5. LA SOCIALIZACIÓN EN LA
EDUCACIÓN EN CASA
La pregunta más
frecuente y a la que más veces se ven obligados a responder los
padres que educan en casa es la relativa a la socialización de
sus hijos. Ésta es una pregunta-reproche que surge de la idea
generalizada de que no es posible la socialización de los niños
al margen de la escolarización.
A continuación
confrontamos las dos posiciones opuestas al respecto: la de los
que contemplan la escuela cómo único ámbito de socialización y
la de los que consideran que es posible alcanzar un buen nivel
de socialización al margen de la escuela.
Los defensores
de la socialización escolar
Muchos son los
sociólogos, psicólogos, etnólogos y pedagogos que ven la escuela
como el espacio ideal de socialización. Parson considera que la
escuela es la encargada de favorecer la “emancipación del niño
de su primitiva identificación emotiva con la familia” y de
asimilar “una cierta categoría de valores y de normas sociales
que se encuentran en un escalón superior a los que el niño puede
adquirir en el seno de la familia.” (Parson, 1990, p. 185)
Dreeben atribuye
a la escuela la propiedad de facilitar al menor el tránsito del
trato personal y afectivo de la familia a la relación impersonal
y categórica:
Las
propiedades sociales de las escuelas son tales, que contendiendo
con la secuencia de tareas y situaciones de clase, es más
probable que descubran a los individuos los principios (vg.:
normas sociales) de independencia, logro, universalismo y
especificidad que si han sido miembros a tiempo completo de la
familia. (Dreeben, R., 1990, p. 141)
Fernández
Enguita otorga a la escolarización un papel que trasciende la
tarea de simple correa de transmisión de los saberes. Considera
este autor que la escolarización desempeña una importante
función: la de procurar a los menores la socialización que otras
instancias son incapaces de proporcionarles, contribuyendo, de
esta forma a crear cohesión social.
La escuela
nació para socializar de otro modo que la familia, superando sus
limitaciones. Para formar productores y ciudadanos, i. e.,
personas autónomas en una economía de intercambio y una sociedad
demoliberal. Ya otras sociedades habían considerado a la familia
insuficiente: desde la polis griega, con sus escuelas y
barracones militares, hasta los artesanos y la nobleza
medievales, enviando su prole a los talleres y cortes de otros.
La modernidad
va más lejos, pues mercado y empresa requieren una disposición y
lealtad en los vínculos débiles, y el Estado una identificación
y solidaridad colectivas, que la familia no asegura. Porque
podría no querer hacerlo y porque no basta con predicarlo, pues
se precisa un proceso de experiencia que ella no puede
proporcionar pero la escuela sí. La familia es una institución
primaria y prepara bien para otras (la familia de destino, la
parentela más amplia o la comunidad vecinal); la escuela es una
institución secundaria y anticipa las características de otras
no menos importantes: Estado, empresas, asociaciones...
Por eso es
derecho y deber. Derecho, más allá del genérico a la educación,
porque hay aspectos de ésta que sólo la escuela puede
garantizar. Deber, porque también es un derecho de toda la
sociedad frente al individuo. […]
La escuela es
más que un proveedor de desarrollo personal: es un mecanismo de
cohesión social. (Fernández Enguita, M., 2008, 22 de octubre)
Para Sócrates
Freire la escuela es el lugar en el que los niños aprenden las
indispensables lecciones de la convivencia y de la solidaridad,
tan necesarias para una adecuada vida en comunidad.
Los trabajos en equipo en el aula, los
juegos colectivos en el patio y hasta la solidaridad de los
alumnos frente al profesor (cuando quien sabe la respuesta a una
pregunta del examen se la deja copiar al compañero), son buenas
pruebas de que la interiorización de los lazos que permiten la
solidaridad y la cooperación sólo se consigue en los espacios
escolares. De hecho, la escuela es, en muchos lugares, una isla
en la que se aprende a colaborar con el otro y a ayudarlo en
medio de un océano social en el que la insolidaridad, la
competitividad y el individualismo son dominantes. (Freire, S.,
2008, s.p.)
Sustituir esta forma de relación por otras en las que prime el
individualismo conduciría, en palabras de este autor, al
naufragio social. Por otra parte, la enseñanza grupal facilita
también la integración de los diferentes.
Cuando un niño con una minusvalía se
integra en una escuela aprende a superar sus dificultades
enfrentándose a los mismos problemas que los demás y a encontrar
compañeros con los que relacionarse superando su problema
individual. Pero para los demás niños, la integración de ese
compañero que tiene dificultades es una oportunidad para
entender su mundo, para comprender los problemas con los que se
enfrenta a diario y para aprender la necesidad de ayudar en todo
aquello que le permita vivir como los demás. Cuando el problema
no es físico o psicológico sino que quien se integra pertenece a
un colectivo diferente al de la mayoría (por etnia, cultura,
religión...) se aprenden esos mismos valores de respeto al otro,
pero, además, se ponen las bases para hacer posible la
tolerancia en la convivencia social. (Freire, S., 2008, s.p.)
López Rupérez
señala que, incluso cuando la socialización entre iguales se
produce fuera del ámbito escolar, el hecho de que los menores
permanezcan de forma continuada en el centro educativo hace de
él su principal medio de socialización.
Además, lo que
pasa en su interior puede influir, de un modo indirecto, en lo
que pasa fuera de él, es decir, en otros entornos de
socialización en los cuales el individuo constituye un vector de
transmisión de valores, pautas y normas de conducta compartidas,
de uno u otro modo, en el entorno escolar, en su núcleo o en su
periferia. (López Rupérez, F., 2007, p. 8)
Hay también
quienes, aún estando en desacuerdo con la escuela como modelo
socializador y educativo en general, la prefieren a otras
prácticas educativas alternativas, como el homeschooling.
