ASUSTADORES

CRIOLLOS

[Actualizado a 11/4/2003.
Entrada mejorada:
el Ucumar].

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Apagado el fulgor de trabucos y explosiones, primero de la Conquista y luego de la Independencia, prosigue el combate, si terrible siempre hermoso, del amor: labios que buscaban labios, blancos, negros o indígenas, y en ellos deslizaban, junto con su deseo, viejos mitos y consejas. Como la saliva confusa, pronto brotaron de ese encuentro colores, consejas y mitos que no podían resolverse en una simple suma o adición de elementos previos: surge así un modo nuevo, recién amasado, de ocupar el medio, real e imaginario, al que llamamos criollo.

Dentro de esta nueva camada de espectros, podemos distinguir dos grupos: los espantos transfronterizos que han resultado, como suele serlo el pueblo, viajeros por ríos y cordilleras: por ejemplo, La Llorona, cuyos sollozos son conocidos de Texas a Argentina; por otro, los espantos locales, unidos a una tierra y muy remisos a dejarla: así, los muchos espantos colombianos o los de ciudades como Lima y Santiago.


Espantos viajeros

El Cadejo


Carlos Loarca, El Cadejo Encorralado

El Sombrerón

La Llorona

En México: De niña en México, D.F., nos asustaban con ella... Hay variantes, pero el cuerpo de la historia tiene que ver con una mujer que ahogó a sus hijos y después se suicidó.  Por la noche sale a buscar a sus críos siguiendo el curso de los rios y llorando y aullando y se le oye decir «¡Ay, mis hijooooos!...». También hay canciones que indirectamente mencionan el tema como aquella de ¡Ay, llorona, llorona del alma mía!... [Monique J. Lemaitre].

Dicen que al norte de México, en el Estado de Chihuahua, en determinado tramo de la carretera solitaria, a veces se sube la Llorona a los pesados camiones que transportan mercancías, y durante grandes tramos, se escucha el lastimero quejido de este pavoroso espectro que dicen se aferra a las lonas y sogas de los transportes.

A todo lo largo y lo ancho de México, se cuentan historias diferentes de la Llorona, y en muchas ciudades añosas, por callejones de piso empedrado y sumamente arbolados, se escucha, sobre todo por estas fechas, los tristes lamentos de ese espectro.

Una versión pone en relación el espanto con un personaje histórico singular:  cuando los españoles llegaron a conquistar México, fue pieza clave una mujer llamada La Malinche: ella, como era princesa india, su educación le permitía hablar varios idiomas y dialectos, y le fue regalada a
Hernán Cortés, el conquistador. Él la tomó como amante favorita ya que le era de mucha utilidad, y después de largo tiempo la abandonó al regresar a España, tuvieron un hijo,y en México dio origen al mestizaje, pero esa es otra historia. Dicen que los indígenas la tenían por traidora a su raza, ya que por su culpa murieron miles y miles. Es así que se dice que el grito de la Llorona es Aaaaayyyyy  miiiis hiiiijoooos, esto es que el alma en pena de La Malinche, vaga por una eternidad llorando por la actual raza mexicana nacida del mestizaje, ya que ella ayudó a Hernán Cortés el español.

Una versión distinta asegura lo siguiente: se  dice que una  dama nacida de madre india y padre español, o sea una mestiza, era amante de un caballero español. Tenían dos criaturitas, ella lo amaba con veneración, y aunque el también la quería, decidió hacer un matrimonio por conveniencia con una mujer española. La mestiza, llena de celos, y para vengarse del amante, asesinó a sus hijitos, habiendo sido condenada por este acto tan terrible, a morir por "el garrote vil" ( torniquete que aplicaban a la nuca del condenado hasta matarlo). Dice la leyenda que mientras ella era martirizada de esa manera, sus gritos espeluznantes se escuchaban por toda la ciudad... Lloraba por sus niñitos gritando el consabido Aaaayyyy miiiiis iiiijoooos.[Hermelinda Noriega, contribución a memoria].

