El movimiento fuera de las páginas Web continuó en 1998, mientras el
software, el terrorismo, la radio, y la incipiente institucionalización del
net.art se convertían en los puntos calientes de la investigación. Las
páginas Web, si esperaban conseguir alguna atención en este clima, bajo la
presión del aumento al que se vieron sometidas ese año llegaron a incluir
contenidos altamente volátiles -como la revista electrónica Biotech Hobbyist
de Heath Bunting y Natalie Jeremijenko, que ofrecía instrucciones de cómo
clonar piel humana en casa, por ejemplo- o incluso a superarlos. El artista
neoyorkino Mark Napier, por ejemplo, realizó dos piezas interesantes que
destruyen y desfiguran respectivamente los objetos HTML. Sus Digital Landfill
(www.potatoland.org/landfill) y Shredder (www.potatoland.org/shredder) utilizan
los componentes de cualquier página Web y desde su código los reconfigura en
un nuevo diseño (Shredder) o les añade una serie de nuevos componentes de
otras páginas (Landfill). Estos trabajos son dinámicos y divertidos, un poco
como muñecas voodoo para Websites: introduzca una URL y mire como se transforma
el sitio elegido.
En 1998, el colectivo británico Mongrel versionó un producto de shoftware
gratuito llamado Heritage Gold (www.mongrel.org/uk/heritagegold). Partiendo del
editor de imágenes Adobe Photoshop, Heritage Gold sustituye sus herramientas y
comandos convencionales ("Enlarge" (agrande), "Flatten"
(aplane)) por términos impregnados de carga racial y clasista ("Defina la
casta", "pegue en la piel del anfitrión", "Rote la vista
del mundo"). Graham Harwood, un miembro de Mongrel describe así las
habilidades de esta pieza: "puedes inventar una nueva familia ... puedes
hacer inmigración, repatriación". Los menús del programa permiten a los
usuarios añadir, modificar, o reducir los niveles e inflexiones de las
características de cada raza en sus propias imágenes, desde chinos a
africanos, indios del este a caucasianos. La meta-belleza de Heritage Gold es su
sinceridad como una herramienta de software implicada socialmente. Muy pocos de
los instrumentos y materiales -incluyendo el software y los ordenadores- que
trabajamos de manera cotidiana son explorados para revelar las líneas por las
que reproducen, apoyan, o simplemente permiten la opresión social o las
relaciones económicas.
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