[Actualizado a
23/7/05.
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la Mano Negra]
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Aide proviene del castellano aire. Este genio o fantasma se ha localizado en Zerain y Zegama y tiene laino-itxura, algo así como hechura o figura de niebla, nebulosa (Antonio Casares). Se trata de un espíritu vago, indefinido, quizá una proyección animista del aire mismo (Iñaki Agirre).
El adjetivo aideko tiene un valor amplio, muy interesante, en euskera. Según Barandiarán 1984 s.v. Aide, Aideko, Aidetikako:
El mundo y el hombre presentan dos aspectos: uno
es berezko «lo que es
de por sí», «natural»;
el otro, aideko «del aire», «sobrenatural»,
«místico». Para actuar en
el primero (en su aspecto natural), hay que
emplear fuerzas y medios naturales; en el segundo,
sólo valen la oración
y la magia.
Esta concepción tiene paralelos muy próximos
en otras culturas. Como señala Daniel
Mathews a memoria,
los agurunas (indígenas de
la Amazonia)
—aquellas debidas a una causa claramente detectable: herida causada por armas, las inclemencias del medio ambiente en la selva, problemasdigestivos, golpes, agresión de animales, etc. Estos pueden ser curados por la medicina natural o por los apach (médicos occidentales)
—la aparición de enfermedades sin causa conocida. Aqui el médico no tiene ningún poder. Tiene que intervenir el Iwishin, el hombre que puede manejar las fuerzas invisibles que dan su poder a los seres de la naturaleza.
Por otra parte está la Almeta del Paripau, cuya definición la tomamos íntegra del diccionario de Andolz: Algo misterioso, soplo de vida que puede escaparse por una herida. Con esta frase se ridiculiza a los niños que se quejan excesivamente de una pequeña lesión:"mírate, ya te sale l'almeta del paripau. Los matadores, al abrir una res lanar, cortan la puntita del esternón y la tiran a lo alto para que se pegue al techo porque encierra l'almeta del paripau [Chema Gutiérrez].
Véase las Ánimas, As Lumbretas.
En la ciudad de Soria rondaban las Ánimas cuando mi madre era mozuela. El Monte de las Ánimas está allí mismo a la espalda de la ciudad, cruzando el río, completamente calvo y gris pardo, y en la noche de Todos los Santos las ánimas bajaban a asustar a chicos y grandes, andaban libres y solía haber muchos disfrazados de estantiguas y fantoches que por la noche recorrían las calles y también las habitaciones del internado donde estaba mi madre diciendo «uuuh, que vienen las ánimas» (aportado por Ana Leal).
Véase las Almetas, As Lumbretas.
El hombre se quedó dormido y fue despertado
por un ruido. La losa de una
de las sepulturas del interior de la iglesia
se había abierto y de ella había
salido un esqueleto.
Este se dirigió a la sacristía y
se puso los ropajes del cura, para a
continuación dirigirse al campanario y
tocar las campanas.
En cuanto hubo terminado, el aparecido volvió
a bajar y se dirigió al altar,
entonces se paró y dijo:
—Eiquí cheira a cristián (Huelo a un cristiano)
Sorprendido el vecino, vio como el esqueleto vestido
de sacerdote se ponía
a bailar de alegría. Le informó
que cuando estaba vivo, había sido cura de
la parroquia y que había muerto en pecado
y sin decir las misas por las
almas que había cobrado. Pidió
al vecino que le ayudase a decir la misa,
para poder descansar en paz.
El vecino así lo hizo. Mientras auxiliaba
en la misa del cura fantasma, vio
como poco a poco el interior de la iglesia se
llenaba con las almas de sus
vecinos y familiares ya fallecidos, que le miraban
con agradecimiento.
Nunca más volvieron a sonar las campanas
en la noche de Todos los
Santos.
(Este magnífico relato fue enviado por el investigador Ramón
Aparicio a la lista memoria. Explica Ramón:
Ya
que os interesa a varios el tema de apariciones, ahi va la síntesis
de una aparición que recogí de mi abuela, Isabel Vazquez,
de Arnoia (Ourense). Ella lo contaba como si fuera algo acontecido en la
realidad a un vecino del pueblo, pero al parecer, todo el pueblo conoce
la aparición sin poder atribuirla a vecino alguno).
Asustachicos andaluz, también conocido como Bute Maramango. Como nos señala Miguel Marañón (gracias desde aquí), Manuel Alvar Ezquerra recoge su existencia en su Tesoro léxico de las hablas andaluzas (Madrid: Arco libros, 2000), presentándolo como variante jienense del Sacamantecas. En realidad, el Bute es popular en más zonas: Rosa Pérez (a la que también agradecemos su contribución) recuerda que sus padres, originarios de la Alpujarra de Granada, le hablaban del Bute cuando niña. José Manuel Rodríguez lo considera, efectivamente, el hombre del saco granaíno. Como andaluz en general lo presenta García Lorca en su memorable conferencia sobre las nanas:
Ya sabemos que a todos los niños de Europa se les asusta con el coco de maneras diferentes. Con el bute y la marimanta andaluza, forma parte de ese raro mundo infantil, lleno de figuras sin dibujar, que se alzan como elefantes entre la graciosa fábula de espíritus caseros que todavía alientan en algunos rincones de España.
Las andanzas de este espanto se extienden también más hacia el norte: en el diccionario on line Vocabulario Alcalaíno, compilado por Miguel Marañón Barrio y Miguel Marañón Ripoll, hallamos la siguiente entrada:
bute.- m. El bute maramango es el coco con el que se asusta a los niños.
Niños, no subas a las cámaras que está allí el bute.
No en DRAE ni DUE. En VA, bute: 1) m. Persona huraña, retraída, de pocas palabras (Córdoba y Jaén).
No se puede hablar con ella, es un bute.
En nuestra niñez rondaba por Barcelona en Caçamentides; era alto y grueso como las torres de la catedral, tenía las manos de hierro pesado y, en vez de dedos, largos garfios de romana, con los que enganchaba a los chicos malos, de los que necesitaba comer siete docenas cada día.
Las mentiras, al salir de la boca, adoptan la forma de un pajarillo que se escapa volando ligeramente. Al pasar por entre los dientes, los separa para salir mejor y deja en ellos una mancha negra. Caçamentides anda a la caza de estos pajarillos; cuando da con uno, en seguida le pregunta de dónde ha salido, y los dos van en busca del mentiroso, al cual identifican fácilmente por los claros de la dentadura y por las manchas oscuras. Caçamentides lo agarra por el pescuezo cual un gato, asiéndole con unas tenazas de hierro, y lo mete en un saco sucio y grasiento. Cuando ha llenado el saco, se va junto al mar a merendarse los mentirosos, que come de siete en siete, rasgándolos y estrujándolos con sus dedos cual garfios de romana, echando al mar los huesos y los pingajos que le sobran. Los mayores nos mostraban los detritus urbanos que a veces flotan por las aguas cerca de la playa y nos hacían creer que eran los despojos de niños mentirosos despreciados por Caçamentides en sus banquetes.
En Cataluña se le conoce como Camunyes, y se le describe, ora como animalucho de grande boca y largos dientes que se engullía a los chicos como un merengue, ora como un diablo travieso de los tantos que, fugados del infierno, se divierten aterrorizando a las gentes; aun, en fin, como un ser de contornos poco perfilados, pero ni animal ni diabólico (Amades 1957: 262).
En los Pirineos oscenses, como nos indica Chema Gutiérrez, se trata de una denominación familiar del Diablo con la que se asusta a los niños.
Véase el Hombre del Saco.