Tal es el caso del profesor Leopoldo Munera, quien resaltando
las limitaciones y los riesgos que comporta la práctica del
homeschooling, aboga por la escuela como modelo que otorga
mayor libertad de acción y mayores posibilidades de
socialización y crecimiento a los niños.
2. […] Yo
deseo que mi hija pueda relativizarme (podría hablar horas
enteras sobre el carácter opresivo de la institución familiar,
tan o más fuerte que el de la escolar), pueda relativizar mi
mundo, mi forma de pensar, mis valores, mis sueños, el sentido
de mi vida, yo deseo que mi hija tenga la oportunidad de
liberarse de mí y volver a relacionarse conmigo desde su mirada
emancipada. Tengo serias dudas de que lo logre si además de ser
"el papá más lindo de Gabriela" (como me lo escribió
socarronamente en una tarjeta cuando tenía ocho años), me
convierto en el profesor más inteligente de Gabriela, en el
maestro más sabio de Gabriela, en el mejor compañero de
Gabriela, dentro de un proyecto desescolarizado. Hace unos
cuatro años me dijo: "de pronto, en el colegio, me di cuenta de
que ni tú ni mi mamá son tan perfectos como yo había creído y me
di cuenta observando a los papás y a las mamás de otras niñas y
a mis profesores", ese día empecé a respirar con más
tranquilidad, pues comprendí que ella empezaba a liberarse de
nosotros, en buena medida gracias al colegio.
3. Quiero que
mi hija se forme en las terribles relaciones de poder que genera
esta sociedad, quiero que enfrente la envidia, la rabia, el
odio, la frustración con la que vivimos los colombianos y quiero
que lo haga en un escenario que no esté bajo mi control y
protección. Deseo que reflexione sobre las drogas, sus opciones
sexuales, los problemas del país....por fuera de mi sombrilla
protectora y que recurra a mí cuando lo considere necesario,
libremente y no porque soy su principal o única alternativa.
Quiero que mi hija asuma el riesgo de vivir y creo que si le
invado todos sus espacios de socialización le voy a quitar la
posibilidad de la contingencia, le voy a nublar el horizonte de
su propia vida.
Estas rápidas
reflexiones no implican un cuestionamiento radical y un rechazo
a la educación desescolarizada, sólo un desafío, pero un desafío
que viene de la escuela.” (Educacionlibre, Mensaje 2414)
Los defensores
de la socialización en casa
Los que educan
en casa y quienes, desde un plano puramente teórico, defienden
esta opción educativa no comparten la afirmación de que la
escuela sea la única instancia capaz de socializar a los menores
y, menos aún, de que lo haga de la forma más adecuada. Estas
personas se muestran muy críticas con el papel socializador de
la institución escolar. Piensan que el modelo socio-relacional
puesto en práctica por ella presenta graves carencias e
importantes disfunciones, al tiempo que afirman que la
alternativa educativa que ellas proponen mejora dicho modelo.
Por qué la
escuela no es el lugar más apropiado para la socialización de
los menores
La primera de
las carencias y disfunciones que determinados investigadores y
practicantes del homeschooling encuentran en la escuela
es la ausencia de transversalidad en las relaciones con personas
de distintas edades (los menores educados en la escuela conviven
mucho tiempo con los de su misma edad y muy poco con los
adultos) y la escasa o nula participación e implicación de éstos
en las diferentes situaciones de la vida cotidiana. Además, la
relación que se produce entre los menores es calificada de
pseudo-convivencia entre pares, pues los niños en la escuela
interactúan poco, al pasar la mayor parte del tiempo bajo la
vigilancia del profesor.
¿Es necesario
para una buena socialización que los niños estén diariamente con
otros 30 de su edad trabajando a la vez? […] Pienso que en la
escuela no hay mucho tiempo de relacionarse abiertamente: los
recreos son cortos y durante las clases no se les deja charlar,
los contactos son furtivos. También se da más competitividad y
trato casi exclusivo con los de edad parecida. Mucho de sus
charlas se ocupa con temas de televisión, de asignaturas y de
procurar ser igual o un poco más que el otro, pero siempre
siguiendo un patrón que no se salga de la norma habitual.
(Crecer sin Escuela (RCSE), 1998, nº 4, p. 8).
[…] la escuela
no puede ser un agente socializador bueno para nada porque
efectivamente no refleja a la sociedad -dentro de ella no
existen de forma igual los grupos sociales que hay fuera, ni por
supuesto, las relaciones que se dan dentro no son iguales.
Bebés, niños, adolescentes, adultos, viejos, mujeres, hombres,
trabajadores, pensionistas - CADA UNO HACIENDO LO QUE TIENE QUE
HACER en la sociedad, cada uno con su actividad que se cruza con
la de otro, la interacción que resulta de aquí, todos estos
procesos sociales paralelos e infinitos en los que vivimos cada
día... esto no se da y no se puede dar en la escuela, por lo
tanto, lo que me "venden los expertos" - esta supuesta
"socialización" no existe y no puede existir allí. (Foro de ALE,
5 de julio de 2010.)
Socializar
nunca puede ser estar en un espacio acotado con iguales bajo la
supervisión de una autoridad. Esa socialización no es la forma
natural en la que nos movemos por el mundo, ni siquiera en una
oficina, en una fábrica ni en la misma cárcel. El silencio de
las aulas, la formación en filas, la uniformidad en las
actividades... nada de eso es una socialización natural.” (Foro
de ALE, 5 de julio de 2010.)
