TESIS DOCTORAL: "EL HOMESCHOOLING EN ESPAÑA: DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DEL FENÓMENO". Carlos Cabo

 

ANÁLISIS CUALITATIVO

5. LA SOCIALIZACIÓN EN LA EDUCACIÓN EN CASA
 

La pregunta más frecuente y a la que más veces se ven obligados a responder los padres que educan en casa es la relativa a la socialización de sus hijos. Ésta es una pregunta-reproche que surge de la idea generalizada de que no es posible la socialización de los niños al margen de la escolarización.

A continuación confrontamos las dos posiciones opuestas al respecto: la de los que contemplan la escuela cómo único ámbito de socialización y la de los que consideran que es posible alcanzar un buen nivel de socialización al margen de la escuela.

Los defensores de la socialización escolar

Muchos son los sociólogos, psicólogos, etnólogos y pedagogos que ven la escuela como el espacio ideal de socialización. Parson considera que la escuela es la encargada de favorecer la “emancipación del niño de su primitiva identificación emotiva con la familia” y de asimilar “una cierta categoría de valores y de normas sociales que se encuentran en un escalón superior a los que el niño puede adquirir en el seno de la familia.” (Parson, 1990, p. 185)

Dreeben atribuye a la escuela la propiedad de facilitar al menor el tránsito del trato personal y afectivo de la familia a la relación impersonal y categórica:

Las propiedades sociales de las escuelas son tales, que contendiendo con la secuencia de tareas y situaciones de clase, es más probable que descubran a los individuos los principios (vg.: normas sociales) de independencia, logro, universalismo y especificidad que si han sido miembros a tiempo completo de la familia. (Dreeben, R., 1990, p. 141)

Fernández Enguita otorga a la escolarización un papel que trasciende la tarea de simple correa de transmisión de los saberes. Considera este autor que la escolarización desempeña una importante función: la de procurar a los menores la socialización que otras instancias son incapaces de proporcionarles, contribuyendo, de esta forma a crear cohesión social.

La escuela nació para socializar de otro modo que la familia, superando sus limitaciones. Para formar productores y ciudadanos, i. e., personas autónomas en una economía de intercambio y una sociedad demoliberal. Ya otras sociedades habían considerado a la familia insuficiente: desde la polis griega, con sus escuelas y barracones militares, hasta los artesanos y la nobleza medievales, enviando su prole a los talleres y cortes de otros.

La modernidad va más lejos, pues mercado y empresa requieren una disposición y lealtad en los vínculos débiles, y el Estado una identificación y solidaridad colectivas, que la familia no asegura. Porque podría no querer hacerlo y porque no basta con predicarlo, pues se precisa un proceso de experiencia que ella no puede proporcionar pero la escuela sí. La familia es una institución primaria y prepara bien para otras (la familia de destino, la parentela más amplia o la comunidad vecinal); la escuela es una institución secundaria y anticipa las características de otras no menos importantes: Estado, empresas, asociaciones...

Por eso es derecho y deber. Derecho, más allá del genérico a la educación, porque hay aspectos de ésta que sólo la escuela puede garantizar. Deber, porque también es un derecho de toda la sociedad frente al individuo. […]

La escuela es más que un proveedor de desarrollo personal: es un mecanismo de cohesión social. (Fernández Enguita, M., 2008, 22 de octubre)

Para Sócrates Freire la escuela es el lugar en el que los niños aprenden las indispensables lecciones de la convivencia y de la solidaridad, tan necesarias para una adecuada vida en comunidad.

Los trabajos en equipo en el aula, los juegos colectivos en el patio y hasta la solidaridad de los alumnos frente al profesor (cuando quien sabe la respuesta a una pregunta del examen se la deja copiar al compañero), son buenas pruebas de que la interiorización de los lazos que permiten la solidaridad y la cooperación sólo se consigue en los espacios escolares. De hecho, la escuela es, en muchos lugares, una isla en la que se aprende a colaborar con el otro y a ayudarlo en medio de un océano social en el que la insolidaridad, la competitividad y el individualismo son dominantes. (Freire, S., 2008, s.p.)

Sustituir esta forma de relación por otras en las que prime el individualismo conduciría, en palabras de este autor, al naufragio social. Por otra parte, la enseñanza grupal facilita también la  integración de los diferentes.

Cuando un niño con una minusvalía se integra en una escuela aprende a superar sus dificultades enfrentándose a los mismos problemas que los demás y a encontrar compañeros con los que relacionarse superando su problema individual. Pero para los demás niños, la integración de ese compañero que tiene dificultades es una oportunidad para entender su mundo, para comprender los problemas con los que se enfrenta a diario y para aprender la necesidad de ayudar en todo aquello que le permita vivir como los demás. Cuando el problema no es físico o psicológico sino que quien se integra pertenece a un colectivo diferente al de la mayoría (por etnia, cultura, religión...) se aprenden esos mismos valores de respeto al otro, pero, además, se ponen las bases para hacer posible la tolerancia en la convivencia social. (Freire, S., 2008, s.p.)

López Rupérez señala que, incluso cuando la socialización entre iguales se produce fuera del ámbito escolar, el hecho de que los menores permanezcan de forma continuada en el centro educativo hace de él su principal medio de socialización.