Demoniazo que se distinguía por poseer un enorme cuerno verde en el centro de la frente. Cabe advertir que tiempos hubo en que el diablo era verde, color que trocó posteriormente por el rojo y por el negro. Este sujeto tiene a su cargo rondar de aquí y de allá armado de larga horca, con la que ensarta cuantos chicos malos halla a su paso, cargándolos en una cesta que lleva colgada a la espalda, y los conduce al infierno, donde son echados a hervir en las enormes calderas de Pedro Botero, en las que diariamente son hechos jigote centenares de niños traviesos y desobedientes.
Figura parecida a la Tarasca que aparece delante de la procesión de la Cinta, patrona de Tortosa (Tarragona), que sirve también para asustar a los niños. También la cita Amades, Costumari V, 94. Es una palabra compuesta de 'cuca' y 'fera'. [Albert Aragonés].
Para hacer que los niños no salgan en despoblado los días de mucho viento, se les cuenta que, envuelto en él, viaja el Cul Pelat, demonio horrible y feroz que se sirve del viento para disimular su presencia y poderse acercar impunemente a los chicos traviesos para llevárselos a los infiernos.
En Madrid se dice también de alguien que es más que feo que Carruca.
Y cate usted ahí que llaman a la puerta
y que oyen una voz como la de un becerro, que dice:
También en Uruguay se conoce al Carlanco. Véase el notable cuento de Gerardo Bloomerfield en http://www.angelfire.com/ne/bernardino3/carlanco.html
En las ocasiones oportunas, era reclamado por las madres para que pusiera en cintura a la chiquillería díscola y desobediente (Amades 1957: 258).
Son intensamente negros, impalpables e imperceptibles; actúan únicamente en la más profunda espesura de la noche, y su intensidad espantadora entre niños, e incluso entre mayores, es muy acusada. Se dice que zurra fuerte a cuantos halla por la calle de noche, en especial a los chicos y a las mujeres, a cuyas ropas se agarra con fuerza, resultando laborioso desasirse de ellos. Se los confunde con la propia noche.
[Nota de Albert Aragonés: En Móra d'Ebre (Tarragona), se da el nombre de gusarepa al animal imaginario conocido en poblaciones vecinas de la diócesis de Tortosa (ALDT) y en Mallorca (DCVB) como Gambosí, o como Mópia en Mallorca (DCVB), que corresponde al Gamusino español. Amades da erróneamente la forma Gambutzí, cuando es Gambosí o Gambusí (DCVB, ALDT).]
Los latinos tenían la creencia de que, si un lobo
te mira antes de que tú lo veas, te deja mudo. Así, por ejemplo,
leemos en Virgilio, Bucólica IX,
53-4:
Esta creencia persiste en el folklore francés (Seignolle
1990:
113). En español tenemos la frase hecha ¿te
ha comido la lengua el gato?, que parece apuntar a creencias
parecidas. (Otra frase hecha, que suele utilizarse en réplica a
amenazas jactanciosas, expresa la decadencia de estos temores: menos
lobos, amigo, menos lobos).
Según Amades 1957: 264, en la vertiente pirenaica francesa, la chiquillería entonaba canciones de valor mágico conducentes a ahuyentar al lobo en su calidad expresa de asustachicos.
También en la poesía infantil argentina
encontramos nanas de este tipo:
(Germán Berdiales, Coplas de Cuna; aportado por Mónica a la lista memoria).
En Montijo (Extremadura), encontramos aún viva, aunque en
comprensible retroceso, la tradición referente a este animal temible.
Pedro Tomás Vegas, un joven del pueblo, dice sobre este animal que
esto
lo decían para que no se durmiesen cuando guardaban el ganado y
estuvieran atentos; otras veces, se asustaban entre ellos y luego les daba
miedo ir a casa.
Según García Lorca 1987: 289, la
Loba era asustaniños en las nanas de Castilla. En Olmeda del
Rey (Cuenca) se localiza la siguiente nana (Cerrillo
1990:
nº 2):
Las autoridades leridanas, deseosas de construir un figurón animal de carácter monstruoso (para el Carnaval), creyeron que ningún otro mejor que plasmar el fabuloso Marraco de todos conocido y temido cuando niños. Mandaron construir un animal enorme de aspecto antediluviano, montado sobre una carrocería, el cual abría una enorme boca, a través de la cual, a su paso por las calles, metían los pequeñuelos, que, por efecto de un dispositivo especial, eran suavemente conducidos hasta el suelo, donde quedaban sentados. El primer Marraco se estropeó y fue sustituido por otro enormemente mayor, el más grande de cuantos seres de esta fauna fabulosa nos son conocidos. Es conducido asimismo sobre ruedas, pero no se traga a los pequeñuelos cual su antecesor (Amades 1957: 268-9).
Su compañera es la Ojáncana, una ogresa más cruel aún que el macho, con los dos ojos, unos pechos colgantes hasta el vientre que se echa atrás para correr y unos colmillos de jabalí con los que destroza a los niños, que son su alimento favorito (Martos y De Sousa 1997: 129-30).
Caro Baroja 1974: 88 nos da otro retrato interesante del personaje: En Santander —por ejemplo— se habla del «Ojancanu». Consideran allí que el «Ojancanu» era un animal «con las mismas trazas de las personas», alto, grueso, con largos y fuertes brazos, resoplaba como un jabalí viejo. Tenía una pelambrera roja enmarañada, largas barbas y un solo ojo brillante y maligno. Vivía en las cuevas y era antropófago; cazaba a los hombres con honda, así como a los animales; la honda la hacía de piel de lobo o de piel de oso. Raptaba a las pastoras y despedazaba las cabañas de los cabreros.
Por su parte, Antonio
Casares escribe a memoria:
Se llama
también Ojáncanu al ayudante de cocina de un barco,
esto es, al marmitón.
Según definición recogida por Cabal
1983:
167, el Papón tiene talla gigantesca,
boca enorme, ojos de fuego y estómago de horno ardiente.
Las madres asturianas encantan así a sus crías:
Trasgo, duende; TRASNO. En las tradiciones folklóricas de Galicia, el PAPÓN es un ser fantástico que la creencia vulgar supone gigantesco. Las madres que quieren atemorizar a sus hijos pequeños cuando lloran o se resisten a dormir, suelen decirles: que ven o papón, que te colle o que te come o papón. Este ente de nuestra mitología popular es análogo al zarronco y a otras figuras incorpóreas que se utilizan para amedrentar a los niños, porque el PAPÓN es el que los come o los papa, mientras que los otros no hacen más que cogerlos o llevarlos. [Diccionario Enciclópedico Gallego Castellano, Eladio Rodríguez, 1958-1961]
En catalán, papu es nombre que se aplica a muchas cosas susceptibles de causar infantil inquietud: así, se llama papu a bichos, insectos y gusanos. También llaman así las madres a las nubes, advirtiendo a sus retoños que, en caso de mala conducta, descenderán del cielo para comérselos. Papu es, en fin, cada uno de los encapuchados que asisten a las procesiones de Semana Santa, tocado con alto cucurucho y cubierto por holgada túnica negra, que envuelve todo su cuerpo. Lleva, además, la faz cubierta por una tela, que sólo deja ver los ojos a través de dos mirillas especiales (Amades 1957: 255-6). En forma de estos encapuchados imaginan muchos niños al Papu que habrá de venir por ellos.
A veces, para dar más efectividad a la farsa, un vecino bien alto y robusto, cubierto con pieles de carnero negro, que algún día debieron ser de oso, cargado con un saco repleto de paja al hombro, al anochecer visita los hogares donde hay chicos díscolos, vociferando que viene a por ellos para zampárselos en Nochebuena. Los ruegos de los mayores y las súplicas de los amenazados le convencen de que se vaya, lo cual hace muy a regañadientes(Amades 1957: 275).
El Peludo, además, da cuenta a los Reyes Magos de cuál ha sido la conducta de la chiquillería, informando a los egregios monarcas, los cuales, atentos a sus indicaciones, obran en consecuencia cuanto a la generosidad de sus obsequios.