En la Revista
Crecer sin Escuela (RCSE, 1998, nº 4, pp. 10-15), una madre pasa
revista a las lagunas de la escuela en el campo de la
socialización. Comienza citando a Urie Bronfenbrener y,
basándose en las relaciones interpersonales que se producen en
el proceso del desarrollo humano (las primeras relaciones son
diádicas –madre/hijo–, posteriormente pasan a ser triádicas
–madre/padre/hijo–, llegando a ser como máximo, en relación
directa, tetrádicas o de cuatro personas), esta madre argumenta
que la escuela no es un lugar adecuado para la socialización, ya
que en ella no se dan estos tres tipos de relación, sino
relaciones veinticincoádicas o treintádicas, que suele ser el
número habitual de alumnos en una clase. Señala que es cierto
que, en ocasiones, en la escuela se trabaja en pequeños grupos,
pero esta práctica, además de ser muy poco habitual es también
teórica, pues casi nunca suele superar el nivel de la simple
agrupación física, porque, en realidad, el grupo suele seguir
trabajando individualmente. Cada niño realiza su actividad y,
sólo en ocasiones, comparte materiales y resultados.
Con respecto a
la molaridad o significatividad de las actividades de la
escuela, afirma esta madre que ésta suele ser muy pequeña. Las
actividades colectivas suelen limitarse a eventos y fechas muy
específicas y señaladas (fiesta de Navidad o de fin de curso o a
la entrega de notas), o a la acción esporádica y muy poco común
de algún profesor bien intencionado y voluntarioso dispuesto a
trabajar más de lo que se le exige, cosa bastante infrecuente.
Continúa
argumentando que en el colegio no hay ni tiempo, ni intención
para el juego, salvo durante los recreos, pero sin trascendencia
social, ya que nadie se entera de lo que hacen los menores.
La
contextualización de los programas educativos que abogan por la
participación de los padres en el proceso educativo no deja de
ser una buena intención que no tiene reflejo en la práctica
académica diaria. Los centros educativos se cuidan mucho de
delimitar el campo de acción de cada colectivo: los padres en
casa y los profesores en el centro; cada uno en su sitio.
El modelo de
socialización propuesto por la escuela no es un concepto neutro
Hay quienes
piensan que el tipo de socialización defendido y puesto en
práctica por la escuela “no es ningún concepto neutro, sino que
tiene fuertes connotaciones de valores transmitidos” (Crecer sin
Escuela (RCSE), 1997, nº 2, p. 6). Ángel Pérez Gómez,
catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la
Universidad de Málaga, refiriéndose a la socialización de la
escuela, destaca los valores negativos por ella transmitidos, y
lo hace en los siguientes términos:
La escuela,
pues, en este sentido de socialización, transmite y consolida,
de forma explícita a veces y latentes las más, una ideología
cuyos valores son el individualismo, la competitividad y la
insolidaridad, la igualdad formal de oportunidades y la
desigualdad ‘natural’ de resultados en función de capacidades y
esfuerzos individuales. (Gimeno Sacristán, J. y Pérez Gómez, A.,
2002, p. 20)
Los recelos del
modelo socializador del homeschooling proviene del
desconocimiento que existe de este modelo educativo.
Péter Szil,
padre desescolarizador y defensor de la socialización de los
menores en familia, considera que la leyenda negra que se cierne
sobre el homeschooling, al que se juzga incapaz de
integrar adecuadamente a los niños en la sociedad a través de
una socialización eficaz y oportuna, obedece esencialmente a la
falta de información que sobre él existe y a los prejuicios que
se derivan de la consideración de la escuela como institución
única e imprescindible:
En España
muchos expertos, psicólogos y educadores pregonan todavía sus
dogmas no sólo sobre los supuestos beneficios de la
escolarización, sino también sobre los daños irreversibles de la
no escolarización sin haber conocido personalmente algún niño
que haya crecido sin ir al colegio. Su argumento preferido es el
de la socialización, al estilo de los que esgrimen que para
hacerse hombre hay que ir a la mili y no mencionan que también
existe una socialización negativa. […] La diferencia entre la
socialización de niños escolarizados y no escolarizados es que
los primeros pasan muchas horas al día con muchos niños de la
misma edad, mientras que los últimos se socializan a través de
contactos más individuales con niños y jóvenes de edades
diferentes y con adultos. Estudios realizados en países donde ya
existen varias generaciones de personas no escolarizadas
muestran más bien que los niños no escolarizados son más
cooperadores y que ven a los adultos como aliados y no como
enemigos. (Szil, P., 2001, s.p.)
A la acusación
de que los menores educados en casa presentan un déficit de
socialización, los padres suelen responder argumentando que su
modelo socializador es más rico que el que se produce en la
escuela, ya que es transversal, es decir, recorre todas las
edades. Los niños así educados se relacionan tanto con menores
como con adultos. Además esta socialización se basa en
relaciones positivas y no negativas como sucede en la escuela.
La temprana
inserción de los menores en el mundo de los adultos
Los niños
educados en casa se relacionan mucho más con las personas
adultas que los escolarizados. Además, esta relación se produce
en condiciones de horizontalidad, y desde la más temprana edad,
lo que desarrolla en los menores actitudes poco comunes con
relación al resto de niños escolarizados. Es muy habitual en
este colectivo que los niños se integren y participen en las
conversaciones de los adultos en un plano de igualdad.