Además, lo que pasa en su interior puede influir, de un modo indirecto, en lo que pasa fuera de él, es decir, en otros entornos de socialización en los cuales el individuo constituye un vector de transmisión de valores, pautas y normas de conducta compartidas, de uno u otro modo, en el entorno escolar, en su núcleo o en su periferia. (López Rupérez, F., 2007, p. 8)

Hay también quienes, aún estando en desacuerdo con la escuela como modelo socializador y educativo en general, la prefieren a otras prácticas educativas alternativas, como el homeschooling. Tal es el caso del profesor Leopoldo Munera, quien resaltando las limitaciones y los riesgos que comporta la práctica del homeschooling, aboga por la escuela como modelo que otorga mayor libertad de acción y mayores posibilidades de socialización y crecimiento a los niños.

2. […] Yo deseo que mi hija pueda relativizarme (podría hablar horas enteras sobre el carácter opresivo de la institución familiar, tan o más fuerte que el de la escolar), pueda relativizar mi mundo, mi forma de pensar, mis valores, mis sueños, el sentido de mi vida, yo deseo que mi hija tenga la oportunidad de liberarse de mí y volver a relacionarse conmigo desde su mirada emancipada. Tengo serias dudas de que lo logre si además de ser "el papá más lindo de Gabriela" (como me lo escribió socarronamente en una tarjeta cuando tenía ocho años), me convierto en el profesor más inteligente de Gabriela, en el maestro más sabio de Gabriela, en el mejor compañero de Gabriela, dentro de un proyecto desescolarizado. Hace unos cuatro años me dijo: "de pronto, en el colegio, me di cuenta de que ni tú ni mi mamá son tan perfectos como yo había creído y me di cuenta observando a los papás y a las mamás de otras niñas y a mis profesores", ese día empecé a respirar con más tranquilidad, pues comprendí que ella empezaba a liberarse de nosotros, en buena medida gracias al colegio.

3. Quiero que mi hija se forme en las terribles relaciones de poder que genera esta sociedad, quiero que enfrente la envidia, la rabia, el odio, la frustración con la que vivimos los colombianos y quiero que lo haga en un escenario que no esté bajo mi control y protección. Deseo que reflexione sobre las drogas, sus opciones sexuales, los problemas del país....por fuera de mi sombrilla protectora y que recurra a mí cuando lo considere necesario, libremente y no porque soy su principal o única alternativa. Quiero que mi hija asuma el riesgo de vivir y creo que si le invado todos sus espacios de socialización le voy a quitar la posibilidad de la contingencia, le voy a nublar el horizonte de su propia vida.

Estas rápidas reflexiones no implican un cuestionamiento radical y un rechazo a la educación desescolarizada, sólo un desafío, pero un desafío que viene de la escuela.” (Educacionlibre, Mensaje 2414)

Los defensores de la socialización en casa

Los que educan en casa y quienes, desde un plano puramente teórico, defienden esta opción educativa no comparten la afirmación de que la escuela sea la única instancia capaz de socializar a los menores y, menos aún, de que lo haga de la forma más adecuada. Estas personas se muestran muy críticas con el papel socializador de la institución escolar. Piensan que el modelo socio-relacional puesto en práctica por ella presenta graves carencias e importantes disfunciones, al tiempo que afirman que la alternativa educativa que ellas proponen mejora dicho modelo.

Por qué la escuela no es el lugar más apropiado para la socialización de los menores

La primera de las carencias y disfunciones que determinados investigadores y practicantes del homeschooling encuentran en la escuela es la ausencia de transversalidad en las relaciones con personas de distintas edades (los menores educados en la escuela conviven mucho tiempo con los de su misma edad y muy poco con los adultos) y la escasa o nula participación e implicación de éstos en las diferentes situaciones de la vida cotidiana.  Además, la relación que se produce entre los menores es calificada de pseudo-convivencia entre pares, pues los niños en la escuela interactúan poco, al pasar la mayor parte del tiempo bajo la vigilancia del profesor.

¿Es necesario para una buena socialización que los niños estén diariamente con otros 30 de su edad trabajando a la vez? […] Pienso que en la escuela no hay mucho tiempo de relacionarse abiertamente: los recreos son cortos y durante las clases no se les deja charlar, los contactos son furtivos. También se da más competitividad y trato casi exclusivo con los de edad parecida. Mucho de sus charlas se ocupa con temas de televisión, de asignaturas y de procurar ser igual o un poco más que el otro, pero siempre siguiendo un patrón que no se salga de la norma habitual. (Crecer sin Escuela (RCSE), 1998, nº 4, p. 8).

[…] la escuela no puede ser un agente socializador bueno para nada porque efectivamente no refleja a la sociedad -dentro de ella no existen de forma igual los grupos sociales que hay fuera, ni por supuesto, las relaciones que se dan dentro no son iguales. Bebés, niños, adolescentes, adultos, viejos, mujeres, hombres, trabajadores, pensionistas - CADA UNO HACIENDO LO QUE TIENE QUE HACER en la sociedad, cada uno con su actividad que se cruza con la de otro, la interacción que resulta de aquí, todos estos procesos sociales paralelos e infinitos en los que vivimos cada día... esto no se da y no se puede dar en la escuela, por lo tanto, lo que me "venden los expertos" - esta supuesta "socialización" no existe y no puede existir allí. (Foro de ALE, 5 de julio de 2010.)