Véase el Hombre del Saco.
Sordo Otres 1991: 109-10 recoge varias historias sobre este personaje, recogidas por él en pueblecillos asturianos. En Fresnéu se habla de Juana l'Untu, una mujer escondida en una cueva que saca el unto a los críos. En Belmonte, se asegura que el probe l'untu tiene la cara tapada (como la Caparrucia), y que corta las manos de sus pequeñas víctimas. En Coviella, Madriñañes y otros pueblos se dice que el Sacaúntos se sirve de un saco para guardar a sus víctimas (ver Hombre del Saco); y en Jelgueras se afirma que el siniestro personaje llega al extremo de cebar a los niños, como si se tratara de ocas, para luego extraer sus mantecas. En ocasiones, el Sacaúntos roba también la sangre (ver el Sacasangre).
Sobre este personaje en Cantabria, escribe Antonio
Casares:
En Mérida, según indica el profesor Antonio Vas, se hablaba a los niños de los Sacamantecas, que despezan a los niños como si se tratara de cerdos, para quitarles las mantecas (los trozos de carne alrededor de la parte inferior de la columna vertebral). Cuando los niños se acercaban a lugares peligrosos, en especial las cercanías del río, era probable que los atraparan los Sacamantecas.
El mundo criminal no ha dejado de producir Sacamantecas más
tangibles, psicópatas cuyos hábitos eran más propios
de ogro de cuento que de gente humana. De ello nos da fe la siguiente noticia,
aportada a memoria por Antonio
Casares:
(SANTIAGO GONZÁLEZ: "Arma
blanca", "El Correo", 11 de noviembre de 1998, pág. 2.)
El mito etiológico del Cortasebos recuerda el de otros personajes, como la Llorona mexicana. La investigadora norteamericana Sarah Iles Johnston ha propuesto el término demonio (o demonesa) reproductorpara referirse a este tipo de fantasmas, que se convierten en asustaniños malévolos como consecuencia de su incapacidad para engendrar o criar en vida a sus propios hijos.
La idea fundamental que subyace a estos asustachicos es la de que los
niños tienen en su interior unas mantecaso
sebosque
son muy codiciados por estos seres nocturnos. Para conseguirlas, abren
en canal a los tiernos infantes. El gran poeta hispanomexicano Tomás
Segovia nos ofrece en su libro
Anagnórisis
un
magnífico poema sobre este tipo de figuras aterradoras, la Canción
de las brujas,
en la que se menciona entre otras cosas este
aspecto:
ay bruja que no
ay que no me seques
ni me toques
ni me saques
las mantecas
En Asturias, se le conoce por varios nombres: el Chupasangres, que extrae la sangre de los niños un poco más mayores cuando llegan a casa tarde o mal (Arrieta 1995: 164). En el Oriente asturiano se habla de los tísicos o los de la sangre, que llegan en el coche de la sangre y chupan la sangre de los niños que atrapan. La sangre va a parar al hijo tuberculoso del rey, o a los tuberculosos y enfermos del pulmón de las familias ricas (Sordo Otres 1991: 111).
El Chupasangre es también conocido en Colombia, como espanto de niños.
Ver los Pishtacos, el Sacamantecas, el Hombre del Saco.
Aún hoy, cuando alguien te quiere sacar todo tu dinero o todas tus pertenencias o te dice que le debes algo, se le dice eres un saín.
Además de Tío Saín, se le conoce también, en menor medida, como el Tío del Saco o Tío Garrampón: véase el Hombre del Saco, el Sacamantecas [aportado por Lorenzo Hernández].
Este muñeco campea por el hogar hasta Reyes pendido en el humero. Llegada la Epifanía, o bien se le quema en las llamas del hogar, en presencia de los que tanto lo temieron, que celebran su destrucción con gran algazara, o bien se le hace desaparecer misteriosamente, explicando que se ha fugado por el caño de la chimenea por donde había venido (Amades 1957: 272-3).
Sujeto alto y delgado como un pino, negro como el carbón y peludo cual el oso, que aúlla como los lobos y da cada salto y cada brinco que golpea rudamente la cabeza contra el techo y toda la casa hace temblar. Carga al hombro una enorme cesta repleta de herramientas de su oficio. En Peladits mete los chicos sucios en la colada, metiéndolos dentro de un cubo de agua hirviendo, veces y más veces, restregándolos con unas enormes piedras y golpeándoles con una pala de hierro. Luego les raspa, monda, taja y corta, cuantas veces le parece, manos y pies hasta quedar bien limpios, después de lo cual los peina con unos garfios de romana y con espinos, hasta dejarlos bien pulidos. Para cobrar su trabajo se lleva los dinerillos de la hucha, quedando tan contento que no cesa de saltar y de brincar, gruñendo en forma tal, que da más miedo cuando está alegre que cuando trabaja. Y lo peor del caso es que promete volver cada día para repetir su limpieza.
Dícese de En Peladits que es el rey y señor de los piojos, que obedecen sus mandatos por orden suya: los piojos se unen unos con los otros, formando una larga cadena, que atan al cuello de los niños que no dejan que los peinen, y, tirando de ella, los arrastran hasta la orilla y les echan al mar, no pudiendo volver a ver a sus padres ni hermanitos jamás.
Para dar más verosimilitud a la conseja, las madres barcelonesas de mi infancia mostraban a sus nenes la Vía Láctea y les decían que las estrellas que la formaban eran la muchedumbre de los referidos insectos, que arrastraban hacia el mar los niños reacios a dejarse peinar (Amades 1957: 265).
Asustaniños catalán. En el Ampurdán es llamado 'gusarapa' y se la define como un ser nocturno (DCVB), mientras que en El Pinell de Brai (Tarragona) se la conoce como La Gusalapa (ALTA). También se conoce la locución Tenir por de la gusarapa: tener miedo de cosas inofensivas o sin ningún motivo (DCVB). En Móra d'Ebre (Tarragona), se da el nombre
de 'gusarepa' al animal imaginario conocido en poblaciones vecinas de la diócesis de Tortosa (ALDT) y en Mallorca (DCVB) como 'gambosí', o como mópia en Mallorca (DCVB), que
corresponde al 'gamusino' español. Amades da erróneamente la forma 'gambutzí', cuando es 'gambosí' o 'gambusí' (DCVB, ALDT). [Albert Aragonés]
La expresión «el hombre de las narices», «el tío ése de las narices» se utiliza en otros lugares de la península, con sentido despectivo, y sin relación aparente con este mito.
En la región de Ezpeleta es costumbre
decir esta fórmula mágica al acostarse:
En esta oración se comprueba [...] que su punto débil es el recuento de cosas, deduciéndose que, o bien sólo sabe contar hasta un determinado número o es tan tonto que se entretiene contando un número infinito hasta que, por supuesto, se aburre y, mientras, deja tranquilo al durmiente (Callejo Cabo y Canales 1994: 186-7).
Como sucede con el Coco, Inguma es también,
aparte del ser mágico descrito, nombre de insecto en algunos valles
vascos (mariposa para unos, larva para otros) [Iñaki
Agirre]. Este mismo investigador escribe a memoria:
Curiosamente, la explicación popular es barroca, si se tiene en cuenta que eguzki-lore significa 'planta-sol', nombre dado por su forma de sol radiante y su ancho centro de color amarillo intenso, y que aclararía más facilmente su valor protector frente a los espíritus de la noche.
Por el Valle de Ribes del Freser, para evitar que los chicos salgan fuera de techado cuando hace mucho frío, se les amenaza con la presencia del Jan del Gel, cuyo cuerpo es de hielo y deja helado y exánime con una sola mirada. Entonces se carga al desventurado al hombro y se lo lleva a su guarida, que es completamente de hielo, y se lo come en sopa.
