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Net.art 4.0
Introducción al concepto
de arte en red y sus principales tendencias
da5id

Introducción
Hasta hace poco tiempo, el término arte en internet (o net-art) se
consideraba simplemente hacer copias de obras pictóricas, digitalizarlas, y
lanzarlas al ciberespacio. De hecho, hasta el año pasado, una búsqueda con el
término net-art en Altavista reconducía sólo a grandes catálogos de arte
clásico, exhibiciones virtuales de grandes museos, u obras de nuevos artistas
que trabajan con medios tradicionales y escaneaban sus cuadros para darse a
conocer.
Una segunda lectura del término, algo más interesante, implicaría aquellos
artistas que utilizan el ordenador para componer sus obras. Así, además de una
herramienta para el diseño, programas como Photoshop, 3D Studio u otros podían
convertirse en instrumentos de arte. Es fácil contemplar estas dos primeras
concepciones en multitud de websites dedicados al almacenamiento masivo de
imágenes artísticas digitalizadas, tan típicas que hasta se alojan en
direcciones similares: art,
art
on the web o art
on net , esta última dedicada especialmente a
galerías dónde se puede adquirir arte.
Sin embargo, este tipo de arte no puede ser considerado aún net-art. Desde
luego, Internet favorece a los dos tipos de arte considerados hasta ahora, para
exponer las obras a un público mucho más amplio, pero lo cierto es que la Red
no es imprescindible para ellos. Las obras generadas mediante Photoshop pueden
grabarse en un CD, sin que Internet sea imprescindible para el visionado. De
hecho, una parte importante del arte digital que actualmente se encuentra en el
ciberespacio, es también localizable en CD-ROMs que pueden adquirirse a la
manera clásica, en tiendas, de forma que se puede contemplar sin estar
conectado. Así, el uso de plug-ins como shockwave para poder cargar desde la
red programas en Director (probablemente el programa más popular actualmente
para crear CD-ROMs interactivos) no es por sí mismo, una forma de net-art,
aunque amplía en mucho el concepto tradicional de arte, ya que permite un nivel
muy alto de interactividad con el usuario, y facilita la creación por parte del
mismo usuario, de obras de arte personalizadas.
El ejemplo más claro es un proyecto de novela
interactiva desarrollada desde la universidad de
Pensilvania. Entre los clásicos, está sin duda la página de la celebérrima
artista Laurie Anderson, The
Green Room. También vale la pena visitar los diseños
del grupo backspace ,
que también son autores de la famosa página para levi's
y la obra interactiva de Paul Marquardt.
De todas formas, el Net-art es (o debería ser) algo más: un
principio básico de la estética consiste en la interacción clara entre forma
y contenido. Cuanto más compenetrados estén entre sí, más creativa y
sugerente será una obra de arte. Así, el material pictórico obliga a
estructurar la forma siguiendo unos patrones determinados. Esos patrones
deberían ser diferentes para otros materiales. Por ejemplo, no tiene sentido
usar un ordenador para imitar el estilo de la pintura al óleo. Para ello ya
existe la pintura al óleo.
Lo mismo sucede con el net-art. Aunque sin duda está bien utilizar la Red para
dar a conocer nuestras obras, el uso de Internet no debería pararse ahí. Ni
tampoco se acaba todo en el shockwave. La idea es: hagamos un tipo de arte, el
net-art, que utilice al máximo las prestaciones de la Red y que no tenga
sentido fuera de ésta.
Afortunadamente, unos cuantos artistas han hecho suya esta idea y han empezado a
trabajar sobre este concepto. Actualmente, existen cientos de artistas que
elaboran ceros y unos para darnos sensaciones. Aunque las clasificaciones son
siempre tramposas y, en el fondo, enmascaran la realidad, nos ha parecido
interesante agrupar en las siguientes escuelas, las principales manifestaciones
de net-art.
Oriente: La Red del Yo Colectivo.
Una primera línea de demarcación podría ser las diferencias filosóficas
entre Oriente y Occidente. Según el artista japonés Shin-Ichi Takemura,
Occidente se ha caracterizado por un concepto del yo terriblemente
individualista, mientras que Oriente se define más bien por una fuerte tendencia
al yo colectivo. El resultado, a nivel concreto del net-art, es que las obras
orientales explotan sobre todo la idea del ciberespacio como espacio colectivo
en el que las voluntades se funden. En palabras de propio Takemura: "Multimedia
no es una cuestión de tecnología, sino de cómo experimentamos el mundo. Es
una cuestión de cómo diseñar las comunicaciones con los demás en nuestro
ambiente. Es una cuestión de la creación de un patrón de información, que se
edita a través de nuestras interacciones".