[…] nuestros
hijos, […] desde su nacimiento han participado de las visitas de
nuestros amigos adultos de forma natural; no se les tenía aparte
en la conversación cuando querían, sin recriminaciones por
meterse en la conversación cuando querían.” (Crecer sin Escuela
(RCSE), 1998, nº 4, p. 7).
En contra de una
socialización excesivamente temprana. La teoría del apego
John Bowlby
(1989) fue el primero en elaborar la teoría del apego, según la
cual los seres humanos tenemos una tendencia innata a
vincularnos afectivamente con personas que nos son cercanas.
Crecer rodeados de afectos es crecer física y emocionalmente
sanos. Cuando esta relación de afectividad no existe o cuando se
rompe el vínculo que une al menor con las personas queridas se
produce angustia y contrariedad. Este autor considera esencial
para la salud mental del niño el mantenimiento de una estrecha y
continuada relación con la madre o con la persona que haga sus
funciones.
Son muchos los
investigadores que consideran esta relación de apego como un
aval para encarar la vida de forma saludable y gozosa. Su
ausencia o, lo que es lo mismo, cuando este apego resulta
fallido, es muy frecuente que las personas presenten problemas
emocionales y de conducta. Quienes han disfrutado de un apego
seguro suelen ser personas más abiertas, más flexibles, más
capaces de hacer frente a la adversidad, de adaptarse a las
nuevas realidades. En el terreno de lo interpersonal, suelen ser
más positivas, se integran de mejor manera con los demás y
disponen de una buena autoestima.
Escolarizar a
los niños antes de los tres o cuatro años, romper el vínculo que
los une a sus padres, suele traer consecuencias nefastas para
los menores, y eso a pesar de los mecanismos de autorregulación
que habitualmente se desencadenan para compensar tal carencia.
Dicen los expertos que es infrecuente que el apego se presente
entre dos menores; sin embargo, en situaciones de desamparo, es
muy habitual que los niños compensen esa separación vinculándose
a otro menor. Malisa Derendinger, en su artículo “Consecuencias
de la ‘socialización precoz’”, cuenta (recurriendo a casos
procedentes de su experiencia investigadora) cómo los niños
prematuramente escolarizados reemplazan la figura materna o
paterna por la de un compañero, como sustituto de emergencia.
He podido
observar niños muy pequeños, de dos y tres años, que van siempre
con un mismo compañerito, sobre todo a la hora de comer o de la
siesta. Se cuidan mutuamente, se consuelan, vigilan que el otro
niño no se descuide su servilleta... Los cuidadores se
maravillan de lo «amigos» que son. Yo no creo que sean amigos en
sentido estricto. Creo que ofician de mamá el uno para el otro
en momentos en los que, como bien dicen Amorós y Portabella
(2001) «...aumentan las ansiedades de separación de la madre, de
la familia, ya que son momentos íntimos que ponen al niño más en
contacto con la ausencia.» Estas «amistades» también las he
podido observar en niños que pasan de la guardería a la escuela
infantil, alrededor de los tres años, y que suelen ir en pareja
con otro niño que proviene de la misma guardería. Van siempre
cogidos de la mano, sentados a la misma mesa, no toleran que se
les separe y si esto ocurre, lloran desesperados. (p. 16)
Para esta
investigadora antes de los cinco o seis años los niños no
deberían ser escolarizados, ya que hasta esa edad no están en
condiciones de relacionarse con los de su edad, siguiendo
criterios de afinidad y simpatía. A partir de esa edad ya pueden
comenzar una relación interpares sin sufrir el trauma de la
ausencia del apego materno o paterno.
En ese momento
ya pueden comenzar a tener una vida privada al margen de la vida
familiar. […]
El niño puede
empezar a sentirse, entonces, un ser autónomo entre otros seres
autónomos, par entre pares, con los mismos derechos y
obligaciones que los otros niños, sujeto a la autoridad y bajo
la protección de los adultos. Es en este momento cuando la
capacidad para la amistad, la cooperación, la solidaridad
comienza a desplegarse con la autenticidad que caracteriza a la
verdadera socialización. Afianzada en identificaciones profundas
con los valores de los adultos irá madurando a lo largo de la
vida. (Derendinger, M., pp. 16-17)
En la misma
línea de John Bowlby, Winnicott y otros teóricos de la teoría
del apego, Malisa Derendinger considera que una escolarización
excesivamente temprana puede hallarse en el origen de muchos
conflictos de los jóvenes en el futuro, como el fracaso escolar,
la violencia en las aulas y fuera de ellas, la falta de madurez,
etc.
¿Tiene algo
que ver lo que he expuesto con los fracasos en la escuela
secundaria? ¿con estos adolescentes que parecían tan brillantes
pero que no terminan de hacerse adultos? ¿que fracasan en sus
estudios? ¿con la violencia y con la falta de respeto de los
adolescentes en las aulas? ¿con la dificultad de los profesores
de enseñanza secundaria para ser escuchados?