Una variante de este personaje, cuyo nombre está siempre motivado por la rima, es la Bruja Cuperuja, a la que Rubén González y José Manuel Pérez, adolescentes del mismo pueblo, describen así: Ésta era una bruja que entraba en las casas donde viven los niños que se portaban mal, y luego se los llevaba a la casa que tenía en el bosque, los convertía (¿en animales?) o los cocinaba para después comérselos.
En La canción de las brujas del
poeta hispanomexicano Tomás Segovia, incluida en el libro Anagnórisis,
se
habla así de la Bruja Rebruja:
La bruja golosa amarilla y flaca
con su ji, ji, ji
y su je, je, je
y su ja ja jaula
y su que te como y que no te
como
y enseña el meñique
si estarás ya gordo
En su poema ¿Quién
llegó? escribe Gloria Fuertes:

Asustachicos aragonés, también conocida
como la Vieja Pirulí. En su Canción
de las brujas escribe
Tomás Segovia:
[...] —Ay, Pirulí, ¿qué
me has dado
en ese frasco verdoso?
Creo te has equivocado
y bebí el filtro amoroso.
Permanezco aquí encerrada,
en mi cárcel de cristal,
para colmo de mi mal
infeliz y enamorada.
Pirulí,
dame el filtro de la muerte...
Ay de mí,
maldita sea mi suerte.
—¡Yo soy la cabra montesina, que derribo montes y valles, y me trago [a] las niñas a pares!
La Cabra Montesina es también personaje de cuento pirenaico. Lo que dice la cabra en los cuentos de esta zona es:
Soy a cabra montesina,
que se come a chicos y chacos
y gente de todo lugar
(aportado por Chema Gutiérrez).
Es tentador poner en relación a la Caparrucia con la Caperucita encarnada del cuento popular (lo que haría del mismo personaje devorador y devorado según el contexto). No está claro que rucia sea roja, si es que viene de ruscidum, «cubierto de rocío»; pero en castellano se llama ciertamente rucio a los animales de color pardo claro, blanquecino o canoso; a las personas entrecanas; y, en Chile, a los rubios [Ana Leal]..
En Esposa, según afirma Andolz, dicen que es imposible fotografiar a la Diabla. En Orihuela (Alicante) existe un paso de Semana Santa, el del Triunfo de la Cruz, al que llaman "La Diablesa" porque lleva una talla de Nicolás de Bussi que representa un diablo con el cuerpo desnudo de mujer. Hay quien afirma que esta representación femenina del demonio es la única existente en España, cosa que no es cierta como acabamos de demostrar [Chema Gutiérrez].
El hecho de que se trate de una doncella sugiere que pueda tratarse de lo que Sarah I. Johnston llama un demonio reproductor: mujeres que mueren sin tener hijos o criarlas, y permanecen para toda la eternidad en un estado liminar.
El hecho de que se trate de una doncella sugiere que pueda tratarse de lo que Sarah I. Johnston llama un demonio reproductor: mujeres que mueren sin tener hijos o criarlas, y permanecen para toda la eternidad en un estado liminar.
En el resto de la península se le conoce también, pero
con género masculino:
Como ejemplo de estas creencias dentro de la Península, escribe
Antonio
Casares a memoria:
—Si no comes, te lleva la gitana.
Y se buscaba la complicidad del que estaba alrededor. Supongo que será porque las gitanas solían vestir de negro y llegaban a los pueblos inesperadamente.
Es una vieja delgadísima y siniestra, tapada de la cabeza a los pies con un manto negro. Lo único que se le ve son las manos, renegridas y sarmentosas, los pies, que en realidad son patas de pájaro, y la cara, una cara amarilla, rugosa, consumida, sembrada de pelos y verrugas, con ojos diminutos y brillantes como estrellas, nariz aguileña y una boca de labios delgados y descoloridos en la que se ve un único diente, negro y enorme como un puñal, pues le llega hasta por debajo de la barbilla. La Guajona no vive de día y nadie sabe dónde se mete, aunque algunos creen que se esconde bajo tierra, como los topos. Por la noche sale y pasa como una sombra confundiéndose entre las sombras. Entra en las casas sin hacer ruido, se acerca a los niños y jóvenes sanos cuando están durmiendo y les clava ese diente largo y afilado suyo en una vena, les bebe la sangre y los deja descoloridos.
Definida por el mismo Hernúñez (1994: 97) como una suerte de Drácula de la montaña, la Guajona aprieta pero no ahoga, sangra pero no mata: ¿para qué agotar completamente a los que son su fuente de alimentación? Muestra en esto una sabia mentalidad empresarial...
Véase la Guaxa asturiana.
En opinión del folklorista Aurelio de Llano, se trata de una voz onomatopéyica que recoge el grito de búhos y lechuzas, oído en Asturias como guax, guax. Recuérdese que bruja significa primeramente, en castellano, lechuza; y que el nombre italiano de la bruja, stregha, deriva igualmente de la strix (lechuza) latina.
Las madres de la Tierra Alta sienten recelo de que los pequeñuelos, y en especial las niñas, salgan fuera de techado las noches de luna llena, pues creen que el satélite les chupa la vida y les absorbe la salud. Si se orina a la vista de la luna, los rayos de ésta se adentran en el cuerpo y ocasionan graves transtornos. Por efecto de estas creencias amenazan a los niños, diciéndoles que la luna se los llevará consigo. En Bot aseguran que en el relieve del satélite se ven las figuras de una madre que peina a una niña que se resistía a dejarse peinar y que siempre que su madre lo intentaba lloraba desesperadamente; y la luna se la llevó consigo para que su castigo sirviera de eterno ejemplo a las niñas lloronas que no dejan que las peinen. La luna como espantachicos también aparece en Cerdaña, en el Ripollés, en el Lluçanés, en la Garrotxa y en el Empordá, todas ellas comarcas pirenaicas. Parece que quizá pueda recordar cultos selenitas, probablemente propios de regiones montañosas.
En Montijo, provincia de Badajoz, y zonas cercanas, cuando un niño o adolescente está flojo, se cree que lo ha cogido la Luna. Para detectar y curar el mal, se echan unas gotas de aceite en un vaso de agua, y se dirige un rezo (cuyas palabras son secretas) a la Luna; si las gotas de aceite toman cierta forma, es que en efecto el satélite se ha encaprichado de su víctima.
En Mérida, se dice de las víctimas de este mal que están alunados. Esa misma palabra, nos indica Antonio Vas (profesor de Latín), se aplica a los embutidos que se estropean, por acción de la luna; y a los muertos de la morgue, cuya sangre, como el agua de los mares, se altera con el magnetismo del satélite, y rezuma por los cuerpos difuntos.
En Montijo, se ha recogido entre los niños una interesante variante de la copla tradicional española Luna lunera, cascabelera/ debajo de la cama/ tiene la cena (en vez del habitual ojos azules/ cara morena) [aportación de Ana Leal].
La Luna es también asustadora en algunos poemas infantiles argentinos:
(Carlos Carlino, Canción de Cuna para un niño de Campo; aportado por Mónica a la lista memoria).
De la Mano Negra habría que decir que en los colegios (que yo recuerde, hacia primero de EGB —7 u 8 años—) era algo que había en los retretes y aterrorizaba pensar que pudiera salir y agarrarte la Mano Negra cada vez que entrabas y te encerrabas allí. Sería un caso de reaparición del nombre en un contexto muy distinto del que se apuntaba, el folclore asturiano (ahí recuerdo un cuento de una recopilación de Aurelio del Llano donde la Mano Negra venía a hacer el papel de la Bestia, llevándose al hijo que nace inesperado y sirviéndole en el castillo encantado; pero se trataba de derrotarla, no de desencantarla), aunque está clara su misión: agarrar niños (Ana Leal).