En esta línea de hacer arte, el concepto clave es el de sensorio: Internet
como un espacio sensitivo común en el que se transmite, recibe y transduce la
información. Así, tenemos websites en los que el número de conectados a
Internet se traduce a gráficos; el calor de la tierra medido por un satélite
se transforma en sonido... Las posibilidades son ilimitadas. Un ejemplo
excelente de este concepto es la página del proyecto sensorium
del propio Takemura. De hecho, Takemura y sus colaboradores, gracias a
sensorium, ganaron el año pasado el premio de net-art del festival Ars
Electronica de Linz (Austria), actualmente el premio más prestigioso de
net-art.
De todas formas, no sólo Oriente se siente cómodo dentro de
este concepto. En nuestro estilo de vida occidental destaca sin duda un artista
como el australiano Stelarc, obsesionado por la idea del control del todo sobre
el individuo, y de la mezcla entre lo biológico y lo tecnológico. Stellarc dio
el salto al sensorio colectivo cuando se conectó unos electrodos a sus
músculos que le hacían moverse espontáneamente. En un primer asalto,
voluntarios controlaban los extraños movimientos de Stellarc mediante
joysticks, pero poco después dio un paso conceptual importante: conectó los
electrodos al ciberespacio y permitió que los diferentes niveles de conexión
en diversas zonas mundiales fueran los activadores o inhibidores de movimientos.
Stellarc se convierte en esos momentos de performance en una especie de interface
humana que representa la Web: Occidente y Oriente se encuentran en el individuo
que representa la Red.
El mismo Stellarc ha anunciado un siguiente proyecto de instalarse una tercera
oreja artificial, y sus pasos son también seguidos por gente como Eduardo Kac,
que el pasado noviembre se instaló un dispositivo detector en su propio cuerpo
mediante cirugía. También podemos citar, en esta breve sección de
tecno-masoquismo, a Orlan, la artista que reconfigura su cara en complejas
operaciones quirúrgicas para parecer una mezcla de estilos clásicos de
pintura.
El CD-ROM virtual
Entrando ya de pleno en el mundo occidental, podríamos comentar en primer
lugar la línea menos arriesgada y neutra. En síntesis, se trata de traducir el
CD-ROM artístico a HTML. Aprovechando las similitudes de la navegación en un
CD-ROM y en Internet, muchos artistas que ya trabajaban en esta primera línea,
han encontrado relativamente fácil pasar de un medio al otro. Los resultados a
veces son pobres, pero en otros momentos llegan a niveles francamente elevados
de emoción y originalidad. El lector o lectora pueden repasar las direcciones
que ofrecimos al hablar de shockwave, pero también le recomendamos buena parte
de las obras contenidas en el directorio de artistas del colectivo español connect-arte
y, especialmente, la obra anónima superbad.
Hacker-art
La misma idea de navegación sin rumbo fijo es usada por otros artistas, pero
que añaden además cierto contenido social a su obra. Desde estas páginas web,
se intenta reflexionar sobre los usos y abusos de la tecnología. Sin embargo,
no se trata de la denuncia al uso, o de un texto reflexivo sobre las relaciones
hombre-máquina, sino de un juego básicamente irónico que al final de tu
navegación te deja siempre un sabor de incertidumbre y consigue plantear una
semilla de duda en tu inconsciente.
Sin duda, los autores más representativos en esta línea son el belga Dirk
Paesmans y la holandesa Joan Heemskerk, más conocidos por el sobrenombre de JODI.
En este complejo website, se juega con el neo-primitivismo tecnológico:
monitores de fósforo verde, pantallas de juegos de ordenador de los primeros
ochenta distorsionadas o viejas consignas hackers. Al mismo tiempo, Jodi juega
con clásicos "peligros" de Internet: el virus goodtimes o la
misteriosa jerga de los hackers.
Mucho más agresivo es el artista conceptual Heath Bunting, que desde irational
lanza extrañas campañas que siempre consiguen inquietarnos y divertirnos a la
vez. Heath Bunting ha hecho "terrorismo cultural" desde Internet a
supermercados ingleses, creado sites falsos en los que supuestamente se podía
espiar a la policía, o hasta ha creado listas de correo dedicadas a net-art que
resultaban ser un timo.