Anticipo una
respuesta: creo que sí, que algo tiene que ver, aunque
probablemente no todo. Creo que cualquier exigencia en el
sentido de una sobreadaptación genera una falsa adaptación; que
un exceso de estimulación genera pasividad; que un aprendizaje
promovido antes de que exista la capacidad de aprehenderlo
genera automatización o mecanización; que si entramos en la
contradicción de exigir a los bebés como si fueran niños y de
consentir a los niños como si fueran bebés, generamos
pseudoadultos. Generamos personas con una identidad endeble,
poco consistente, que tendrá dificultades para enfrentar las
turbulencias de todo tipo que surgen en la adolescencia. Avanzar
hacia una identidad adulta exige poseer una identidad sólida que
permita al adolescente abandonar su identidad infantil sin
hundirse y sin tener que aferrarse a identidades prestadas,
confusas y superficiales. (Derendinger, M., p. 21)
Las teorías de
Raymond y Dorothy Moore respecto a la socialización de los
menores en edades tempranas
Muchas son las
familias homeschoolers que se declaran fervientes
seguidoras de los planteamientos y de las orientaciones
pedagógicas de Raymond y Dorothy Moore. En su libro Better Late
Than Early (1975) (Más vale tarde que temprano), estos pedagogos
sintetizan los resultados de sus investigaciones sobre más de
8.000 estudios procedentes de otros investigadores relativos a
la educación de los menores en lo concerniente a su desarrollo
físico y mental. A través de dicho análisis llegan a la
conclusión de que una escolarización demasiado temprana (antes
de los 10 e incluso de los 12 años) resulta perjudicial para el
desarrollo físico, moral, intelectual y para la socialización de
los niños. Señalan que los problemas de conducta y de
delincuencia juvenil tienen una relación directa con la temprana
escolarización. Los Moore sostienen que la familia es el espacio
socio-afectivo ideal en el que el menor puede construir y
desarrollar su sistema de valores, donde establece las
relaciones emocionales significativas y donde crea su propia
identidad. Consideran que, hasta que estas cualidades no se
desarrollan plenamente, el menor no debe incorporarse a la
escuela, pues sin ellas el rendimiento escolar y la
socialización positiva no son posibles.
Raymond y
Dorothy Moore afirman que la incorporación demasiado temprana
del niño a la escuela crea situaciones de dependencia respecto a
los compañeros, al tiempo que su autoestima disminuye y el
fracaso escolar alcanza grados de probabilidad muy altos.
Las dificultades
de la socialización en el homeschooling
El hecho de que
quienes educan en casa defiendan la socialización que se produce
con esta práctica educativa no significa que no sean conscientes
de las dificultades que tal tarea conlleva. De hecho, es muy
común que reconozcan que se trata de uno de los temas que más
inquietud les genera y el que más tiempo y energías exige de
ellos: “[…] los que optamos por la educación en casa lo tenemos
muy duro para que los nuestros estén con otros niños.” (Crecer
sin Escuela (RCSE), 2003, nº 13, p. 16). También es el que más
recelos y mayor controversia suscita en la sociedad: “Es
curioso, la gente normal y corriente nunca utiliza la palabra
"socialización" a menos que sea para interrogar a una persona
que no manda a los niños al colegio.” (Educacionlibre, Mensaje
226)
Las dificultades
de socialización expresadas en el ámbito homeschooler son
muchas y de muy diverso orden. En unos casos se refieren a las
situaciones de aislamiento físico y social en las que viven las
familias, en otros, a la escasez de lugares de encuentro, a los
problemas de afinidad entre personas, a la incompatibilidad con
los horarios de la escuela, a la tendencia de la familias a
replegarse sobre sí mismas, a la tendencia de los padres a
intervenir en la elección de las amistades, a las dudas que
ciertos padres tienen sobre la conveniencia de socializar
formalmente a los niños, y un largo etcétera más.
Las situaciones
de aislamiento
En épocas
pasadas era habitual que las familias homeschoolers se
aislasen de la sociedad y buscasen refugio en una vida en
contacto con la naturaleza. Hoy en día esta forma de vida es
mucho menos frecuente, aunque siga dándose. Al aislamiento en el
medio rural le ha sucedido el aislamiento en el medio urbano,
caracterizado por un estilo de vida excesivamente centrado en el
ámbito familiar.
Quizás el
punto más débil de la socialización de los educados en casa sea
motivado por el tipo de vida actual... familias con uno o dos
hijos a lo sumo, viviendo en grandes núcleos urbanos con una
tendencia cada vez mayor a encerrarse en sus propias casas,
limitando las relaciones. En un pueblo, y/o la presencia de más
hijos/hijas hace que la dificultad disminuya. Por eso creo que
quienes peor lo tienen es quienes educan en casa en ciudades,
tienen pocos hij@s, además llevan una vida "burguesa" en el
sentido más moderno de la palabra, o sea encerrada en sí misma.
También es más habitual en los casos de niñ@s no escolarizados
nunca, o cuando se producen cambios de domicilio habitual. (Educacionlibre,
Mensaje 1417)
La falta de
lugares de encuentro
En el medio
urbano hay niños con los que teóricamente los menores podrían
relacionarse, sin embargo las familias echan en falta más
espacios en los que tal relación pueda producirse de forma
fluida e intensa. “Otra dificultad es que, excepto los parques
(donde van sobre todo los pequeños), no hay apenas lugares de
encuentro.” (Crecer sin
Escuela (RCSE), nº 4 (1998),
p. 8.)
La necesidad de
encontrar afinidades a dos bandas: (entre niños, por una parte,
y entre familias, por otra)
Los encuentros
entre los niños homeschoolers no suelen producirse con la
misma fluidez que en la escuela, ni tampoco suelen tener la
misma espontaneidad, pues los padres acostumbran a intermediar
en este proceso, lo cual hace que la relación se complique, pues
a la dificultad de encontrar niños afines, capaces de congeniar
entre sí, hay que sumar la dificultad añadida de hallar padres
que sintonicen entre ellos.