En el mismo sentido, nos escribe Roberto desde Barcelona:
En mi colegio que era y es de curas contaban la historia de que si bajabas a los lavabos del sótano tí solo cuando todo el mundo estaba en sus clases y los pasillos desiertos... entrabas en el lavabo y tirabas tres veces de la cadena de la taza del váter salía un brazo y la mano te estrangulaba ( yo fui al váter, pero no me atreví a hacerlo jejeje, hace poco mi hija me explicó lo mismo de su cole de monjas).
El folklore de los asustaniños abunda en manos malignas: véase la Mano Peluda colombiana y mexicana.
Duerme ligero, mi niño,
que si la mora viene,
en el sueño escondido
no podrá verte.
La mora grande,
la mora, con dientes verdes,
no llames a mi niño,
ni lo despiertes.
Sobre el carácter de las Mouras (y los Mouros)
en Galicia, escribe Ramón Aparicio
a la lista memoria:
Suele
aparecerse a hombres, en actitud ambigua, en algún lugar vinculado
a restos pre-romanos, en los que se dice que hay algún tesoro:proponiendo
acertijos, engañando al hombre, raptándole... si el hombresupera
la prueba obtiene el tesoro oculto ("el oro de la roca"). En casocontrario
le espera la muerte, la reclusión en el mundo inferior o una
sorpresa
desagradable, dependiendo (no siempre) de sus intencionesprevias.
El "mouro" aparece en figura de guardián, vinculado a la montaña, como gigante o anciano. No es tan evidente que establezca un diálogo con quien se lo encuentra. Más bien es en general una figura silente.
En sentido histórico (mouro=musulmán) los testimonios recogidos por mí escasean.
El hipotético "tempo dos mouros", bien puede referirse a la dominaciónislámica de la Península (caso menos frecuente) o a los restos megalíticos o inmediatamente pre-romanos o romanos, mucho de los cuales se denominan "Forno dos Mouros", "Casas da Moura", "Cova de Mouro".
La toponimia con este elemento es muy abundante, no solo para fincas,bosques, restos arqueológicos, sino tambien para localidades.
Por
otro lado, en idioma gallego, el significado más usual: Mouro/a=oscuro/a,
aunque también se solapa con el de mouro/a=moro/a.
—Así se muriese el ladrón que me roba las cebollas, y su alma maldita tuviera que vagar toda la eternidad mascando de ellas.
La maldición tuvo efecto (Amades 1957: 260).
En Esparralejo, otro pueblo de Extremadura, la tradición de las Pantarujas es distinta: se trata también de un disfraz hecho de harapos, que esconde el verdadero rostro, y sirve de asustachicos; pero no se lo ponen en fiestas, sino que los adúlteros y adúlteras que salen a celebrar de noche sus amores furtivos adoptan esta guisa, al estilo de los embozados del teatro clásico, para no ser identificados en sus andanzas.Si quien topa con una de estas Pantarujas es un niño, sale huyendo atemorizado; pero los mozos mayores, especialmente si están algo achispados, tienden más bien a correr a la Pantaruja, perseguir al embozado hasta descubrir su identidad y exponerle al público escarnio.
La Paparrasolla (nótese el cambio de vocalismo) es también muy conocida en la sierra burgalesa, junto a otros personajes como la Marrona, la Cocharrona, el Coco y el Sacamantecas. Así describe Roque Alonso 1988: 156-7 la creencia en el pueblo de Barbadillo Herreros:
La Paparrasolla de Barbadillo Herreros todavía hoy está en astivo y vive dentro de la torre de la iglesia. En la parte trasera del campanario se abre un ventanuco redondo por donde sale y se lleva a los chiquillos desobedientes a los cuales controla desde su atalaya. La Paparrasolla también puede agazaparse debajo del tejado, en el «payo» (desván) o en un rincón oscuro y lanzar unos lastimeros y horrísonos gritos; pues así los oían los niños del valle de Valdelaguna hace unos setenta años. Las madres de criaturas traviesas recurrían a ella, sobre todo cuando eran varios hermanos difíciles de controlar. Una vecina solía ser la encargada de oficiar cuando oía la «remordisca» [término que recoge tanto el concepto de morder como el de moverse, agitarse, pararlelo al que acontece cuando varios perros, aparentemente tranquilos, de repente empiezan a ladrarse y desafiarse]; en ese momento debía lanzar desde su casa gritos de Paparrasolla. La abuela de uno de nuestros informantes de Valdelaguna había desempeñado este papel durante varias temporadas.
El hecho de que la Paparrasolla salga y entre por el ventano del campanario induce a pensar que es voladora, y al mismo tiempo que vive en la oscuridad.
Al igual que el Papón, la Paparresolla lleva en su nombre una referencia al verbo papar, comer cosas blandas sin mascarlas. El nombre se interpretaría como «fantasma que traga hasta el resuello».
V. también Ransoña.
Custodia mi sueño,
no dejes me aflija
ni mal, ni desvelo
ni la pesadilla.
En ciertas zonas, como el valle de Bianya, se la concibe en forma de bruja, o de un animal de identidad difusa. Los remedios más habituales contra sus atenciones son los masajes en el vientre y el recitado de una oración, donde se la conmina a contar las estrellas o alguna otra cosa infinita, con el claro fin de aburrirla (véase el Inguma).
Se cree que la Pesanta habita en iglesias abandonadas y ruinas. En la comarca de la Garrotxa (Gerona) sostienen que sale puntualmente todas las noches, a excepción de la de Navidad, a recorrer los descampados en busca de alguna víctima.
El gran escritor catalán Joan Perucho describe en su Bestiario fantástico el ataque de la Pesanta contra el escritor, que dicen imaginario, José Finestres (Callejo Cabo y Canales 1994: 187-8).
En Benaoján (Cádiz) se encuentra una Cueva de la Reina Mora, ahora más conocida como Cueva de la Pileta. Hay también un Castillo de la Reina Mora, sito en la localidad de Benifairó de Valldigna.
La Reina Mora es también conocida en las montañas aragonesas, como nos indica Chema Gutiérrez.
El poeta Agustín García Calvo abre así su Libro de conjuros:
La descripción de la Setrilla recuerda la tradición análoga del Jack O'Lantern, las calabazas encendidas que, figurando cabezas espectrales, se utilizan durante la fiesta de Halloween en los países anglosajones.
Es un mito de Úbeda (Jaén), de origen desconocido.Para asustar a los niños ubetenses se les decía que vendría por ellos la Tía Tragantía. Ésta anunciaba su llegada con una canción:
Yo soy la Tía Tragantía,
hija del rey Baltasar,
y quien me oiga cantar
no vivirá más de un día
y la noche de San Juan.Como es lógico, al oír al cantar semejante espanto con una voz como de ultratumba la sopa del niño desaparecía del plato instantáneamente.
Al parecer, Antonio Muñoz Molina menciona al personaje en una de sus novelas ambientadas en "Mágina" (ciudad "alter ego" de Úbeda), quizá en El jinete polaco.
[Mauricio]
Por la región del Montseny y por la Plana de Vich, comarcas muy perjudicadas por la niebla, para evitar que la chiquillería salga en despoblado, con gran peligro de extraviarse, se les amenaza con la presencia de la Tinyosa, o de la Pixanera, o de la Ploranera, apelativos familiares aplicados a la niebla, la cual se los llevará consigo a su guarida, donde se los chupará y absorberá hasta tragárselos.
Como nos señala Ana Leal, Ploranera (de plorar>llorar) es en castellano tanto como Llorona.
En algunas regiones se hace creer a los pequeñuelos que fueron hallados dentro de las cuevas más inmediatas o de más nombradía. Si se supone las cavernas habitadas, de manera inadvertida e inconsciente, se presupone a los niños como hijos de los habitantes, con lo que viene a resultar que los ogros espeleológicos tratan de asustar y de comerse a sus propios hijos en un plan de canibalismo(Amades 1957: 279).
En el folklore castellano abundan los castigados por pena de este tipo.