Socializar nunca puede ser estar en un espacio acotado con iguales bajo la supervisión de una autoridad. Esa socialización no es la forma natural en la que nos movemos por el mundo, ni siquiera en una oficina, en una fábrica ni en la misma cárcel. El silencio de las aulas, la formación en filas, la uniformidad en las actividades... nada de eso es una socialización natural.” (Foro de ALE, 5 de julio de 2010.)

En la Revista Crecer sin Escuela (RCSE, 1998, nº 4, pp. 10-15), una madre pasa revista a  las lagunas de la escuela en el campo de la socialización. Comienza citando a  Urie Bronfenbrener y, basándose en las relaciones interpersonales que se producen en el proceso del desarrollo humano (las primeras relaciones son diádicas –madre/hijo–, posteriormente pasan a ser triádicas –madre/padre/hijo–, llegando a ser como máximo, en relación directa, tetrádicas  o de cuatro personas), esta madre argumenta que la escuela no es un lugar adecuado para la socialización, ya que en ella no se dan estos tres tipos de relación, sino relaciones veinticincoádicas o treintádicas, que suele ser el número habitual de alumnos en una clase. Señala que es cierto que, en ocasiones, en la escuela se trabaja en pequeños grupos, pero esta práctica, además de ser muy poco habitual es también teórica, pues casi nunca suele superar el nivel de la simple agrupación física, porque, en realidad, el grupo suele seguir trabajando individualmente. Cada niño realiza su actividad y, sólo en ocasiones, comparte materiales y resultados.

Con respecto a la molaridad o significatividad de las actividades de la escuela, afirma esta madre que ésta suele ser muy pequeña. Las actividades colectivas suelen limitarse a eventos y fechas muy específicas y señaladas (fiesta de Navidad o de fin de curso o a la entrega de notas), o a la acción esporádica y muy poco común de algún profesor bien intencionado y voluntarioso dispuesto a trabajar más de lo que se le exige, cosa bastante infrecuente.

Continúa argumentando que en el colegio no hay ni tiempo, ni intención para el juego, salvo durante los recreos, pero sin trascendencia social, ya que nadie se entera de lo que hacen los menores.

La contextualización de los programas educativos que abogan por la participación de los padres en el proceso educativo no deja de ser una buena intención que no tiene reflejo en la práctica académica diaria. Los centros educativos se cuidan mucho de delimitar el campo de acción de cada colectivo: los padres en casa y los profesores en el centro; cada uno en su sitio.

El modelo de socialización propuesto por la escuela no es un concepto neutro

Hay quienes piensan que el tipo de socialización defendido y puesto en práctica por la escuela “no es ningún concepto neutro, sino que tiene fuertes connotaciones de valores transmitidos” (Crecer sin Escuela (RCSE), 1997, nº 2, p. 6). Ángel Pérez Gómez, catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Málaga, refiriéndose a la socialización de la escuela, destaca los valores negativos por ella transmitidos, y lo hace en los siguientes términos:

La escuela, pues, en este sentido de socialización, transmite y consolida, de forma explícita a veces y latentes las más, una ideología cuyos valores son el individualismo, la competitividad y la insolidaridad, la igualdad formal de oportunidades y la desigualdad ‘natural’ de resultados en función de capacidades y esfuerzos individuales. (Gimeno Sacristán, J. y Pérez Gómez, A., 2002, p. 20)

Los recelos del modelo socializador del homeschooling proviene del desconocimiento que existe de este modelo educativo.

Péter Szil, padre desescolarizador y defensor de la socialización de los menores en familia, considera que la leyenda negra que se cierne sobre el homeschooling, al que se juzga incapaz de integrar adecuadamente a los niños en la sociedad a través de una socialización eficaz y oportuna, obedece esencialmente a la falta de información que sobre él existe y a los prejuicios que se derivan de la consideración de la escuela como institución única e imprescindible:

En España muchos expertos, psicólogos y educadores pregonan todavía sus dogmas no sólo sobre los supuestos beneficios de la escolarización, sino también sobre los daños irreversibles de la no escolarización sin haber conocido personalmente algún niño que haya crecido sin ir al colegio. Su argumento preferido es el de la socialización, al estilo de los que esgrimen que para hacerse hombre hay que ir a la mili y no mencionan que también existe una socialización negativa. […] La diferencia entre la socialización de niños escolarizados y no escolarizados es que los primeros pasan muchas horas al día con muchos niños de la misma edad, mientras que los últimos se socializan a través de contactos más individuales con niños y jóvenes de edades diferentes y con adultos. Estudios realizados en países donde ya existen varias generaciones de personas no escolarizadas muestran más bien que los niños no escolarizados son más cooperadores y que ven a los adultos como aliados y no como enemigos. (Szil, P., 2001, s.p.)

A la acusación de que los menores educados en casa presentan un déficit de socialización, los padres suelen responder argumentando que su modelo socializador es más rico que el que se produce en la escuela, ya que es transversal, es decir, recorre todas las edades. Los niños así educados se relacionan tanto con menores como con adultos. Además esta socialización se basa en relaciones positivas y no negativas como sucede en la escuela.

La temprana inserción de los menores en el mundo de los adultos

Los niños educados en casa se relacionan mucho más con las personas adultas que los escolarizados. Además, esta relación se produce en condiciones de horizontalidad, y desde la más temprana edad, lo que desarrolla en los menores actitudes poco comunes con relación al resto de niños escolarizados. Es muy habitual en este colectivo que los niños se integren y participen en las conversaciones de los adultos en un plano de igualdad.

