ASUSTADORES

NEGROS

Actualizado a 22/8.
18 nuevos espantos afroamericanos.
 
Para encontrar directamente el personaje
que te interesa, búscalo aquí.
 

Desarraigados brutalmente de su tierra, los esclavos africanos trajeron mucho de ella adherida a las plantas de los pies. Junto a los dioses yoruba, los orixás llegaron también seres de menor intensidad numinosa: viejos espectros del corazón de África, que apenas pusieron pie en la nueva tierra, se sintieron allí como en casa.
 


Espantos afroamericanos

Biatata
Bicho
Cabra-Cabriola
Carrapatú
Homem-Marinho
Igú
Legawu (Nigawu)
Maiturús
Mão-de-Pelo
Mapou
Quibungo (Kibungo, Kimbungo)
Reré
Saci-Pererê
Tijean Petro
Tijean Pied Fin
Tijean Quinto
Trango-Mango
Tutú
 

Biatata

Bicho

Cabra-Cabriola

Espanto afrobrasileño, generalmente caprino y con modales de duende, que acude de noche a suplantar al niño en la ubre materna; después, satisfecha su sed, procede a devorar al infante.

Carrapatú

Espanto afrobrasileño con el que se azuza a los niños.

Homem-Marinho

Es espanto afrobrasileño, buen nadador y atroz compañero, que merodea las playas, y devora los dedos, narices e íntimos miembros de los bañistas.

Igú

Es palabra yoruba, usada en Cuba para designar algún espíritu malévolo.

Legawu (Nigawu)

Es un hombre lobo localizado en Trinidad, de neto talante antisocial. Hay, según dicen,muchos cuentos de Legawu.

Maiturús

Espanto de origen indígena, que entró en el mundo mágico de los esclavos negros al comienzo del período colonial. Tiene los pies hacia atrás, y es muy temido por los negros del campo.

Mão-de-Pelo

Es un duende peludo afro-brasileño, invocado con frecuencia por quienes sufren y disfrutan niños. Imagínanselo como un negro anciano, presto a devorar la cola de los niños o cortarla de un tajo certero.

Mapou

Es un gran árbol del folklore afro-haitiano, sede de los encuentros entre incontables razas de demonios. Se dice que algunas noches se ve a través del tronco del Mapou un resquicio de luz, señal que los demonios hacen cónclave.

Quibungo (Bizango, Kibungo, Kimbungo)

Animal fantástico brasileño, de origen bantú. Tiene una enorme cabeza y un agujero en el lomo, en forma de bolsa, que se abre al torcer el cuello; allí deja caer a los niños que persigue, para comérselos después; el resto del cuerpo es de hombre.

Algunos ven en él una suerte de licántropo, y creen que devora a los niños a través del agujero de su espalda. En los pueblos de Haití se lo imaginan como un perrazo veloz, que recorre de noche los parques buscando víctimas como sustento.

Sobre él se cuenta el siguiente relato:
 

        El Quibungo y la perra.
 
Un día una perra que perdía sus hijos siempre entre las fauces del feroz quibungo, decidió que la próxima vez los salvaría de la muerte metiéndolos en un hueco, y sentándose arriba; cuando llegó el momento, así lo hizo, luego de vestirse muy coquetamente con una falda de muchos colores, y adornarse con un gran collar en el pescuezo.

Cuando el quibungo vio a la perra así vestida, la desconoció y tuvo miedo de aproximarse; en eso acertó a pasar por allí el conejo y aprovechó para preguntarle:

—Compadre, ¿sabe usted quién es esa forastera?

—No lo sé, amigo.

Igual pregunta le hizo a la zorra cuando ésta pasó, y a muchos otros bichos amigos, sin que ninguno le supiera responder; hasta que por fin el mono, riéndose, le dijo:

—Pero, compadre, ¿será posible que no conozca a la perra, disfrazada
con falda y collar?

Rabioso por verse burlado, el quibungo se puso a correr detrás de la perra para matarla junto con sus hijos, pero ésta comenzó a perseguir a una liebre que en ese momento pasaba. Y así, a la carrera, entraron a la ciudad, siempre el monstruo corriendo a la perra y ésta a la liebre; allí los hombres pusieron punto final al pleito: ellos mataron al quibungo, y su enemiga a la liebre.

...Y yo entré por esa puerta para salir por la otra, porque el rey mi señor me mandó que les contase otra historia. (Barroso 1966: 140-1).
 

        Otro cuento sobre el Quibungo:
 
El Quibungo y el chico de la bolsa de plumas.

El chico se encontraba un día jugando mientras juntaba plumas de diversos animales, que guardaba en una bolsa; al día siguiente se fue a pasear con su familia a un lugar solitario pero próximo a la selva, donde el pueblo comentaba que se reunían los quibungos. Llevó la bolsa consigo para juntar más plumas, y a poco de estar en el lugar se escuchó un barullo terrorífico que parecía venir de adentro de la tierra, y todos comenzaron a temblar, diciéndose: "¡Es el quibungo!".

Y se pusieron a correr, menos el chico que les pidió a los parientes que formaran fila, entregándole a cada uno de ellos un abanico formado con plumas de ala de aves y otro con las de la cola de los pájaros, que él mismo hiciera con las plumas recogidas el día anterior. Cuando el monstruo llegó y extendió su pezuña hacia el primero de la fila, éste comenzó a cantar la canción que le enseñara nuestro muchacho:
 

Ese es mi padre,
auê
ganzaruê, tú caes
o no caes.
 
Como el quibungo viera que no bien acababa la canción el abanico se abría y volaba hasta posarse en el árbol cercano, retrocedió con un rugido; cuando le pasó el miedo extendió nuevamente la pezuña hasta el segundo de la fila, que cantó:
 
Esa es mi madre,
auê
ganzaruê, tú caes
o no caes.
 
Y así sucesivamente con todos los de la fila, hasta que llegó junto al chico, que se había fabricado alas de pájaro con sus plumas y disimuladamente había unido a todos los suyos con las plumas de su otro abanico; tironeó suavemente y alzó vuelo hacia su casa con todos sus parientes. Muy contentos por haberse salvado, cuando llegaron se pusieron a cavar un gran hoyo que disimularon con hojas, escondiéndose dentro de la casa en espera del monstruo que venía corriendo en su persecución; y tan entusiasmado venía, que no vio el agujero disimulado y cayó adentro.

Entonces todos cayeron sobre él y lo castigaron hacia darle muerto; los otros quibungos aprovecharon la lección y tomaron miedo... tanto, que nunca más volvió a aparecer ninguno (Barroso 1966: 172-4). 

Reré

Con este término africano, que designa al iniciando de una secta en el proceso de pasar su ordalía, se llama también a un mensajero o sirviente negro de un espíritu, criatura con frecuencia pueril y maliciosa.

Saci-Pererê

Tijean Petro

Tijean Pied Fin

Tijean Quinto

Trango-Mango

Tutú

 

Bibliografía 

Haydée M. Jofre Barroso (1966): De la magia y por la leyenda, Buenos Aires: Emecé.
 
Vuelta a la página principal
Retorno al origen


 
agonza59@encina.pntic.mec.es