En Colombia: Aparece como una mujer vestida con una túnica raída y sucia, de rostro cadavérico, ojos rojos por el llanto, greñuda y con un niño muerto en sus brazos. Las noches de plenilunio asusta en las quebradas y riberas de los ríos con su llanto desgarrador y macabro y hasta se aparece en los pueblos apartados de la cordillera andina. En medio de sus lloriqueos se le oye gemir: «aquí lo eché, aquí lo eché, ¿donde lo encontraré?», reprochándose su infanticidio.

Los antioqueños y caldenses creen también en la Llorona que se distingue por sus lloriqueos angustiantes y profundos, y por sus gritos. (Ocampo López 1966: 183-6).

Agustín Jaramillo describe así la leyenda tal como se encuentra en Antioquia: Érase que se era una mulatica quinceañera despabilada y sabrosona ella... Habiendo tenido un hijo por artes conocidas de todo aquel que las supiere y no sabiendo que camino tomar para no desmerecer ante los ojos de los suyos, decidió ahogar la criaturita una noche de luna. Llegó a la orilla del río y, en un remanso, dejó caer al inocente hijo. Víctima de su remordimiento regresó a poco rato a buscar al hijo de sus entrañas. Y como loca recorría las orillas del río tratando en vano de encontrarlo. Desde entonces en las noches de luna se oye la voz de la llorona que grita y se lamenta buscando afanosamente a su hijo mientras dice: Aquí lo eché, aquí lo eché... ¿en dónde lo encontraré?

Es conocida también con otros nombres: la María Pardo o la Turumana y aún con diferentes apariencias, hasta gustadora de fumar tabaco y escuchar música de guitarras. Se ensaña sobre todo con los borrachos adúlteros o jugadores [Argemiro Vélez].

La Llorona es un espíritu en pena que busca a su hijo. Se afirma que fue una mujer que perdió su único hijo, y esto la enloqueció. En su dolor culpó a Dios de su pena y fue maldita por los viejos del pueblo. Nunca dejó de llorarlo. Y después de muerta, su espíritu sale por las noches y lanza su llanto quejumbroso, hasta los siglos de los siglos (Valencia Salgado 1987).

Por el lado del cementerio de Yotoco se oía una muchacha —pero, se veía que era una muchacha—; unos lamentos. Luego de ese camino, como una cuadra, otros lamentos. Llegó a la panaderia y luego de eso bajó para abajo,
lamentándose, que no se sabía eso qué quería decir. Dije yo entre sí: algún
niño que se le haya muerto. Al frente de la casita volvió a lamentarse y
entonces yo corrí y abrí la puerta. Cuando abrí la puerta ella que pasa y le
digo yo:

- Vea ¿quesque le pasa?

No me contestó nada ni me dejó ver la cara. Yo le noté, lo único que le noté
era que no iba por el suelo, y las zanquitas eran delgaditas. La vi como por
el aire, como a esta altura: una cuarta de alto. Pero a mí no me dio miedo.
A mí no me da miedo nada.

Probablemente fue algún crimen que hizo y se quedó penando.

(Contado por Manuel Santos, 105 años, en el Primer Encuentro Regional de
Contadores de Historias y Leyendas, Buga, Colombia. Tomado de Memorias de tres encuentros, Instituto andino de artes populares del Convenio Andrés
Bello, Quito, 1990).

En Argentina:

Fantasma del Sur de la Provincia de Buenos Aires, cuya leyenda es una derivación de la de la Viuda. Mujer vestida enteramente de blanco, sin cara y por lo general también sin pies, que se desplaza sobre la tierra sin tocarla. Anda siempre gimiendo en la noche, y de ahí su nombre. Su llanto anuncia desgracia. A veces se acerca a una casa, llevando la enfermedad a los sanos y la muerte a los enfermos. Suele cargar con los que encuentra en su camino, para quitarles la vida o enfermarlos. alzando la cruz del cuchillo o un crucifijo de plata se la hace retroceder. Los perros se enloquecen cuando la oyen gemir.

Esta es su caracterización específica. Como derivación de la leyenda de la
Viuda, hay versiones que dicen que implora ayuda y piedad, y que cuando un
comedido se acerca a socorrerla, le saca todo lo que lleva encima, incluso
la ropa. Deja de ser entonces un heraldo de la muerte y la enfermedad, para
convertirse en salteadora. [Colombres 1986].