[…] nuestros hijos, […] desde su nacimiento han participado de las visitas de nuestros amigos adultos de forma natural; no se les tenía aparte en la conversación cuando querían, sin recriminaciones por meterse en la conversación cuando querían.” (Crecer sin Escuela (RCSE), 1998, nº 4, p. 7).

En contra de una socialización excesivamente temprana. La teoría del apego

John Bowlby (1989) fue el primero en elaborar la teoría del apego, según la cual  los seres humanos tenemos una tendencia innata a vincularnos afectivamente con personas que nos son cercanas. Crecer rodeados de afectos es crecer física y emocionalmente sanos. Cuando esta relación de afectividad no existe o cuando se rompe el vínculo que une al menor con las personas queridas se produce angustia y contrariedad. Este autor considera esencial para la salud mental del niño el mantenimiento de una estrecha y continuada relación con la madre o con la persona que haga sus funciones.

Son muchos los investigadores que consideran esta relación de apego como un aval para encarar la vida de forma saludable y gozosa. Su ausencia o, lo que es lo mismo, cuando este apego resulta fallido, es muy frecuente que las personas presenten problemas emocionales y de conducta. Quienes han disfrutado de un apego seguro suelen ser personas más abiertas, más flexibles, más capaces de hacer frente a la adversidad, de adaptarse a las nuevas realidades. En el terreno de lo interpersonal, suelen ser más positivas, se integran de mejor manera con los demás y disponen de una buena autoestima.

Escolarizar a los niños antes de los tres o cuatro años, romper el vínculo que los une a sus padres, suele traer consecuencias nefastas para los menores, y eso a pesar de los mecanismos de autorregulación que habitualmente se desencadenan para compensar tal carencia. Dicen los expertos que es infrecuente que el apego se presente entre dos menores; sin embargo, en situaciones de desamparo, es muy habitual que los niños compensen esa separación vinculándose a otro menor. Malisa Derendinger, en su artículo “Consecuencias de la ‘socialización precoz’”, cuenta (recurriendo a casos procedentes de su experiencia investigadora) cómo los niños prematuramente escolarizados reemplazan la figura materna o paterna por la de un compañero, como sustituto de emergencia.

He podido observar niños muy pequeños, de dos y tres años, que van siempre con un mismo compañerito, sobre todo a la hora de comer o de la siesta. Se cuidan mutuamente, se consuelan, vigilan que el otro niño no se descuide su servilleta... Los cuidadores se maravillan de lo «amigos» que son. Yo no creo que sean amigos en sentido estricto. Creo que ofician de mamá el uno para el otro en momentos en los que, como bien dicen Amorós y Portabella (2001) «...aumentan las ansiedades de separación de la madre, de la familia, ya que son momentos íntimos que ponen al niño más en contacto con la ausencia.» Estas «amistades» también las he podido observar en niños que pasan de la guardería a la escuela infantil, alrededor de los tres años, y que suelen ir en pareja con otro niño que proviene de la misma guardería. Van siempre cogidos de la mano, sentados a la misma mesa, no toleran que se les separe y si esto ocurre, lloran desesperados. (p. 16)

Para esta investigadora antes de los cinco o seis años los niños no deberían ser escolarizados, ya que hasta esa edad no están en condiciones de relacionarse con los de su edad, siguiendo criterios de afinidad y simpatía. A partir de esa edad ya pueden comenzar una relación interpares sin sufrir el trauma de la ausencia del apego materno o paterno.

En ese momento ya pueden comenzar a tener una vida privada al margen de la vida familiar. […]

El niño puede empezar a sentirse, entonces, un ser autónomo entre otros seres autónomos, par entre pares, con los mismos derechos y obligaciones que los otros niños, sujeto a la autoridad y bajo la protección de los adultos. Es en este momento cuando la capacidad para la amistad, la cooperación, la solidaridad comienza a desplegarse con la autenticidad que caracteriza a la verdadera socialización. Afianzada en identificaciones profundas con los valores de los adultos irá madurando a lo largo de la vida. (Derendinger, M., pp. 16-17)

En la misma línea de John Bowlby, Winnicott y otros teóricos de la teoría del apego, Malisa Derendinger considera que una escolarización excesivamente temprana puede hallarse en el origen de muchos conflictos de los jóvenes en el futuro, como el fracaso escolar, la violencia en las aulas y fuera de ellas, la falta de madurez, etc.

¿Tiene algo que ver lo que he expuesto con los fracasos en la escuela secundaria? ¿con estos adolescentes que parecían tan brillantes pero que no terminan de hacerse adultos? ¿que fracasan en sus estudios? ¿con la violencia y con la falta de respeto de los adolescentes en las aulas? ¿con la dificultad de los profesores de enseñanza secundaria para ser escuchados?