El problema es
siempre encontrar la "familia amiga" - esto no es fácil - caso
en el que los padres se llevan tan bien que se puedan ver
semanalmente, por ejemplo, y los niños también. Porque de nada
sirve que tu hijo se lleve bien con su amiga si tú no eres amiga
de la madre. (Educacionlibre, Mensaje 1134)
Antes en la
escuela que aislado
Para
prácticamente todos los padres la socialización de sus hijos es
algo esencial. Hay quienes consideran que por encima de todas
las ventajas que se derivan de la educación en casa está la
necesidad de los niños de relacionarse convenientemente con los
de su misma edad. En caso de que se presentase el dilema de
optar por el homeschooling sin niños con los que
relacionarse o escuela con ellos, estos padres se decantarían
por la escuela, ya que, al menos, esta institución garantiza
esa necesaria relación de los menores.
Indudablemente, si un niño es hijo único y sus padres están muy
ocupados para dedicarle atención y procurarle otras relaciones,
será conveniente que se busquen la manera de que está con más
niños, sea con la escuela o de otra forma. (Crecer sin Escuela (RCSE),
nº 4 (1998), p. 8.)
Los problemas de
compatibilidad horaria entre la educación en casa y la escuela
Cuando los niños
educados en casa desean relacionarse con niños escolarizados no
siempre encuentran la oportunidad de hacerlo, entre otras
razones porque los horarios de los niños escolarizados no suelen
coincidir con los de los educados en casa.
No sé si seré
la única porque pocas veces se expone las dudas que pueden
surgir cuando se hace la escuela en casa, como las que me surgen
a mi cuando veo a los niños con ganas de jugar con otros niños,
pero están todos en el cole, con lo cual se quedan en casa o en
el parque sin usar esas energías que les hace estar muyyyyyy
inquietos. (Educacionlibre, Mensaje 1415)
La tendencia de
la familia a replegarse sobre sí misma
Un rasgo
bastante común entre las familias que educan en casa es el
replegarse sobre sí mismas, limitando al máximo los contactos
con los demás, incluso con los familiares más cercanos.
En muchas
familias, es corriente que los hermanos (sobre todo las
hermanas), los abuelos y los nietos se citen todos los fines de
semana en la casa de alguno. Aunque mi mujer es sevillana y
tiene cuatro hermanas, nunca tuvimos una relación tan constante
como sería normal en Sevilla, quizá por los diferentes intereses
que tenemos. Donde muchos niños sevillanos ven a todos sus
primos cada fin de semana, nuestras hijas tuvieron sólo visitas
esporádicas. (Educacionlibre, Mensaje 226)
La intervención
de los padres en la elección de las amistades de sus hijos
Dentro del
homeschooling hay muchos padres que controlan muy
directamente las relaciones de sus hijos. Ellos son los que las
seleccionan, los que las aconsejan y desaconsejan, los que las
propician y los que las prohíben. Algunas de las dificultades de
socialización de los niños educados en casa provienen del veto
que los padres ejercen sobre las relaciones de sus hijos.
Mis hijos por
la tarde suelen salir a jugar a la placeta de delante de casa
con bastantes niños que hay en el barrio. Pero la verdad,
depende de qué niños vienen a buscarlos, no salen. Socializar de
acuerdo, pero como padres tenemos el derecho y el deber de
elegir mínimamente las amistades de nuestros hijos pequeños. Así
lo vemos nosotros. Uno de los motivos de nuestra
desescolarización, ha sido precisamente éste. (Educacionlibre,
Mensaje 1419)
Otra fuente de
amistades que no aprovechamos de la misma forma que las demás
familias es la calle. Vivimos en una urbanización de casas
adosadas donde los niños juegan en medio de la calle todos los
días y pasan el día entero en la piscina de la comunidad durante
todo el verano. Siempre nos daba un poco de reparo dejar que
nuestras hijas fueran a la calle a la aventura todos los días;
creo que esto se debe a que queríamos guiarles un poco en cuanto
a la elección de amistades. (Educacionlibre, Mensaje 226)
En esa época
no teníamos más niños cerca, y acudíamos con cierta frecuencia a
los parques públicos para contactar con otros y disfrutar de los
columpios. Ya a esa temprana edad pudimos contrastar diferencias
educativas: abundaban niños que defendían sus propiedades
(juguetes, lugares…) y trataban con hostilidad a otros.
Sentíamos que no deseábamos ese tipo de socialización y que los
niños aprenden por imitación los comportamientos. Era necesario
procurar un ambiente con modelos más o menos adecuados.” (Crecer
sin Escuela (RCSE), 1998, nº 4, p. 7)
Ahora de
mayores, en un par de ocasiones les hemos puesto [a las hijas]
en contacto con algunas chicas que asisten a nuestras clases y
que tienen intereses similares.
De todas estas
fuentes [clases de dibujo, música, danza, piano, ballet, baile
regional y corte y confección] han escogido una cosecha de
amistades muy buenas. Suelen ser jóvenes que les interesa la
lectura y la música. Para fomentar actividades sanas, nosotros
abrimos la casa todos los viernes por la tarde. Los amigos
empiezan a llegar a las seis de la tarde cuando yo acabo mi
última clase de academia. Les damos merienda, hacen juegos de
mesa, charlan, tocan el piano, intercambian libros y chatean en
Internet (…) Luego hasta ocho jóvenes se quedan para cenar y
terminamos sobre las 10:30. Los sábados por la tarde mis hijas
suelen ir a alguna actividad para jóvenes que organiza la
iglesia evangélica [a la] que asistimos en Sevilla y los
domingos vamos a la iglesia toda la familia. Así que, entre una
cosa y otra, tienen contacto con gente de su edad casi todos los
días. (Educacionlibre, Mensaje 226)
Las dudas sobre
la necesidad de socializar a los niños
Hay incluso
padres que se preguntan si resulta realmente necesario
socializar a los menores. Piensan estos padres que la
socialización es una cualidad innata al ser humano, y que, por
lo tanto, no es necesario ejercitar. Argumentan los que así
opinan que los diferentes grados de socialización de las
personas son más bien fruto del carácter particular de cada
individuo que de la práctica relacional que hayan desarrollado.