Cf. el romance de Los Campanilleros:
Pero quiso Dios
que al instante los perros murieran
y el rico avariento
pobre se quedó.
Y al subir las escaleras la hormiga, le dijo la zarrampla:
—¡Hormiguita, hormiguita, no subas acá, que soy una zarrampla y te voy a tragar!
Y la contestó la hormiguita:
—¡Yo soy una hormiguita de mi hormigal; te pico en el culo y te hago bailar!
Conque subió, la picó en el culo y salieron todos cantando. Y se fue la zarrampla y cada uno se fue a su casa (Espinosa 1988: 442).
Durante las fiestas, se construye un muñeco representando al Lladrefaves, al que se considera hijo de otros dos gigantones de cartón. Los niños de la localidad no temen al Lladrefaves, pero sí los de las poblaciones vecinas.
Véase el Jucu de la Verruga.
Según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, Mengue es forma familiar para aludir al Diablo [entrada aportada por Lorenzo Hernández].
Entre los habitantes de Tolosa (España), se cuenta que la Malabestia es un monstruo que recorre de noche las calles. Según la tradición, todas las personas que se encuentran a Malabestia o la ven mueren al día siguiente.
Estos Mamarru se 'atrapan' dejando un alfiletero abierto en los prados la noche de San Juan, y ayudan a los hombres a realizar tareas difíciles y a ganar pruebas deportivas, pero no haciéndolas ellos, como en tantas historias de duendes de Centroeuropa, sino dando la suerte o adurra, influencia mágica, para lograrlas.
No sé por qué, siempre me los he imaginado pequeinos y rojos, como una mariquita, ante la cual decíamos «amona mantangorri, zeruan zer berri?» —abuela delantal-rojo, ¿qué nos cuentas del cielo?—.
"Mamu" es actualmente un personaje análogo al Coco, con cuya presencia se amenaza a los chicos pequeños cuando lloran" (Caro Baroja 1986: 320).
En el País Vasco, los adversarios del espíritu de Ermua (reacción de una parte de la población contra el asesinato por parte de ETA del concejal Miguel Ángel Blanco) se refieren a éste, despectivamente, como Ermuako Mamua (el Coco de Ermua). Mamu es también nombre de insecto, el zomorro. [Iñaki Agirre].
Lo malo es que esta ciclópea y peluda mano también se complace en apretar el cuello y el pecho de algunos durmientes cuando éstos disfrutan de un apacible sueño, que deja de serlo al instante de sentir una opresión en la garganta que les dificulta respirar y provoca pesadillas.
[...] En las Hurdes se presenta
ante los dormilones humanos en la forma de una mano fría que de
noche recorre uno a uno los huesos de la columna vertebral, produciendo
todo tipo de angustias y escalofríos(Callejo
Cabo y Canales 1994: 188-9).
Nombre dado en Tortosa (Tarragona) a un fantasma o individuo que se presenta disfrazado de noche, para hacer miedo (DCVB). Es un mezcla entre 'fantarma' (<fantasma) y 'farfanta'. [Albert Aragonés]
Espantaniños al que alude Federico García Lorca en su memorable conferencia sobre las nanas:
Ya sabemos que a todos los niños de Europa se les asusta con el coco de maneras diferentes. Con el bute y la marimanta andaluza, forma parte de ese raro mundo infantil, lleno de figuras sin dibujar, que se alzan como elefantes entre la graciosa fábula de espíritus caseros que todavía alientan en algunos rincones de España.
Aunque Lorca lo presenta como andaluza, también es conocida en Galicia, donde se la considera una variante femenina del Hombre del Saco:
Es la meiga del saco, roba niños y los hace desaparecer. Si una anciana fea, encorvada, que lleva un saco a su espalda chepada os pide humildemente limosna a la puerta de vuestra casa, dádsela y vigilad a los niños hasta que se aleje (http://groups.msn.com/1naviadesuarna/meigas.msnw).
También es popular en Extremadura, como señala Diego Fernández Sosa. Allí suele considerársele masculino: el Marimanta. En Badajoz, durante la fiesta de las Candelas, se produce la “Quema del Marimanta”, que representa las cosas malas del año anterior. En el programa del carnaval de Badajoz del año 2002 hallamos una referencia detallada:
Sábado, 2 de Febrero
Pórtico del Carnaval, con la tradicional "FIESTA DE LAS CANDELAS"
19:30 h. Concentración de Comparsas y personal disfrazado en las Plazas de Santa Marta, Santa María de la Cabeza y calles adyacentes.
20:00 h. Salida del Marimanta y desfile por las calles de la Barriada de Santa Marina, con la participación especial de los grupos de la F.A.L.C.A.P.
21:00 h. Quema de la Marimanta. Deleitada degustación popular de hornazos de chorizo acompañado con estupendos vinos de la tierra.
21:30 h. En la Plaza de Santa Marta gran Certamen de Tamborada.Nuestros poetas barrocos conocían ya bien a la Marimanta: en La hora de todos, Quevedo presenta burlonamente a Saturno como el dios marimanta, comeniños, engulléndose sus hijos a bocados. Otra de nuestras luminarias, el ilustrado Benito Jerónimo Feijoo, se refiere despectivamente a un libro llamado el Belerofonte literario afirmando que se trata de un título altisonante, inscripción horrísona, que puede espantar los niños, mejor que el coco y la marimanta (Teatro crítico universal, tomo cuarto, discurso once).
El venerable patriarca bíblico deviene asustachicos en una canción inédita de Federico García Lorca, dedicada a Rafael Alberti y rescatada por Piero Menarini:
BERCEUSE A RAFAEL CUANDO
SE VUELVA OTRA VEZ NIÑO¡Rafael!
¡A cerrar ya mismo los ojos!
¡Que viene Matusalén!¡Ay qué barba tan espesa!
Aquí no viene, descuida.
Yo le diré que se come
al niño de la vecina.Luego serás un mandor
grande de marinería.
¡Matusalén, puedes irte!
¡No te asustes! ¡Mira, mira!Adolfito Salazar
saludaba a su abuelita
agitando los visillos
de encajes y sedalina.¡Pero vamos! ¿Te desvelas?
Adormidera amarilla
te daré mañana mismo.
¿Ahora quieres tu barquita?¡Rafael!
¡A cerrar ya mismo los ojos!
¡Venga usted, Matusalén!(FGL, Canciones y Primeras Canciones, ed. crítica de Piero Menarini, Madrid: Espasa Calpe, 1986, pp. 286-7)
El epíteto La Blanca recuerda la aparición de la Dama en el Romance del enamorado y la muerte: «Vi entrar señora tan blanca/ muy más que la nieve fría...».
Se hacía creer a los niños que acudiría y se los llevaría metiéndoles dentro de un saco o simplemente al hombro, diciéndoles que tenía las manos tan frías que con sólo tocarlos les dejaría helados, y que el contacto de sus descarnados huesos era tan duro, que al cogerlos les haría crujir todos los huesos y los estrujaría cual si se tratase de un huevo (Amades 1957: 260).
Asustaniños de Ses Salines, pueblo del sur de la isla de Mallorca. Se trata de una señora mayor que habita en el fondo de los pozos o cisternas y que se lleva a los niños que se asoman a ellos. Lo hace cogiéndolos por el cuello con un gancho y se los lleva abajo. Se trata de una historia que me contaba mi abuela para evitar que me asomase al pozo.[Contribución de Toni.]
Cf. Pauet.
En San Sebastián, cuando yo era chico,
se recordaba un trozo de canción
que se refería a Olentzero,
a quien se le pintaba como el Coco,
como un
gigante avieso de ojos colorados. Se decía:
Se nos contaba a los chicos que "Onentzero" era un gigante que bajaba por la chimenea con la cara tiznada, con los ojos rojos y el aire fiero. También se decía que en la Zurriola metía a los chicos en un saco y se los llevaba.
