7. ANTE LOS EXÁMENES
OBLIGATORIOS
Una de
las reivindicaciones históricas de prácticamente todos los que
educan en casa es la de que sus hijos puedan presentarse a los
exámenes oficiales
de forma
libre y sin penalización alguna
(actualmente los niños deben esperar a los 18 años para optar a
las pruebas de
Graduado en
Secundaria). Tal reivindicación de exámenes voluntarios nada
tiene que ver con los exámenes obligatorios a los que se verían
abocados los niños homeschoolers tras una hipotética
regulación de esta opción educativa. Ante dicha posibilidad, el
colectivo homeschooler se posiciona de forma muy dispar,
incluso contradictoria, encontrándose, por un lado, los que se
oponen radicalmente a tal eventualidad y, por otro, los que la
aceptarían, siempre y cuando fuese respetuosa con la
idiosincrasia de a esta práctica educativa.
En contra de los
exámenes obligatorios
La inmensa
mayoría de los padres homeschoolers se manifiestan en
contra de eventuales exámenes obligatorios como fórmula de
control del rendimiento educativo de sus hijos. Consideran que
ni el procedimiento (exámenes), ni la condición de obligatorios
resultan adecuados para ser aplicados en el contexto del
homeschooling. Para comenzar, estos padres condenan la
imposición como estrategia educativa (la educación es entendida
como un acto voluntario al que los niños han de llegar por
convicción y deseo personal, y no por coacción o exigencia
externa), y, además, entienden que no se pueden aplicar
instrumentos de valoración tan formales y convencionales como
son los exámenes escolares, en contextos tan informales como
los de la educación en casa.
Si lo que se
plantea es algún tipo de exámenes aunque sean cada dos años,
tocaría la base del homeschooling para muchas familias. Son
muchos los que no seguimos el temario oficial, los que nuestros
hijos están adelantados o atrasados en diferentes materias, los
que no estudiamos a la manera convencional y por lo tanto no
queremos rendir en exámenes convencionales. Sin contar los
numerosos niños que tienen fobia a todo lo escolar, incluidos
los exámenes. Además sin contar con el "vacío" que se produce si
nuestros hijos no pasaran los exámenes, ya que en ese caso ¿qué
deberían hacer? ¿repetir curso? ¿ir al colegio? En fin, un poco
absurdo.(Foro de la Asociación por la Libre Educación. Malena.
22 de marzo de 2011)
[…] los
exámenes no evaluarán los conocimientos de mis hijos en piano o
saxo o bajo eléctrico, ni en ajedrez, ni en Lego, ni en cocina,
ni en lapbooks, ni en tantas cosas a las que dedican su tiempo y
que lo hacen de una forma satisfactoria (al menos para mí).(Foro
de la Asociación por la Libre Educación. Malena. 23 de marzo de
2011)
Si las familias
que utilizan un modelo educativo estructurado no admiten el
recurso a los exámenes obligatorios como forma externa de
control, menos aún las que carecen de método, es decir, las
familias unschooling, cuyo posicionamiento es de rechazo
frontal a esta forma de supervisión. Consideran estos padres que
nadie tiene derecho a entremeterse y, menos aún, a juzgar el
proceso formativo de los niños. Son los mismos menores los
únicos que pueden decidir sobre sus propios aprendizajes.
[…] no quiero
la situación que se está viviendo en Francia o Inglaterra, que
los niños deben dar exámenes. […] En nuestra familia nosotros
seguimos la línea marcada por John Holt o Neill, que es que el
niño es capaz en todo momento de ir determinando que es lo que
quiere hacer con su vida, no los adultos. Por ello no acuerdo
con aquellos que argumentan que los exámenes son buenos, son
necesarios y te ayudan a enfrentarte en esta sociedad. Los
exámenes son lo que los niños quieran que sean no lo que
pensamos los adultos, supongamos que se aprueba una ley que dice
que se debe dar un examen anual y el niño no quiere darlo, han
pensado que pasaría. Yo creo que aquí estriba una de las
diferencias fundamentales […] que el niño hasta los 12 años no
debe hacer trabajo de tipo intelectual, cómo se lo explicas al
burócrata de turno que tu niño no quiere dar exámenes, sino que
quiere jugar. (Educacionlibre. Mensaje 951)
[…] quiero que
mi hijo sea quien decida lo que le interesa o no le interesa
estudiar, y que lo haga a su ritmo, sin la presión de un examen.