También podemos mencionar a Etoy
que combinan el mercantilismo, que aunque no sea muy sincero no por ello es
menos chocante en un artista, la imagen ciberpunk y la crítica irónica de las
nuevas tecnologías. Su proyecto más conocido es sin duda el del
"Secuestro digital": el ingenuo navegante hacía una búsqueda en Yahoo,
Altavista, etc. con descripciones como "las mejores fotos porno",
"las mejores fotos de madonna", "Los mejores programas
shareware" y aterrizaba en el website de etoy, lleno de diseños
originales. La parte más interesante del experimento es que el usuario no
podía salir de la página, ni los botones de navegación funcionaban, ni el
"open location" nos conducía a ningún otro sitio. Etoy había tomado
posesión de nuestro browser y sólo podíamos navegar dónde ellos querían.
La sorpresa, la ironía, como forma no discursiva de crear la reflexión es una
constante de esta forma de arte hackeril. Un ejemplo claro es XXX:
a primera vista parece un simple website porno, de lo más casposo, que nos
ofrece algunas imágenes gratis con la esperanza de que dejemos dinero al no
poder resistir la tentación. Sin embargo, según vamos navegando, veremos un
misterioso link anunciándonos un "text-only version". Si lo
activamos, llegaremos a una versión de la misma página, pero en esta, *todos*
los gráficos han sido reconvertidos a ascii-art. El resultado es francamente
curioso y también sugerente.
Finalmente, nos gustaría mencionar también al grupo gomi
corporation , que en su proyecto o cangaço
do santo phile, crean una fascinante mezcla entre ciberpunk, crítica
de la tecnología, magia, vudú y sectas, en la que se combina de forma
indisociable realidad y ficción.
Cuerpos en la Red.
La identidad es un tema clave en Internet. En los inicios de este medio, un
inocente chiste tuvo una influencia enorme: Una viñeta mostraba dos perros
delante de una terminal. Uno de ellos, mientras teclea con sus pezuñas, le
comenta al otro: "En internet, nadie sabe que eres un perro". La
paradoja empezó primero de forma práctica, con hombres que fingían ser
mujeres, mujeres que fingían ser hombres, programas de ordenador que fingían
ser humanos... Los artistas rápidamente sacaron provecho de este tema.
Una primera línea de ataque fue el ciberfeminismo: reinventar la presencia de
la mujer en la Red mediante la creación de identidades virtuales. La artista
más rompedora y significativa de este movimiento es Margarete Jahrman, más
conocida por su sobrenombre de superfem, de la que destacaríamos su provecto de
los superfem
avatars , que es un mundo en VRML. Para ver otras
formas de net-art de Superfem se puede ir al directorio raíz.
Una interesante revisión de su trabajo en castellano puede visitarse en Global
Drome.
Otro autor interesante es Mike Stubbs, que siempre ha tenido el problema de la
suplantación de la identidad como uno de sus principios guías. Puede verse una
version castellana de su obra Faking It (Fingiéndolo) en Global
Drome, junto al artista finlandés Tapio Mäkela.
De todas formas, el artista de las suplantaciones es el ya mencionado Heath
Bunting, especialista en el "prank-art" (arte bromista): Heath puede
hacerse pasar por un consumidor de porno; el encargado de una exhibición
virtual, un abogado superlegalista, una ingenua artista de net-art japonesa y
casi cualquier otra cosa para confundir, enfadar, divertir y a fin de cuentas,
hacer pensar a los navegantes que confiadamente paseamos por el ciberespacio.
En su website
se pueden consultar sus "mejores momentos". Advertencia: es una
página en continuo cambio y nada es lo que parece ser.
Fuera de estas líneas, existen autores difícilmente clasificables en ninguna
de éstas. El mismo Stellarc estaría en una tierra de nadie entre el sensorio,
la identidad personal y el hack-art.
Otros autores, como Jodi, entran sólo parcialmente en la línea de revisión
irónica de la cibercultura, pues buena parte de su tra bajo puede contemplarse
como simple placer estético, en el sentido del arte del reciclaje de los
setenta, y casi lo mismo podríamos decir de cualquier autor realmente
significativo.
El net-art está en sus inicios y sólo estamos contemplando las primeras
tentativas. Sin duda su potencial está por expandir y nos esperan aún muchas
sorpresas, según la tecnología y la creatividad se influyan mutuamente.
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