Escribe a memoria José Alberto Alberico: al sur-este de la Provincia de Córdoba, en el centro del país, si bien no es una leyenda muy popular he tenido la oportunidad de escuchar alguna que otra versión sobre ella. Sin perder las características fundamentales del argumento, según se
repite en otras partes del globo, la variante está en que dicho personaje no se le aparece a nadie por ningún hecho en especial, sino que recorre los lugares donde "anduvo" su hijo, ahora muerto,  y llora del modo en que se describe en las otras oportunidades. Otra variante es que esta mujer se hubo convertido en pájaro y, por lo tanto, el sonido que este emite hace pensar que "la llorona" anda rondando, nuevamente lamentándose por su/s hijo/s, especialmente cuando se lo escucha de noche.

La figura está también atestiguada en Venezuela [Izard], donde se la identifica con la Sayona [Domingo Sánchez]. Cf. en Ecuador el Llorón (Güillanguille).

La Mano Peluda

Localizada en México y Colombia. Común en los subterráneos de las casas. Es una mano grande y velluda de uñas grandes que se asoma por las ventanas o los huecos de los muros. Sirve para infundir temor a los niños traviesos, malcriados y callejeros. En México se cree que llega por las noches y te toca mientras duermes.

Bibliografía sobre el Cadejo

Asturias, Miguel Ángel (1985): Leyendas de Guatemala, Navarra: Salvat.
 

Bibliografía sobre la Llorona

Anaya, Rudolfo (1992): «La Llorona, El Kookooee, and Sexuality», Bilingual Review/Reviste Bilingüe 17 (January/April), Arizona State University.

Arora, Shirley (1997): "La Llorona", en Michael S. Werner ed.: Encyclopedia of Mexico: History, Society and Culture, Chicago y Londres: Fitzroy Dearborn.

Colombres, Adolfo (1986): Seres sobrenaturales de la cultura popular Argentina,
Biblioteca de Cultura Popular /1, Buenos Aires: Ediciones del Sol, 203 p.
Ilustraciones de Ricardo Deambrosi.

Izard, Gabriel:  "La religiosidad popular afrovenezolana" http://www.nodo50.ix.apc.org/SODEPAZ/21art8.htm

Jaramillo, Agustín Londoño (1988): El testamento del Paisa, Medellín: Susaeta Ediciones.

Kraul, Edward Garcia y Judith Beatty (1988): Encounters with La Llorona, Santa Fe: Word Process.
 

Asustadores locales

Espantos portorriqueños Espantos panameños Espantos salvadoreños Espantos hondureños Espantos ecuatorianos Espantos venezolanos Espantos guatemaltecos Espantos costarricenses Espantos dominicanos Espantos bolivianos Espantos chilotas Espantos mexicanos Espantos colombianos Espantos brasileños Espantos criollos de la costa norte peruana Espantos chilenos Espantos de la ciudad de Lima Espantos de la Pampa Espantos de la provincia de Santiago (Argentina)

Espantos portorriqueños

Don Pancho

Gulén Gulén Bo

Espantos panameños

La Sierpe

La Tulivieja

 Bibliografía sobre espantos panameños

Miranda, Beatriz, viuda de Cabal (1972): «La sierpe», en Narraciones hispanoamericanas de tradición oral, Madrid: Editorial Magisterio Español, pp. 153-7.
 

Espantos salvadoreños

El Cipitío

Espantos hondureños

El Embrión

El Sacerdote Aparecido

La Carreta de los Ajusticiados

La Chancha que acometía a la gente

La Desaparecida

La Siguanabana

La Sirena

Bibliografía sobre espantos hondureños

Raudales, Zonia (1972): «Algunas leyendas y tradiciones de Comayaguela», en Narraciones hispanoamericanas de tradición oral. Antología, Madrid: Editorial Magisterio Español, pp. 208-22.
 
 

Espantos ecuatorianos

 

Demonios del Bosque

El Cuco

El Duende

        Y todos quedaron conformes.

El Fantasma del Hidalgo

El Güillanguille