Me gustaría
hablaros un poco de la no socialización, éste es un tema que a
la mayoría de los padres les preocupa a la obra de no
escolarizar, mi opinión es que dicha socialización ocurre
queramos o no tarde o temprano porque somos millones de personas
en el mundo y porque el ser humano es sociable por naturaleza,
hace miles de años ya vivíamos en grupos, por lo tanto no hay
nada que hacer ni aprender al respecto, más bien hay que
respetar a que la decisión la tomen los niños cuando ellos
quieran, en su momento saldrá espontánea. La socialización no se
consigue juntando un rebaño de niños.
[…] la
intimidad que nos da el estar a solas es uno de los mayores
tesoros que tenemos, es la puerta que nos lleva hacia nuestro
interior, el silencio y la meditación […]
Entonces quizá
la socialización desde la infancia no sea tan necesaria sino más
bien otro interés creado de esta sociedad. (Crecer sin Escuela (RCSE),
2005, nº 16, p. 10).
[X], 3 años,
es de carácter introvertido, al vivir un poco "aislados" lo
típico que decía la gente al verle era "cuando vaya a la escuela
ya se abrirá" o "claro, no habla porque como no está con niños",
todo eso en algún momento llegó a hacernos dudar "¿tendrán
razón?", ya que [X]no se relaciona con cualquiera, ni lo hace en
cosa de minutos, como he dicho es de carácter introvertido.
Cuando [Y], de 2 años, empezó a mostrar su carácter nos dimos
cuenta que relacionarse, para los niños, no es mucho más
diferente que para los mayores y que no todo es estar con niños,
estar con personas, ... [Y] es extrovertida, lo opuesto a [X],
le cuesta poco empezar a hablar o jugar con cualquiera que
viene, aunque no es con todos igual. De la misma manera que
nosotros, con algunas personas o niños conectan enseguida, con
otros les cuesta pero conectan y con otros no conectan para
nada. Creo que para ser sociable no es lo importante estar con
niños o con mucha gente. Sé que algo tiene que ver el carácter y
supongo que otras muchas cosas y factores que en este momento
desconozco. (Educacionlibre, Mensaje 126)
La ausencia de
problemas en la socialización de los jóvenes homeschoolers
Dentro de este
colectivo también hay familias que dicen no encontrar ningún
tipo dificultad en la relación de sus hijos con los de su edad.
[…] nuestra
casa es un lugar abierto, donde se juntan entre 5 y 12 niñas y
niños cada tarde para poner en marcha sus iniciativas, hacemos
teatro, para lo que buscamos junt@s una acción que nos impulse,
nos documentamos históricamente y después trabajamos los
personajes, sus motivaciones, sus circunstancias de modo que
podemos ponernos en su piel y empatizar con ell@s.” (Educacionlibre,
Mensaje 534)
En cuanto a la
socialización de la que tanto nos hablan es un mito. No vivimos
en las cuevas, sino en pueblos y ciudades, tenemos familia,
vecinos, amigos. Nuestros hijos salen a patinar o en bici junto
con otros niños, son chicos como cualquier otro de su edad.
Tienen sus amistades, niños escolarizados o no, y el grado de
integración en la sociedad es muy profundo. Ninguno se fija en
el tipo de enseñanza que reciben sus amigos porque son sus
amigos y punto. Van a los cumpleaños, juegan, se divierten igual
que todos los demás niños. La única diferencia es que no
aprenden con una señora desconocida, sino con sus padres que les
responden y les hacen reflexionar. (Alonso, I. 13 de abril de
2009, s.p.)
“Vivo en un
pueblo pequeño, de dos mil habitantes, y aunque mis hijos han de
ir a la ciudad al menos cuatro días cada semana, por sus
actividades extraescolares, que las hacen todas allí, el hecho
de tener vecinos ha hecho que puedan salir afuera y se pongan a
jugar con los niños del vecindario. Mis hijos nunca han tenido
problemas para socializar, ni cuando vivíamos en Cataluña, ni en
Extremadura, pero es cierto que nosotros siempre hemos tenido
una actitud proactiva, pero relajada al mismo tiempo, y que
nunca hemos vivido en una zona más aislada, siempre hemos vivido
rodeados por vecinos.” (Foro de ALE. 1 de junio de 2010)
Las
diferencias entre los niños educados en casa y los niños
escolarizados
En el
colectivo homeschooler hay padres que son conscientes
que los niños educados son diferentes a los niños escolarizados.
En primer lugar, porque unos y otros no se relacionan con la
misma frecuencia (los niños educados en casa pasan muchas menos
horas con otros niños que los educados en la escuela), y, en
segundo lugar, porque los niños homeschoolers están mucho
tiempo en contacto con los adultos. Esto hace que terminen
adoptando distintos modos y formas de conducta.
Los niños
educados en casa por mucho que se disfracen con rastas,
pendientes, pantalones por debajo de las caderas y demás
parafernalia siguen teniendo dificultades a la hora de
relacionarse, de integrarse con el resto de niños escolarizados,
porque su socialización, su tipo de relación con los de su edad
no ha tenido las mismas características que el de los niños
escolarizados. El problema no está en la imagen que ellos
reproducen, porque para presentar una imagen no necesitan
relacionarse con los demás (en este sentido las posibilidades de
ofrecer una imagen determinada son muchas), el problema está en
que no viven la situación de los niños escolarizados.