Anticipo una respuesta: creo que sí, que algo tiene que ver, aunque probablemente no todo. Creo que cualquier exigencia en el sentido de una sobreadaptación genera una falsa adaptación; que un exceso de estimulación genera pasividad; que un aprendizaje promovido antes de que exista la capacidad de aprehenderlo genera automatización o mecanización; que si entramos en la contradicción de exigir a los bebés como si fueran niños y de consentir a los niños como si fueran bebés, generamos pseudoadultos. Generamos personas con una identidad endeble, poco consistente, que tendrá dificultades para enfrentar las turbulencias de todo tipo que surgen en la adolescencia. Avanzar hacia una identidad adulta exige poseer una identidad sólida que permita al adolescente abandonar su identidad infantil sin hundirse y sin tener que aferrarse a identidades prestadas, confusas y superficiales. (Derendinger, M., p. 21)

Las teorías de Raymond y Dorothy Moore respecto a la socialización de los menores en edades tempranas

Muchas son las familias homeschoolers que se declaran fervientes seguidoras de los planteamientos y de las orientaciones pedagógicas de Raymond y Dorothy Moore. En su libro Better Late Than Early (1975) (Más vale tarde que temprano), estos pedagogos sintetizan los resultados de sus investigaciones sobre más de 8.000 estudios procedentes de otros investigadores relativos a la educación de los menores en lo concerniente a su desarrollo físico y mental. A través de dicho análisis llegan a la conclusión de que una escolarización demasiado temprana (antes de los 10 e incluso de los 12 años) resulta perjudicial para el desarrollo físico, moral, intelectual y para la socialización de los niños. Señalan que los problemas de conducta y de delincuencia juvenil tienen una relación directa con la temprana escolarización. Los Moore sostienen que la familia es el espacio socio-afectivo ideal en el que el menor puede construir y desarrollar su sistema de valores, donde establece las relaciones emocionales significativas y donde crea su propia identidad. Consideran que, hasta que estas cualidades no se desarrollan plenamente, el menor no debe incorporarse a la escuela, pues sin ellas el rendimiento escolar y la socialización positiva no son posibles.

Raymond y Dorothy Moore afirman que la incorporación demasiado temprana del niño a la escuela crea situaciones de dependencia respecto a los compañeros, al tiempo que su autoestima disminuye y el fracaso escolar alcanza grados de probabilidad muy altos.

Las dificultades de la socialización en el homeschooling

El hecho de que quienes educan en casa defiendan la socialización que se produce con esta práctica educativa no significa que no sean conscientes de las dificultades que tal tarea conlleva. De hecho, es muy común que reconozcan que se trata de uno de los temas que más inquietud les genera y el que más tiempo y energías exige de ellos: “[…] los que optamos por la educación en casa lo tenemos muy duro para que los nuestros estén con otros niños.” (Crecer sin Escuela (RCSE), 2003, nº 13, p. 16). También es el que más recelos y mayor controversia suscita en la sociedad: “Es curioso, la gente normal y corriente nunca utiliza la palabra "socialización" a menos que sea para interrogar a una persona que no manda a los niños al colegio.” (Educacionlibre, Mensaje 226)

Las dificultades de socialización expresadas en el ámbito homeschooler son muchas y de muy diverso orden. En unos casos se refieren a las situaciones de aislamiento físico y social en las que viven las familias, en otros, a la escasez de lugares de encuentro, a los problemas de afinidad entre personas, a la incompatibilidad con los horarios de la escuela, a la tendencia de la familias a replegarse sobre sí mismas, a la tendencia de los padres a intervenir en la elección de las amistades, a las dudas que ciertos padres tienen sobre la conveniencia de socializar formalmente a los niños, y un largo etcétera más.

Las situaciones de aislamiento

En épocas pasadas era habitual que las familias homeschoolers se aislasen de la sociedad y buscasen refugio en una vida en contacto con la naturaleza. Hoy en día esta forma de vida es mucho menos frecuente, aunque siga dándose. Al aislamiento en el medio rural le ha sucedido el aislamiento en el medio urbano, caracterizado por un estilo de vida excesivamente centrado en el ámbito familiar.

Quizás el punto más débil de la socialización de los educados en casa sea motivado por el tipo de vida actual... familias con uno o dos hijos a lo sumo, viviendo en grandes núcleos urbanos con una tendencia cada vez mayor a encerrarse en sus propias casas, limitando las relaciones. En un pueblo, y/o la presencia de más hijos/hijas hace que la dificultad disminuya. Por eso creo que quienes peor lo tienen es quienes educan en casa en ciudades, tienen pocos hij@s, además llevan una vida "burguesa" en el sentido más moderno de la palabra, o sea encerrada en sí misma. También es más habitual en los casos de niñ@s no escolarizados nunca, o cuando se producen cambios de domicilio habitual. (Educacionlibre, Mensaje 1417)

La falta de lugares de encuentro

En el medio urbano hay niños con los que teóricamente los menores podrían relacionarse, sin embargo las familias echan en falta más espacios en los que tal relación pueda producirse de forma fluida e intensa. “Otra dificultad es que, excepto los parques (donde van sobre todo los pequeños), no hay apenas lugares de encuentro.” (Crecer sin Escuela (RCSE), nº 4 (1998), p. 8.)

La necesidad de encontrar afinidades a dos bandas: (entre niños, por una parte, y entre familias, por otra)

Los encuentros entre los niños homeschoolers no suelen producirse con la misma fluidez que en la escuela, ni tampoco suelen tener la misma espontaneidad, pues los padres acostumbran a intermediar en este proceso, lo cual hace que la relación se complique, pues a la dificultad de encontrar niños afines, capaces de congeniar entre sí, hay que sumar la dificultad añadida de hallar padres que sintonicen entre ellos.

