Basta recordar el perfecto y ya clásico "E ti vengo a cercare" o el místico "L´oceano di silenzio", que el propio Battiato cantaría emocionado frente al Papa en un concierto. El disco incluía también el maravilloso "Nomadi", de Juri Camisasca.
Tras estos dos últimos trabajos, Franco Battiato alcanzó, a mi modesto parecer, la cima de su carrera: las canciones, dotadas de textos sugerentes y melodías preciosas, eran soberbias, y su voz estaba en inmejorables condiciones. Y fue en este momento cuando, una vez más, decidió dar otra pirueta: decidió alejarse del mundo de la canción para dedicarse a componer óperas afincado en su pueblo siciliano. Todos sus seguidores perdimos, al menos momentáneamente, a un cantautor sin precio, pero ganamos, en cambio, a un compositor místico que iba a seguir ofreciendo nuevas y emocionantes sorpresas...