“Nadie
debería crear una escuela en casa sin conocer a fondo su verdad
fundamental: está tomando una decisión sobre el producto de su
propia vida, no sólo sobre la educación de su hijo."
David Guterson
Desde que el
hombre es hombre, incluso antes de serlo ‒pensemos en las
últimas fases de su deriva evolutiva‒, la transmisión de
experiencias, habilidades y conocimientos pasó de padres a hijos
en una práctica que uno se imagina universalmente extendida. Sin
embargo, esta competencia instructiva-educativa, ejercida
esencialmente por la familia, con la participación de la
colectividad adyacente, va evolucionando hacia un sistema mixto,
en el que la tarea de educar es llevada a cabo de forma
compartida con la escuela, asumiendo ésta última cada vez más
protagonismo, hasta el punto de terminar reemplazando en gran
medida esta responsabilidad familiar. Sin embargo, en los
últimos tiempos, como consecuencia del fenómeno generalizado de
la reprivatización de lo público, de la desconfianza cada día
mayor en la capacidad de la escuela para formar adecuadamente a
los menores, de las nuevas formas de acceso al conocimiento, y
de diferentes motivaciones personales, estamos asistiendo al
resurgimiento y recuperación de la familia como instancia
instructiva-educativa, cerrando, así, un círculo que se inició
justamente en este mismo punto.
El objeto de
este trabajo es dar cuenta de cómo se produce este retroceso a
formas educativas ya pasadas, y determinar las causas
particulares que lo generan.
El
homeschooling, tal y como se manifiesta en nuestros días, es
algo más que una práctica instructiva-educativa que nos
retrotrae al modelo inmemorial de la educación transmitida en la
familia y por la familia; es un ejercicio de rebeldía ante un
sistema educativo que impone la escolarización obligatoria y
que, por consiguiente, cierra todas las puertas a otras formas
alternativas de educación. Desde este punto de vista, el
homeschooling se erige en movimiento (1)
reivindicativo de una opción educativa, que quienes la practican
consideran absolutamente legítima y para la que piden el
oportuno reconocimiento legal.
Los
que educan en casa no sólo se enfrentan a la falta de
reconocimiento legal de esta práctica educativa, sino también a
la no aceptación social. El homeschooling, al igual que
otros movimientos minoritarios (el ecologista, el pacifista, el
feminista, el de la lucha por los derechos civiles, el
antiglobalización, el altermundialista, o el de objeción al
servicio militar, por no citar más que alguno de los
existentes), pertenece a ese género de fenómenos que, por su
carácter alternativo, contracultural y rupturista, encuentran
dificultades de aceptación en la sociedad de referencia. Todos
ellos se caracterizan por generar desconfianza, cuando no
rechazo, en la ciudadanía. Parte de esa susceptibilidad procede
de la falta de información que sobre los mismos se tiene.
Abordamos, pues,
el presente trabajo con el objetivo de contribuir a que el
fenómeno del homeschooling sea mejor conocido, para,
desde la información poder valorarlo en su justa medida y
evitar, así, juicios poco fundamentados.
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(1) Otorgamos al homeschooling el estatus de
“movimiento”, teniendo en cuenta que desarrolla y propaga
tendencias educativas de carácter “innovador”