El problema es siempre encontrar la "familia amiga" - esto no es fácil - caso en el que los padres se llevan tan bien que se puedan ver semanalmente, por ejemplo, y los niños también. Porque de nada sirve que tu hijo se lleve bien con su amiga si tú no eres amiga de la madre. (Educacionlibre, Mensaje 1134)

Antes en la escuela que aislado

Para prácticamente todos los padres la socialización de sus hijos es algo esencial. Hay quienes consideran que por encima de todas las ventajas que se derivan de la educación en casa está la necesidad de los niños de relacionarse convenientemente con los de su misma edad. En caso de que se presentase el dilema de optar por el homeschooling sin niños con los que relacionarse o escuela con ellos, estos padres se decantarían por la escuela, ya que, al menos, esta institución  garantiza esa necesaria relación de los menores.

Indudablemente, si un niño es hijo único y sus padres están muy ocupados para dedicarle atención y procurarle otras relaciones, será conveniente que se busquen la manera de que está con más niños, sea con la escuela o de otra forma. (Crecer sin Escuela (RCSE), nº 4 (1998), p. 8.)

Los problemas de compatibilidad horaria entre la educación en casa y la escuela

Cuando los niños educados en casa desean relacionarse con niños escolarizados no siempre encuentran la oportunidad de hacerlo, entre otras razones porque los horarios de los niños escolarizados no suelen coincidir con los de los educados en casa.

No sé si seré la única porque pocas veces se expone las dudas que pueden surgir cuando se hace la escuela en casa, como las que me surgen a mi cuando veo a los niños con ganas de jugar con otros niños, pero están todos en el cole, con lo cual se quedan en casa o en el parque sin usar esas energías que les hace estar muyyyyyy inquietos. (Educacionlibre, Mensaje 1415)

La tendencia de la familia a replegarse sobre sí misma

Un rasgo bastante común entre las familias que educan en casa es el replegarse sobre sí mismas, limitando al máximo los contactos con los demás, incluso con los familiares más cercanos.

En muchas familias, es corriente que los hermanos (sobre todo las hermanas), los abuelos y los nietos se citen todos los fines de semana en la casa de alguno. Aunque mi mujer es sevillana y tiene cuatro hermanas, nunca tuvimos una relación tan constante como sería normal en Sevilla, quizá por los diferentes intereses que tenemos. Donde muchos niños sevillanos ven a todos sus primos cada fin de semana, nuestras hijas tuvieron sólo visitas esporádicas. (Educacionlibre, Mensaje 226)

La intervención de los padres en la elección de las amistades de sus hijos

Dentro del homeschooling hay muchos padres que controlan muy directamente las relaciones de sus hijos. Ellos son los que las seleccionan, los que las aconsejan y desaconsejan, los que las propician y los que las prohíben. Algunas de las dificultades de socialización de los niños educados en casa provienen del veto que los padres ejercen sobre las relaciones de sus hijos.

Mis hijos por la tarde suelen salir a jugar a la placeta de delante de casa con bastantes niños que hay en el barrio. Pero la verdad, depende de qué niños vienen a buscarlos, no salen. Socializar de acuerdo, pero como padres tenemos el derecho y el deber de elegir mínimamente las amistades de nuestros hijos pequeños. Así lo vemos nosotros. Uno de los motivos de nuestra desescolarización, ha sido precisamente éste. (Educacionlibre, Mensaje 1419)

Otra fuente de amistades que no aprovechamos de la misma forma que las demás familias es la calle. Vivimos en una urbanización de casas adosadas donde los niños juegan en medio de la calle todos los días y pasan el día entero en la piscina de la comunidad durante todo el verano. Siempre nos daba un poco de reparo dejar que nuestras hijas fueran a la calle a la aventura todos los días; creo que esto se debe a que queríamos guiarles un poco en cuanto a la elección de amistades. (Educacionlibre, Mensaje 226)

En esa época no teníamos más niños cerca, y acudíamos con cierta frecuencia a los parques públicos para contactar con otros y disfrutar de los columpios. Ya a esa temprana edad pudimos contrastar diferencias educativas: abundaban niños que defendían sus propiedades (juguetes, lugares…) y trataban con hostilidad a otros. Sentíamos que no deseábamos ese tipo de socialización y que los niños aprenden por imitación los comportamientos. Era necesario procurar un ambiente con modelos más o menos adecuados.” (Crecer sin Escuela (RCSE), 1998, nº 4, p. 7)

Ahora de mayores, en un par de ocasiones les hemos puesto [a las hijas] en contacto con algunas chicas que asisten a nuestras clases y que tienen intereses similares.

De todas estas fuentes [clases de dibujo, música, danza, piano, ballet, baile regional y corte y confección] han escogido una cosecha de amistades muy buenas. Suelen ser jóvenes que les interesa la lectura y la música. Para fomentar actividades sanas, nosotros abrimos la casa todos los viernes por la tarde. Los amigos empiezan a llegar a las seis de la tarde cuando yo acabo mi última clase de academia. Les damos merienda, hacen juegos de mesa, charlan, tocan el piano, intercambian libros y chatean en Internet (…) Luego hasta ocho jóvenes se quedan para cenar y terminamos sobre las 10:30. Los sábados por la tarde mis hijas suelen ir a alguna actividad para jóvenes que organiza la iglesia evangélica [a la] que asistimos en Sevilla y los domingos vamos a la iglesia toda la familia. Así que, entre una cosa y otra, tienen contacto con gente de su edad casi todos los días. (Educacionlibre, Mensaje 226)

Las dudas sobre la necesidad de socializar a los niños

Hay incluso padres que se preguntan si resulta realmente necesario socializar a los menores. Piensan estos padres que la socialización es una cualidad innata al ser humano, y que, por lo tanto, no es necesario ejercitar. Argumentan los que así opinan que los diferentes grados de socialización de las personas son más bien fruto del carácter particular de cada individuo que de la práctica relacional que hayan desarrollado.