[Pío Baroja: «Olentzero», en Intermedios, Madrid, 1931. Citado por Julio Caro Baroja en Sobre la religión antigua y el calendario del pueblo vasco, San Sebastián: Txertoa, 1984, pág. 104].
A propósito de este personaje, escribe a memoriaAntonio
Casares:
Hoy
en día se canta otra canción. Julio Caro lo relaciona míticamente
con los "Kallikantzaroi" griegos, pues andan siempre de noche, tienen la
cara ennegrecida y los ojos rojos y sanguinolentos. Cometen grandes
fechorías, y entran en las casas por las chimeneas; se comen el
puerco de Navidad y tienen carácter terrorífico.
Frente a este personaje se alzó la espada flamígera de Unidad Alavesa, un pequeño partido provincialista de derechas, nacionalista español camuflado de regionalista. Es un partido de lemas sencillos, siempre opuesto a lo vasco. Su primer lema electoral fue 'euskera voluntario', junto a la queja 'los de Bilbao nos roban el agua'. Pues hace poco se hicieron famosos por poner carteles en los que se veía a un minon (policía foral) echando a palos al Olentzero en direccion a Bilbo. Por supuesto, el que UA quisiera quitar el Olentzero a los ninos alegró a sus enemigos, los sectores que trabajan en la normalización lingüística, acostumbrados a pensar a largo plazo.
El Olentzero es un hombre grueso y grande, cabezón, con la cara tiznada. Se le representa fumando en pipa, lo cual probablemente sea una elaboración simbólica de su profesión de carbonero, una asociación con la boca humeante de la txondorra (carbonera). Viste invariablemente boina, abarcas y una sobre-prenda que aquí llamamos brusa o blusa en castellano, de color oscuro, sobre la camisa. También porta un hatillo atado a un palo. A veces va en un carro tirado por un burro.
Cf. Na María Enganxa.
s. f. Paparrasolla. Ser imaginario con el que se pone miedo a los niños. [Diccionario galego-castelán, Leandro Carré Alvarrellos, 1928]
Cf. la copla española: Ay ay ay ay/ no te mires en el río/ ay ay ay ay/ que me haces padecer/ porque tengo, niña/ celos de él.
Hay un animal, saurio y nocturno, que vive
escondido en las paredes de
las casas, parecido a una lagartija o a una
salamandra, de color grisaceo o
blanquecino, con dos pequeños y vivaces
ojos negros. En muchos pueblos de Aragón
se le tiene auténtico pavor, especialmente los niños. Abuelos
y abuelas nos decían a los niños: «cuidado no te pique,
porque morirás»; y en otros sitios, si te pica, primero se
te caera todo el cabello, y luego morirás. Quizá sólo
fuera una especie de coco para impedir que los niños saliéramos
por las noches.
El temor a este animal inofensivo sigue vivo en muchas zonas. El doctor José Andrés Guijarro Ponce escribe a la misma lista:
En uno de los viajes que estuve haciendo a
Cuenca hasta que por fin
me instalé con casa propia, pasé
unos días en casa de una tía mía de
unos cincuentaytantos años y no conseguí
convencerla de que en pleno
verano y con un calor sofocante era absolutamente
necesario dejar las
ventanas abiertas. El motivo de su absoluto
rechazo a tal atrevimiento
era precisamente que unas noches atrás
había visto por la pared exterior
a una salamanquesa, salamandra o dragón
a las que tiene tal pavor que
prefería pasar todo el calor que fuese
necesario.
Por su parte, José Antonio Caballero López nos escribe:
En mis años infantiles, en la hermosa Ronda (en Andalucía), se nos asustaba a los chicos con la salamandra, diciéndonos que si nos cae un escupitajo suyo en la cabeza nos quedaríamos calvos. Y claro, como la salamandra salía por las noches, a ver quién era el guapo que se atrevía a dar paseos nocturnos.
(dicho aragonés:
si te pica la salamanquesa
coge la azada y cava tu tumba)
Durante las fiestas de Nuestra Señora de la Cinta, de la ciudad de Tortosa, salen tres extrañas tarascas, una mayor, que representa ser la madre de las otras dos más pequeñas, semejantes a unas tortugas, conocidas con el apelativo de cuca fera y que sirven de espantachicos a las madres del delta y de la ribera baja del Ebro (Amades 1957: 269).
El historiador de arte Joan Pijoán propone establecer una relación entre estas Tarascas y los animales deformes y monstruosos de las pinturas rupestres.
La Tarasca es conocida fuera de la península, en Provenza, donde se dice que Santa Marta, hermana de María Magdalena, se encargó de librar al pueblo de esta fiera mediante exorcismos, forzándola a arrojarse al Ródano. Esta hazaña se recordaba durante dos procesiones anuales. Dentro de la Península, la Tarasca es también conocida en muchos lugares (aún figura, por ejemplo, en la Procesión del Corpus Christi de Granada):
En Madrid, y en otras localidades españolas, la tarasca era una máquina de madera con forma de horrible serpiente que iba sobre ruedas y estaba conducida por hombres que iban en su interior. Durante muchos años, se utilizó para abrir paso a la Custodia en la procesión del Corpus, recorriendo con ella las calles, lo que significa la huida del Mal ante la presencia del Bien y del Cuerpo de Cristo. Sobre ella cabalgaba una figura de mujer muy engalanada que, con su vestimenta y peinado, venía a regir los figurines de la moda de aquel año. (...) Con la desaparición de la fiesta del Corpus, la tradición de la tarasca y la parafernalia que conformaban sus procesiones en la cultura popular han caído en el más absoluto de los olvidos (Martos y De Sousa 1997: 198).
La tradición de la Tarasca se encuentra hoy día en Colombia, adonde fue llevada sin duda, junto a la fiesta del Corpus, por los conquistadores y colonos españoles. Argemiro Vélez la describe así: Figura de un pez de enorme boca y filudos dientes que participaba en procesiones religiosas y cuya imagen permanece para asustar a los niños como el maligno que puede comérselos de un bocado si no van por el buen camino.
Siguiendo las líneas propuestas por Propp 1987, Martos y De Sousa 1997: 205 proponen la siguiente interpretación:la Tarasca sería en realidad el trickster de forma animal o monstruosa que de algún modo está exigiendo su reconocimiento, su pacto con la comunidad, y cuya representación y memoria semoscurece hasta el punto de invertir su sentido protector y convertirlo en una simple alimaña a extinguir, de modo que la adoración/temor se convierte en simple odio.
Antón y Mandianes 1995: 115 prefieren otra vía de interpretación: Existen representaciones de las crecidas o inundaciones de los ríos «en ciertas curiosas figuras monstruosas semejantes a las que en otras partes de Europa se señalan, toda vez ha sido costumbre en la Edad Media simbolizar en serpientes o dragones estas crecidas que tanto daño ocasionan a los países atravesados por corrientes de agua, y hacerlos aparecer subyugados a los santos patronos de la comarca, como vencidos en su fiereza arrasadora». La Coca o Tarasca de Redondela no sería más que una representación de éstas.
Excelentes imágenes de la Tarasca (qué pena que nos hayan copiado el texto de esta entrada, con referencias bibliográficas inclusive, sin citarnos) en http://www.nodo50.org/mrg-alacant/dimonis/bestiario_tarascas.htm.
Tártalo de Markina
Tártalo era un gigante que vivía en el monte Santa Eufemia, de Markina. Sólo tenía un ojo, y era tan grande que cuando extendía su gigantesca pierna tapaba la lluvia en Markina. Allí le tenían mucho miedo. Un día un viajero (1), de paso por las montañas, vio a Tártalo con su rebaño. El gigante le indicó por señas (2) que le siguiera. Llegaron a su cueva, y el extranjero se puso a temblar al ver que sacaba para cenar una pierna humana. Encerrado en la cueva, parecía que su suerte estaba echada. Pero cuando Tártalo se durmió, tras la copiosamente regada cena, el extranjero puso una barra de hierro en el fuego, hasta que la tuvo al rojo. Entonces la clavó directamente en el ojo del gigante. El aullido de éste retumbó en todo el valle.