Que eso le supone que no tendrá un titulo, si es cierto. Pero
como no sé lo que querrá en un futuro, tengo que pensar en el
ahora, y confío bastante en su intuición para saber lo que
quiere, y veo cómo aprende lo que quiere y cómo rechaza lo que
se le intenta enseñar sin quererlo. (Educacionlibre. Mensaje
979)
A favor de los
exámenes obligatorios
Frente a los que
rechazan los exámenes obligatorios, se encuentran los que los
contemplan como una opción asumible. No defienden su naturaleza,
es decir, no consideran que sean el método ideal para valorar el
rendimiento académico de los niños; sin embargo, piensan que es
preferible someterse a ellos que quedar fuera del sistema. Así
mismo, piensan que es una forma de integrar a los menores en la
sociedad de la que forman parte como elemento activo.
Es perjudicial
para los niños, tantos controles, exámenes, y revisiones
constantes de nivel que efectúa la escuela. Pero creemos que
tampoco podemos quedar de espaldas al mundo en que vivimos y
menos si deseamos que nuestros hijos se integren a él de
mayores.
¿Acaso en el
mundo de los adultos y diríamos más, en el de los adolescentes,
no existen controles? Tanto para trabajar, hacer un curso de
formación, sacarte el carnet de conducir y muchísimos etcéteras
más.
Realmente
pasar algún examen es una buena experiencia para los niños. Y si
encima se hace en casa, no existirá ninguna presión. No es más
que educarlos en un aspecto que será positivo para su futuro (Educacionlibre.
Mensaje 290)
Algunos de estos
padres, los menos, no sólo se muestran partidarios de los
exámenes obligatorios, sino que opinan que, en caso de que los
niños se muestren reticentes a admitirlos, hay que obligarlos a
someterse a ellos. La posición de estos padres se sitúa en las
antípodas de los que se oponen a cualquier tipo de imposición
hacia los hijos.
Ah ¿y si el
niño quiere jugar y no se quiere examinar? Pues actuamos como
cuando tiene la cabeza sucia y no se la quiere lavar, o como
cuando quiere salir al parque a la una de la mañana, o como
cuando quiere que le compremos un capricho que nos parece caro e
inútil, o como cuando ha de ir al dentista y no le apetece. ¿O
es que no forzamos a nuestros niños? ¿O es que siempre hacen lo
que quieren? (Educacionlibre. Mensaje 958)
Ante posturas
como la última que acabamos de citar, determinados padres
reaccionan con estupefacción y contrariedad, señalando que es
preferible la escuela a determinados comportamientos de padres
que terminan siendo más papistas que el Papa.
Acabo de
apuntarme a vuestro grupo de discusión y me ha sorprendido mucho
este debate sobre los exámenes.[…] Ahora me doy cuenta de que
educar en casa puede significar escapar de la autoridad escolar
pero también depender aún más de la paterna o materna; parece
que no hay maestro más implacable que aquel que es además tu
padre o tu madre y si no que se lo pregunten al niño al que
fuerzan a examinarse cuando lo que quiere es jugar.
Pensaba que
educar en casa era permitir que los niños y las niñas decidieran
por sí mismos sobre lo que desean hacer con sus vidas, a su
propio ritmo, sin tener que medirse con unos baremos de "saber"
normalizados, sin tener que memorizar y restituir lo que unos
"señores" valoran como los "conocimientos necesarios" a
determinada edad.
No tenía ni
idea de que la educación en casa permitía producir "cerebritos"
condicionados al éxito por el amor de sus padres.
Pensaba que
Crecer sin Escuela servía para que los niños y las niñas fueran
más libres, y ahora me los represento más esclavos. (Educacionlibre.
Mensaje 964)