Me gustaría hablaros un poco de la no socialización, éste es un tema que a la mayoría de los padres les preocupa a la obra de no escolarizar, mi opinión es que dicha socialización ocurre queramos o no tarde o temprano porque somos millones de personas en el mundo y porque el ser humano es sociable por naturaleza, hace miles de años ya vivíamos en grupos, por lo tanto no hay nada que hacer ni aprender al respecto, más bien hay que respetar a que la decisión la tomen los niños cuando ellos quieran, en su momento saldrá espontánea. La socialización no se consigue juntando un rebaño de niños.

[…] la intimidad que nos da el estar a solas es uno de los mayores tesoros que tenemos, es la puerta que nos lleva hacia nuestro interior, el silencio y la meditación […]

Entonces quizá la socialización desde la infancia no sea tan necesaria sino más bien otro interés creado de esta sociedad. (Crecer sin Escuela (RCSE), 2005, nº 16, p. 10).

 [X], 3 años, es de carácter introvertido, al vivir un poco "aislados" lo típico que decía la gente al verle era "cuando vaya a la escuela ya se abrirá" o "claro, no habla porque como no está con niños", todo eso en algún momento llegó a hacernos dudar "¿tendrán razón?", ya que [X]no se relaciona con cualquiera, ni lo hace en cosa de minutos, como he dicho es de carácter introvertido. Cuando [Y], de 2 años, empezó a mostrar su carácter nos dimos cuenta que relacionarse, para los niños, no es mucho más diferente que para los mayores y que no todo es estar con niños, estar con personas, ... [Y] es extrovertida, lo opuesto a [X], le cuesta poco empezar a hablar o jugar con cualquiera que viene, aunque no es con todos igual. De la misma manera que nosotros, con algunas personas o niños conectan enseguida, con otros les cuesta pero conectan y con otros no conectan para nada. Creo que para ser sociable no es lo importante estar con niños o con mucha gente. Sé que algo tiene que ver el carácter y supongo que otras muchas cosas y factores que en este momento desconozco. (Educacionlibre, Mensaje 126)

La ausencia de problemas en la socialización de los jóvenes homeschoolers

Dentro de este colectivo también hay familias que dicen no encontrar ningún tipo dificultad en la relación de sus hijos con los de su edad.

[…] nuestra casa es un lugar abierto, donde se juntan entre 5 y 12 niñas y niños cada tarde para poner en marcha sus iniciativas, hacemos teatro, para lo que buscamos junt@s una acción que nos impulse, nos documentamos históricamente y después trabajamos los personajes, sus motivaciones, sus circunstancias de modo que podemos ponernos en su piel y empatizar con ell@s.” (Educacionlibre, Mensaje 534)

En cuanto a la socialización de la que tanto nos hablan es un mito. No vivimos en las cuevas, sino en pueblos y ciudades, tenemos familia, vecinos, amigos. Nuestros hijos salen a patinar o en bici junto con otros niños, son chicos como cualquier otro de su edad. Tienen sus amistades, niños escolarizados o no, y el grado de integración en la sociedad es muy profundo. Ninguno se fija en el tipo de enseñanza que reciben sus amigos porque son sus amigos y punto. Van a los cumpleaños, juegan, se divierten igual que todos los demás niños. La única diferencia es que no aprenden con una señora desconocida, sino con sus padres que les responden y les hacen reflexionar. (Alonso, I. 13 de abril de 2009, s.p.)

 “Vivo en un pueblo pequeño, de dos mil habitantes, y aunque mis hijos han de ir a la ciudad al menos cuatro días cada semana, por sus actividades extraescolares, que las hacen todas allí, el hecho de tener vecinos ha hecho que puedan salir afuera y se pongan a jugar con los niños del vecindario. Mis hijos nunca han tenido problemas para socializar, ni cuando vivíamos en Cataluña, ni en Extremadura, pero es cierto que nosotros siempre hemos tenido una actitud proactiva, pero relajada al mismo tiempo, y que nunca hemos vivido en una zona más aislada, siempre hemos vivido rodeados por vecinos.” (Foro de ALE. 1 de junio de 2010)

Las diferencias entre los niños educados en casa y los niños escolarizados

En el colectivo homeschooler hay padres que  son conscientes que los niños educados son diferentes a los niños escolarizados. En primer lugar, porque unos y otros no se relacionan con la misma frecuencia (los niños educados en casa pasan muchas menos horas con otros niños que los educados en la escuela), y, en segundo lugar, porque los niños homeschoolers están mucho tiempo en contacto con los adultos. Esto hace que terminen adoptando distintos modos y formas de conducta.

Los niños educados en casa por mucho que se disfracen con rastas, pendientes, pantalones por debajo de las caderas y demás parafernalia siguen teniendo dificultades a la hora de relacionarse, de integrarse con el resto de niños escolarizados, porque su socialización, su tipo de relación con los de su edad no ha tenido las mismas características que el de los niños escolarizados. El problema no está en la imagen que ellos reproducen, porque para presentar una imagen no necesitan relacionarse con los demás (en este sentido las posibilidades de ofrecer una imagen determinada son muchas), el problema está en que no viven la situación de los niños escolarizados.