Buscando al culpable de su dolor, apartó la roca que hacía de puerta y se puso a sacar las ovejas una a una. El extranjero, viendo que tendría que pasar entre sus piernas, se puso una piel de carnero. El gigante lo cogió y lo echó volando fuera. No más lo hizo se dio cuenta que en aquella piel de carnero iba su enemigo, pero no pudo más que lamentarse.
Así murió Tártalo, de hambre, ciego, y sufriendo enormemente su herida.
Notas al texto
(1) La palabra ARROTZA, extranjero,
parece tener el mismo origen que
AROTZA, trabajador especializado. Segun parece,
una casta de herrones
indoeuropeos trajo la forja del hierro a Euskal
Herria. Y el núcleo de su hazaina esta en calentar el hierro al
rojo. No pierdan de vista (;-) a Prometeo.
(2) En otras apariciones de gigantes éstos se expresan, al menos al principio, por señas. ¿Por qué? Parece que el mismo diablo tampoco sabe euskera, pero eso es otra historia.
[Enviado por Iñaki Agirre a memoria].
Tártalo es también uno de los disfraces de animación de las fiestas de Bilbao, provisto de un solo ojo; y nombre que se da al as de oros de la baraja [enviado por Antonio Casares].
Ésta era una abuelita que tenía tres nietas. Y un día las dijo:
—Os voy a echar a cada una una tarea. Y la que primero acabe, le daré pan y miel.
A una, a la mayor, la puso a hilar, la del medio a coser y la pequeñita a hacer media. Terminó la pequeña:
—Abuelita, ya he acabado mi labor.
—Bueno, pues anda, vete a la otra casa y ya
sabes dónde está la miel. Coges un pedazo de pan y te le
echas un poco de miel; no eches mucho.
Bueno, va la niña a subir; pero al entrar en la casa estaba allí el tragaldabas y la dice:
—¡Pequeña, por ser la pequeña, no subas aquí 'rriba, que soy el tragaldabas y te tragaré!
Pero la niña no hizo caso y subió. Y el tragaldabas se la tragó.
Pese a la sinceridad del monstruo, que siempre advierte de sus intenciones, siguen el mismo destino no sólo las otras dos nietas, sino un buey, un rebaño de ovejas y un batallón de soldados. En estas, llega el muy insólito héroe de la historia:
Bueno, ya pasa una hormiguita.
—Abuelita, ¿por qué lloras?
—Porque en esta casa hay un tragaldabas; me ha tragao tres nietecillas; ha subido un buey, también lo ha tragao; ha subido un rebaño de ovejas, también las ha tragao; ha subido un batallón de soldaos, también los ha tragao.
—¡Ay, a mí no me traga! ¡Yo le mato!
—¡Ay, por Dios, una hormiguita! ¡No puede ser!
—¡Sí, sí, que le mato! ¿Cuánto me das?
Se inicia aquí una negociación no breve: la abuela comienza ofreciendo una fanega de trigo, pero la hormiga se ve abrumada: quiere algo que su molinillo pueda moler, y que quepa en su costalillo. Tras el regateo, la abuela hace su última oferta:
—Te daré tres granillos.
—¡Mi molinillo sí muele tanto,
mi costalillo sí coge tanto, sí coge tanto!
Subió y la dice el tragaldabas:
—¡Hormiguita, por ser hormiguita, no subas aquí 'rriba, que soy el tragaldabas y te tragaré!
Subió, se le metió por el culo
y cagó a las nietecillas, cagó el buey, las ovejas, los soldaos,
con sus espadas y sus carabinas y su armamento, y a él le mataron
y le quemaron. Y todos ya tan contentos, vivieron felices, comieron perdices
y a mí no me
dieron porque no quisieron.
En Salamanca, yo he oído en los años cincuenta a las niñas de la calle meterse miedo unas a otras diciendo: «¡Que viene Unamuno!» (García Rua 1988).
Por mi parte, recuerdo, y lo he contado en algún sitio, por habérselo oído contar a mi madre, que, cuando durante la Segunda República, se lanzó la idea de dedicarle a Unamuno un monumento en el centro de la ciudad, la gente tuvo la creencia de que se le iba a levantar en Salamanca un monumento al demonio (Egido 1994: 29 n. 22).
La tradición oral referente a Verónica, que hemos localizado viva en la provincia de Badajoz, es una leyenda urbana paralela a la de Bloody Mary, pero que parece haber surgido de modo completamente independiente.
Sobre la vida de Verónica hay dos variantes principales: unos quieren que se trate de una bruja que fue quemada en tiempos pretéritos, mientras otros prefieren sostener que Verónica fue una joven, que murió trágicamente no hace tanto (¿finales del XIX o principios del XX?) mientras realizaba una sesión de espiritismo. Víctima de los espíritus malignos que había despertado, Verónica se clavó sus propias tijeras.
En conmemoración del lúgubre suceso, algunos adolescentes realizan una invocación a Verónica, con el difuso propósito de adivinar el futuro, o acaso de que les suceda algo memorable. Se dice que, si se repite su nombre por tres veces ante un espejo a medianoche, se la siente llegar en la luna del espejo, con las tijeras aún clavadas en la garganta.
Rubén González y José Manuel Pérez, dos adolescentes de Montijo (Extremadura) nos han dejado descrito, en su peculiar estilo, este ritual popular de regusto satánico, que parece sacado de una novela gótica o simbolista como las de Huysman:
Esta invocación es sumamente peligrosa. Hay dos tipos: el primero es mirarte delante de un espejo, con una tijera y una Biblia, a las doce de la noche o medianoche. Llamas doce veces a ella, y al cabo del tiempo te aparece una sombra. En ese momento, clavas las tijeras a la Biblia y esta empieza a sangrar; en este mismo instante, quitas las tijeras y abres la Biblia. Ésta tiene una brecha sangrienta en cada hoja, nada más que tienes que cerrarla y volverla a abrir y dejará de sangrar.
La otra es muy peligrosa. Consiste en invocar a esta persona ya mencionada, pero esta vez con muchos amigos, doce tijeras encima de la mesa, dos espejos, uno delante del otro, y empezar a invocar. Tras esto, las tijeras empiezan a levitar, clavándose en los sitios donde alcance; lo mismo puede ser en una persona que en una pared, en una mesa u otra cosa. Lo peor de todo es que este espíritu te puede perseguir por el resto de tu vida, amargando tu vida al límite, teniendo mala suerte y puede llegar a matarte y convertirte en uno de sus siervos o en un espíritu errante.
En Madrid, se conocía y tal vez aún se conoce la costumbre
de hacer la verónica,
un tipo de adivinación en la que se juega con libros y tijeras.
La práctica, rodeada siempre de rumores sobre sus peligrosas consecuencias,
se mantiene muy viva en Canarias, tal como nos describe Gustavo Santana
(mil gracias por ello) en la lista memoria:
La
versión de aquí es que [Verónica]fue
una chica que murió clavándose unas tijeras no hace mucho.
Todavía se practica y durante épocas es muy popular, especialmente
entre los adolescentes.
s.m. Voz significativa de un insecto imaginario y feo con que se asusta a los niños poniéndoles miedo, lo mismo que con el COCÓN. ZARROUCO. [Diccionario Enciclópedico Gallego Castellano, Eladio Rodríguez, 1958-1961]
ALTA: Pere Navarro Gómez: Els parlars de la Terra Alta, 2 v.
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Breve Inventario de Seres Fantásticos y Legendarios del Viejo Reyno de Aragón. |