Este problema
de integración con el resto de niños escolarizados se produce
cuando entran en la adolescencia, no antes. Para suplir este
déficit las familias llevamos a nuestros hijos actividades
extraescolares, que tienen la parte gratificante del recreo del
colegio, la camaradería, pero es una cosa puntual, que no
permite mucha relación. […]
Generalizando,
podemos decir que los adolescentes educados en casa se asimilan
visualmente al resto de adolescentes educados en la escuela,
externamente uno no es capaz de distinguirlos, pero
efectivamente no son iguales, porque son el resultado de otro
modelo de formación y eso les confiere unas características que
los hace diferentes a los demás. Eso es algo que hay que
aceptar. (Entrevista a Juan Carlos Vila. 4 de marzo de 2008)
Otro tema son
las relaciones con otros adolescentes. Hasta ahora la verdad es
que no se puede considerar problema, pero quizá si se hace más
patente que antes, la dificultad para encontrar amigos afines.
Los temas que les interesan a los demás, a menudo están
influenciados por la televisión, y a muchos apenas se les ocurre
algo más que jugar con el móvil, ir al líder o consumir alguna
de las últimas películas de la cartelera fabricadas para ellos.
A menudo nuestros hijos encuentran más fácil tratar con adultos.
(Crecer sin Escuela (RCSE), 2003, nº 13, p. 5).
Conclusiones
sobre la socialización
1. La escuela,
en tanto que institución especializada en la instrucción
educativa y en el entrenamiento de prácticas socializadoras,
está tan sólidamente asentada y tan ampliamente extendida en
nuestra sociedad, que resulta difícil admitir como válidas otras
formas alternativas.
2. La
socialización que se produce en la escuela es entendida por la
mayor parte de la sociedad como emancipadora de la que tiene
lugar en el ámbito familiar, al permitir el tránsito de la
relación personal y afectiva a la impersonal y formal. Se
atribuye, por otra parte, a este modelo de socialización una
proyección colectiva favorecedora de la cohesión social, a
través de la educación en valores como la solidaridad, la
integración y la cooperación. Los defensores de la educación en
casa, por el contrario, califican el modelo socializador de la
escuela de demagógico, al tiempo que lo encuentran portador de
grandes carencias e importantes contradicciones. Estiman que la
mayor de las paradojas que presenta el sistema escolar es la de
prometer una educación valores y finalmente terminar
transmitiendo antivalores como: “el individualismo, la
competitividad y la insolidaridad, la igualdad formal de
oportunidades y la desigualdad ‘natural’ de resultados en
función de capacidades y esfuerzos individuales”, y es que la
escuela se mueve en una contradicción permanente: la de
pretender educar para la libertad y al mismo tiempo utilizar
estrategias directivas que anulan cualquier tipo de autonomía.
3. Las familias
homeschoolers creen que socializar a los menores tiene
muy poco que ver con reunir a un grupo de niños en un aula,
privándolos de la necesaria relación con personas de diferentes
edades (“socializar nunca puede ser estar en un espacio acotado
con iguales bajo la supervisión de una autoridad”). Por otra
parte la agrupación de los niños en la escuela no suele pasar de
la simple reunión física de alumnos en una clase, ya que el
método de trabajo puesto en práctica no facilita la interacción
entre ellos e impide el trabajo cooperativo.
4. La no
participación de los jóvenes escolarizados en las diferentes
situaciones de la vida cotidiana, además de no favorecer una
socialización integral, hace que los aprendizajes adquiridos
carezcan de significatividad.
5. En positivo,
los padres homeschoolers dicen ofrecer a sus hijos un
modelo de socialización más completo y racional que el escolar,
al permitir que los menores se relacionen con personas de
distintas edades, en situaciones de la vida cotidiana y en base
a relaciones positivas y de igualdad. Este modelo potencia la
interacción de los niños con los adultos desde edades muy
tempranas y en condiciones de horizontalidad.
6. Son muchos
los padres que no llevan a sus hijos al colegio con el fin de no
romper el vínculo de apego que han creado con ellos, convencidos
de que la escolarización, sobre todo en edades tempranas,
resulta negativa para el desarrollo personal y la socialización
de los menores. Este vínculo de apego es, en ocasiones, tan
fuerte que, cuando los niños alcanzan los seis o los ocho o
incluso los doce años, y están en condiciones de acceder a la
escuela, los padres deciden continuar educándolos en casa,
temerosos de que el medio escolar pueda resultarles negativo y
por entender también que no existe razón que justifique el
cambio de modelo educativo, cuando el que están practicando les
resulta positivo, tanto en lo educativo como en lo relacional.
7. En España, el
fenómeno homeschooler es tan reciente que hay muy pocos
adultos que hayan sido formados en casa, impidiendo hacer un
balance del proceso formativo en el que han crecido. No
obstante, a través de nuestros contactos personales y de las
informaciones directas e indirectas que hemos recabado, las
personas adultas que han sido educadas en casa en España se
hallan perfectamente integradas en la sociedad y son personas
responsables y comprometidas con el mundo en el que viven.
8. El diferente
número de horas de convivencia entre pares en uno y otro
colectivo hace que los esquemas mentales, las formas y las
conductas de los niños integrados en estos dos contextos
difieran enormemente. También influye el hecho de que los
primeros pasen mucho tiempo en compañía de los adultos.