Este problema de integración con el resto de niños escolarizados se produce cuando entran en la adolescencia, no antes. Para suplir este déficit las familias llevamos a nuestros hijos actividades extraescolares, que tienen la parte gratificante del recreo del colegio, la camaradería, pero es una cosa puntual, que no permite mucha relación. […]

Generalizando, podemos decir que los adolescentes educados en casa se asimilan visualmente al resto de adolescentes educados en la escuela, externamente uno no es capaz de distinguirlos, pero efectivamente no son iguales, porque son el resultado de otro modelo de formación y eso les confiere unas características que los hace diferentes a los demás. Eso es algo que hay que aceptar.  (Entrevista a Juan Carlos Vila. 4 de marzo de 2008)

Otro tema son las relaciones con otros adolescentes. Hasta ahora la verdad es que no se puede considerar problema, pero quizá si se hace más patente que antes, la dificultad para encontrar amigos afines. Los temas que les interesan a los demás, a menudo están influenciados por la televisión, y a muchos apenas se les ocurre algo más que jugar con el móvil, ir al líder o consumir alguna de las últimas películas de la cartelera fabricadas para ellos. A menudo nuestros hijos encuentran más fácil tratar con adultos. (Crecer sin Escuela (RCSE), 2003, nº 13, p. 5).

Conclusiones sobre la socialización

1. La escuela, en tanto que institución especializada en la instrucción educativa y en el entrenamiento de prácticas socializadoras, está tan sólidamente asentada y tan ampliamente extendida en nuestra sociedad, que resulta difícil admitir como válidas otras formas alternativas.

2. La socialización que se produce en la escuela es entendida por la mayor parte de la sociedad como emancipadora de la que tiene lugar en el ámbito familiar, al permitir el tránsito de la relación personal y afectiva a la impersonal y formal. Se atribuye, por otra parte, a este modelo de socialización una proyección colectiva favorecedora de la cohesión social, a través de la educación en valores como la solidaridad,  la integración y la cooperación. Los defensores de la educación en casa, por el contrario, califican el modelo socializador de la escuela de demagógico, al tiempo que lo encuentran portador de grandes carencias e importantes contradicciones. Estiman que la mayor de las paradojas que presenta el sistema escolar es la de prometer una educación valores y finalmente terminar transmitiendo antivalores como: “el individualismo, la competitividad y la insolidaridad, la igualdad formal de oportunidades y la desigualdad ‘natural’ de resultados en función de capacidades y esfuerzos individuales”, y es que la escuela se mueve en una contradicción permanente: la de pretender educar para la libertad y al mismo tiempo utilizar estrategias directivas que anulan cualquier tipo de autonomía.

3. Las familias homeschoolers creen que  socializar a los menores tiene muy poco que ver con reunir a un grupo de niños en un aula, privándolos de la necesaria relación con personas de diferentes edades (“socializar nunca puede ser estar en un espacio acotado con iguales bajo la supervisión de una autoridad”). Por otra parte la agrupación de los niños en la escuela no suele pasar de la simple reunión física de alumnos en una clase, ya que el método de trabajo puesto en práctica no facilita la interacción entre ellos e impide el trabajo cooperativo.

4. La no participación de los jóvenes escolarizados en las diferentes situaciones de la vida cotidiana, además de no favorecer una socialización integral, hace que los aprendizajes adquiridos carezcan de significatividad.

5. En positivo, los padres homeschoolers dicen ofrecer a sus hijos un modelo de socialización más completo y racional que el escolar, al permitir que los menores se relacionen con personas de distintas edades, en situaciones de la vida cotidiana y en base a relaciones positivas y de igualdad. Este modelo potencia la interacción de los niños con los adultos desde edades muy tempranas y en condiciones de horizontalidad.

6. Son muchos los padres que no llevan a sus hijos al colegio con el fin de no romper el vínculo de apego que han creado con ellos, convencidos de que la escolarización, sobre todo en edades tempranas, resulta negativa para el desarrollo personal y la socialización de los menores. Este vínculo de apego es, en ocasiones, tan fuerte que, cuando los niños alcanzan los seis o los ocho o incluso los doce años, y están en condiciones de acceder a la escuela, los padres deciden continuar educándolos en casa, temerosos de que el medio escolar pueda resultarles negativo y por entender también que no existe razón que justifique el cambio de modelo educativo, cuando el que están practicando les resulta positivo, tanto en lo educativo como en lo relacional.

7. En España, el fenómeno homeschooler es tan reciente que hay muy pocos adultos que hayan sido formados en casa, impidiendo hacer un balance del proceso formativo en el que han crecido. No obstante, a través de nuestros contactos personales y de las informaciones directas e indirectas que hemos recabado, las personas adultas que han sido educadas en casa en España se hallan perfectamente integradas en la sociedad y son personas responsables y comprometidas con el mundo en el que viven.

8. El diferente número de horas de convivencia entre pares en uno y otro colectivo hace que los esquemas mentales, las formas y las conductas de los niños integrados en estos dos contextos difieran enormemente. También influye el hecho de que los primeros pasen mucho tiempo en compañía de los adultos.